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Cultura & tecnología

La música del error (digital)

Celebramos el 20 aniversario del disco que nos hizo escuchar el sonido del propio disco, en lugar de la canción, inaugurando la era del glitch. Nuestra era.

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Markus Popp | Oval

Markus Popp | Oval

Hace veinte años se publicó 94 Diskont, el cuarto álbum del grupo electrónico alemán Oval (Markus Popp, Sebastian Oschatz y Frank Metzger). 94 Diskont explotaba los errores que pueden escucharse en un CD defectuoso; ruidos o saltos productos de suciedades, raspaduras, obsolescencia de CD's mal fabricados. Eran un soporte muy reciente, por otra parte. Se abría con ello, no solo un cuasi-género como el glitch, sino una nueva forma de pensar el sonido, una forma de pensar digital e imprevisible. Lo que hizo Oval -escuchar no tanto la música en el CD sino al mismo CD- influye hoy en todo tipo de músicas, más o menos experimentales, más o menos pop, más o menos musicales.

El error siempre ha sido un ingrediente esencial para la evolución de las artes, sobre todo cuando aparece una nueva tecnología. Por lo general, cada nueva tecnología trata de emular el arte anterior, basado en las tecnologías previas. La fotografía trató de ser pintura, el cine de parecer teatro, la guitarra eléctrica se tocaba como una guitarra acústica y los sintetizadores trataban de interpretar a Bach. De hecho y cuando nació, el vídeo no perseguía otra cosa que ser cine (o grabaciones en falso directo de programas televisivos).

Lo interesante empieza cuando la maquina falla o hace algo no previsto. Y de esa manera revela su verdadero potencial, su personalidad. La técnica de solarización en fotografía, probablemente la primera de las puramente fotográficas, fue descubierta como consecuencia de sobre-exposiciones excesivas. En los años 60 del siglo pasado, los fabricantes de amplificadores de guitarras estaban a punto de eliminar de sus productos la posibilidad de acople cuando nuevos guitarristas como Jimi Hendrix convertirían ese defecto en elemento esencial de su sonido. Lo mismo sucedió cuando los teclistas comprobaron que muchos de los sonidos que generaban sus sintetizadores mientras eran programados, resultaban más interesantes que los violines que trataban de imitar.

Lo mismo vale para las interferencias magnéticas y cambios bruscos en los patrones de color que pueden sufrir tanto la TV como el Video, rápidamente explotadas por Nam June Paik, uno de los inventores de un video-arte que ya no era una película. Estos errores, que revelaban de personalidad de la máquina son hoy en día lugares comunes en cualquier tipo de arte, incluso en terrenos comerciales.

John Cage y Merce Cunningham. Variations (1966)

John Cage y Merce Cunningham. Variations (1966)

John Cage & herederos

94 Diskont comenzó de forma casi puramente intuitiva y física. Arañando los CD's, pintándolos con gotas de laca de uña, pegándoles celofán. Cabría esperar de ello una cacofonía más bien desagradable, pero 94 Diskont resultaba un disco en lo absoluto chirriante, sino una forma diferente de música ambiental. Extraña, pero tampoco dura.

94 Diskont es el cuarto álbum del grupo electrónico alemán Oval

Oval tampoco surgían de la nada. Al menos desde John Cage y su valoración de azar, como de lo que se llamó minimalismo americano (Steve Reich, Lamonte Young, Tony Conrad, Philip Glass o Dennis Johnson) el discurso tradicional de la música había saltado por los aires. La repetición, el accidente, la puesta en marcha de procesos que el artista solo controlaría en parte, eran técnicas que se irían imponiendo y generalizando. Como en el cine se habían impuesto nuevos recursos como los flash-back, casi impensables en el teatro.

En música, esto de la manipulación del soporte tenía precedente cercanos. Christian Marclay ya había cortado gajos de elepés para luego pegarlos en plan aleatorios y dejarlos sonar en un tocadiscos. Philip Jeck realiza verdaderos conciertos con decenas de tocadiscos baratos y vinilos preparados un poco como los CD's en 94 Diskont. People Like Us (Vicki Bennett) lleva mucho tiempo realizando mezclas abruptas, tanto física como conceptualmente en sus sesiones como DJ que ahora ha trasladado también a la imagen.

Por otra parte y hablando de azar, Brian Eno no solo lo había utilizado para componer Discreet Music (1975), sino que por esas fechas usaba un programa digital llamado Koan que, cargado con samples y estableciendo unos parámetro producía música autogenerada. Por su parte Reed Ghazala y Nicholas Collins hacían algo parecido dentro de la electrónica analógica mediante su circuit bending.

En cuanto a los CD's, el músico y artista japones, Yasunao Tone ya venía trabajando en sus conciertos con CD's heridos, trabajos publicados en 1993 como Musica Iconologos y en 1997 como Solo for Wounded CD. Pero lo de Tone era casi puramente experimental, cualquier cosa menos agradable y por lo tanto reducido a un núcleo de conocedores, quizá influyente pero de audiencia directa bastante reducida. Sin embargo Oval publicaba en Mille Plateaux, un sello alemán (en memoria de Giles Deleuze) con una vocación nada académica, sino tan abierta a una nueva experimentación como a la música electrónica de baile en el sello Force Inc. Que no se dirigiera a enormes masas no impedía que sus discos se pudieran vender bastante. Lo suficiente para mantenerse a un nivel de subsistencia decente y seguir produciendo. Hasta que la quiebra de una gran distribuidora independiente lo hizo zozobrar. Junto muchos otros sellos de este tipo.

glitch, clicks and cuts, etc

La música creada por artistas de Mille Plateaux o del sello austriaco Mego pasó a llamarse glitch o clicks and cuts. Y se fue comprobando que, en efecto: aunque minoritaria no era música dirigida de entrada a un nicho autofágico, sino a una nueva generación de oyentes. Quienes habían crecido bailando todo tipo de sonidos sintéticos a volúmenes considerables y en situaciones sensibilizadas. Un disco que hacía un extenso uso de la idea del glitch, como Endless Summer (2001) de Christian Fennesz vendió más de 50.000 copias en su lanzamiento original, que hoy en día serán bastantes más.

Las manipulaciones del CD físico insinuaban una estética digital que habría de ser rápidamente aprovechada frente a la pantalla del mismo ordenador. Ni siquiera hace falta un CD, hay Youtubes y hay programas. Una estética que durante estos veinte años ha influido en reinos como como el hip-hop en ejemplos como el de Flying Lotus en All The Secrets (2012) o en el pop hiperreal de Vaporwave o PC Music.

Con todo, la verdadera herencia de 94 Diskont y sus compañeros no se limita a quienes la utilizan de forma aparente. Hoy muchas de sus técnicas de corte, de sus sonidos amputados, de su deformación de fuentes sonoras, de su utilización del proceso digital aparecen incluso en anuncios comerciales. Conservando de todas formas, algo de su inestabilidad básica, de su imposibilidad de ofrecer certezas, de resultar vagamente inadmisible. The Politics of Digital Audio, que decía un título de Oval.

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