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ANÁLISIS

Camps, el President del esperpento

El expresidente de la Generalitat apareció en barca en la revista femenina Telva en la que era su primera entrevista tras su juicio

La obra teatral 'Corrüptia' caricaturizó en una metáfora a un expresidente víctima de sus pasiones y de su ego, acosado por la corrupción

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El juez del caso Nóos cita a Camps y Barberá el 16 de noviembre en Valencia

Camps mantiene su escaño como diputado en las Corts

El ex President de la Generalitat, Francisco Camps, ha puesto en cuestión el título de ‘Molt Honorable’ que lleva el cargo, especialmente desde que dimitió para ser juzgado por presunta corrupción dentro del caso Gürtel.

El último capítulo que ha protagonizado Camps ha sido su “paradero desconocido” este fin de semana después de que el juez José Castro, que instruye otro caso de corrupción, el caso Nóos, se desplazo de Palma de Mallorca a Valencia para interrogar tanto al ex President como a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. De la segunda obtuvo su declaración en persona. El primero, pese a tener la prerrogativa de poder declarar por escrito, no fue encontrado por la policía.

El resultado: declaración pospuesta. Camps envió por fax su petición de declarar por escrito, lo hizo desde la sede del Consell Jurídic Consultiu del que forma parte facilitando un número de móvil, y allí fue la policía, no lo encontró, también fue a su casa una vez, y el mismo resultado, llamadas telefónicas, pero no hubo contacto. Desde el sábado se tuvo conocimiento de esta dificultad, y Camps no dio señales de vida hasta que el juez regresó a Palma el domingo.

Pero esta no es la única vez que la ausencia de Camps lo convierte el protagonista. La más sonada es su reiterada falta de asistencia a su escaño en las Corts Valencianes, especialmente durante el tiempo durante el que fue juzgado, después de dimitir como President en julio de 2011 (dos meses después de renovar su mayoría absoluta) dejó el cargo pero no el escaño, bueno, lo dejó vacío, hasta febrero de 2012, cuando se reincorporó después de ser declarado “no culpable” por el tribunal popular. Tras este periodo las ausencias de Camps en los plenos de las Corts suelen ser objeto de las chanzas de la oposición para cargar contra la falta de liderazgo de Alberto Fabra dentro del PP.

Camps, pescador en La Albufera

Uno de los momentos que más polémica levantó fue la entrevista concedida a la revista femenina Telva, la primera que concedió tras su proceso judicial. La entrevista se ilustraba con fotografías el ex President ‘perchando’ en una barca en la Albufera de Valencia, en una imagen al más puro estilo ‘Cañas y barro’. Entre sus delaracions más altisonantes Camps dijo que “estoy más preparado que nunca para ser presidente de la Generalitat o del Gobierno”

Pero Camps también ha sido el objeto de comentario por sus actos. Así cabe recordar que durante su juicio apareció mostrando ostensiblemente el libro ‘Traición de sus amigos al Santo Job’, lo que no gustó en diversos sectores del PP porque fue leído en clave de crítica interna y de reproche a quienes no le dieron su apoyo en público.

Durante su periodo de presidencia también fue muy criticado por la escena en la que apareció conduciendo un Ferrari plateado por el circuito de Cheste, junto a Rita Barberá y también con Fernando Alonso, recientemente fichado por la escudería. Otro acto que causó bochorno entre los vecinos fue la inauguración que hizo del hospital de Ontinyent en 2011, mejor dicho, la inauguración de una maqueta de un hospital que era una promesa electoral cuatro años antes.

Entre sus declaraciones públicas en las Corts como presidente especialmente se recuerdan aquellas que, ante el duro marcaje por los casos de corrupción que arreciaban sobre Camps, espetó al portavoz socialista “le encantaría coger una camioneta, venirse a mi casa de madrugada y que a la mañana siguiente yo apareciese boca abajo en una cuneta”.

Ante este historial Camps fue objeto en 2011 de sátira en una obra teatral: ‘Corrüptia, una regió de l’est’. La obra, escrita por el periodista de Canal 9 Josep Lluís Fitó (marginado desde entonces dentro de la televisión), narra las andanzas del presidente de una región imaginaria, un personage hiperbólico, religioso y a la vez endiosado, víctima de sus pasiones y de su ego, acosado por la corrupción y manipulado, y en la que se vaticinaba su caída por una gestión que únicamente buscaba servir a su propia persona.

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