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Canal 9 marca el fin del régimen

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La decisión del jefe del Consell, Alberto Fabra de liquidar Canal 9 de manera inexorable, no ha sido precisamente un acierto para la supervivencia del PP en el País Valencià. Tanto en las encuestas como en el sentir de la calle, se empieza a palpar una sensación muy distinta a la que veníamos estando acostumbrados.

 Más allá del argumento que ha tratado de esgrimir el President de la Generalitat a la hora de justificar el cierre de Canal 9, planteando que es más importante destinar los dineros a hospitales y a colegios que a cubrir el despilfarro de los miles de millones de euros de sus antecesores Francisco Camps y el fenómeno de Eduardo Zaplana, lo bien cierto es que esta decisión probablemente ha herido de muerte a su partido.

Es una evidencia que el PP a fecha de hoy todavía goza de una amplia mayoría absoluta, pero también es evidente que son pocos los aciertos y muchos los errores en la toma de decisiones que viene acumulando desde el inicio de la legislatura. Y digo desde el inicio sin ánimo de eximir de responsabilidad los casi veinte años de gobierno del PP en la Generalitat, pues de aquellos polvos en la gestión pública estos lodos.

Todo era bonito, todos éramos ricos en tiempos de Eduardo y Francisco. Teníamos “Terras Míticas, Ciudad de la Artes y las Ciencias, Fórmulas 1, Ciudades de la Luz, perros que atábamos con longanizas… barracones en lugar de colegios, ¿red de ferrocarriles en condiciones? ¿carreteras libre de peaje? ¿política agraria? ¿política industrial? ¿…? ¡perdón! Estábamos hablando de lo bien que iba esta Comunidad, lo que no iba tan bien, estaba de más.

Pero al igual que en Casino de Coppola, “al principio todo iba bien, y aunque se sabía que todos robaban un poco, se hacía la vista gorda. El problema surgió cuando el montón del dinero empezó a bajar.  A partir de ahí es cuando empezaron a surgir los problemas”. Algo así es lo que empieza a ocurrir en el Gobierno de Alberto Fabra. Los desmanes, los excesos, la salvaje política clientelar de los sucesivos gobiernos valencianos del PP tenían un alto grado de tolerancia por parte de una sociedad que en su gran parte vivía anestesiada y de espaldas a la política.

Ahora, con la infinita lista de recortes y malestar social engendrado, la sociedad parece haber despertado, y lo que parecía dar igual y estar justificado por el supuesto carácter meninfot de los valencianos, al parecer ya no da tanto lo mismo.

Y si a nivel social parece experimentarse una catarsis, el problema para el PP adquiere una dimensión superior cuando empieza a abandonar a los suyos. El abandono y caída del buque insignia,  Canal 9 (o Nou), supone un error que le va a pasar una factura muy grande al Gobierno de Alberto Fabra.

El President del Consell no sólo se ha quedado sin el juguete propagandístico del que hacían gala sus antecesores, en el que se contaba lo maravillosos que eran sus gobernantes y lo bien que se vivía en esta comunidad, sino que como en el monstruo de Frankestein, el ente ha adquirido vida propia y ya no responde a la voz de su amo. Será poco lo que le queda de vida al ente descontrolado, que por primera vez en muchos años empieza a descubrir el verdadero periodismo pero sin duda los efectos no serán de ninguna manera placebos.

Toda sociedad que se vanaglorie de ser libre, necesita unos medios de información libres. Que no se sometan a ninguna voluntad política, ni económica. Por el bien de todos confiemos en que si existe un futuro para el periodismo en esta Comunidad lo acontecido en estos últimos años no se vuelva a repetir. Aunque para confiar y que ocurra lo deseado será importante el compromiso de todos, la implicación de todos. Vivir de espaldas a la realidad, a la política a aquello que nos afecta, no es inteligente ni prudente. Como se ha demostrado.

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