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Robot Man: cuatro décadas resucitando a los androides más famosos del cine

Fred Barton, con las réplicas de Cylon, Robby, Gort y Tobor que ha creado

Cristina Sánchez

“Sean bienvenidos a Altair IV, caballeros, estoy aquí para transportarles a la residencia. Si ustedes no hablan este idioma, estoy a su disposición con otras 187 lenguas, además de otros dialectos y subdialectos”. Dos décadas antes de que C-3PO nos sorprendiera dominando seis millones de formas de comunicación, se presentaba con su metálica voz en la gran pantalla el primer androide que se convirtió en una estrella del cine hollywoodense.

Con su altura de más de dos metros, unos neones azules como boca en su metálica cabeza, servicial e incapaz de hacer daño a nadie —obedece las tres leyes de la robótica de Asimov—, Robby el Robot fue el verdadero protagonista de ‘Planeta prohibido’ (1956). En este film de ciencia ficción, una tripulación estadounidense vive ese chocante encuentro con un simpático autómata capaz de destilar whisky, cocinar o limpiar en un planeta lejano.

Que Robby diera el pego en la gran pantalla costó a Metro-Goldwyn-Mayer la friolera de 100.000 dólares de la época (unos 800.000 euros al cambio actual). No en vano, profesionales de la compañía de aviación Lockheed Martinaviación Lockheed Martin participaron en el proyecto para conseguir que sus formas curvas parecieran realistas. El complejo Robby, cuyo cuerpo era controlado por un actor, acabó conquistando al público. Tanto es así que ha aparecido una veintena de veces más en la gran o pequeña pantallaveintena de veces más a lo largo de su dilatada carrera.

‘El niño invisible’, un film de serie B en el que un superordenador quiere conquistar la Tierra, estrenado poco después que ‘Planeta prohibido’, o películas posteriores como ‘Gremlins’ o ‘Looney Tunes: De nuevo en acción’ han contado con la participación de Robby. También hizo sus pinitos en series como ‘La familia Adams’ o ‘Colombo’ e incluso ha sido parodiado en ‘Los Simpson’.‘Los Simpson’ Sin embargo, Robby el Autómata es bastante más malvado que el original y no tiene reparos en agarrar por el pescuezo al director Skinner.

Fred Barton fue uno de los muchos niños entusiasmados con sus aventuras desde el primer momento, hasta tal punto que ligó su futuro profesional al de aquel androide de la ficción en 1961. “Honestamente, desde que vi a Robby a los cuatros años en la televisión, he estado ‘obsesionado’ con él. Pero es una obsesión sana”, explica Barton a HojaDeRouter.com. Desde entonces, el pequeño Fred pidió a sus padres un solo regalo por su cumpleaños: un autómata a escala real con el que poder jugar.

El fan de Robby que vivió una aventura de película

El joven fan de ‘Planeta prohibido’ consiguió tener un Robby en su adolescencia, aunque no le hizo falta que nadie se lo comprara. Después de pasar varios fines de semana estudiando cuidadosamente el original en el museo que lo albergaba, se armó con una lavadora y otros cuantos cachivaches, esculpió, moldeó o talló fibra de vidrio, yeso, plásticos o madera y creó el suyo propio en un año. Orgulloso, se llevó su réplica a la convención de Star Trek de Los Ángeles en 1974.

No había construido nada en mi vida. Estaba más interesado en el cine que en los robots”, confiesa. Pese a ello, se ganó con su esfuerzo el apodo que le puso un chico de su edad y que aún conserva: Robot Man. Tan idéntico al original era el aspecto de la réplica del joven —por entonces no incluía la parte electrónica— que Jim Brucker, su propietario, incluso lo confundió con él. Así que decidió encomendar a Barton la restauración del que había creado para ‘Planeta prohibido’. “Yo, un niño de 16, a cargo del robot más icónico de todos los tiempos y con la solicitud de restaurarlo. Ese tipo de cosas no vuelven a ocurrir. Fui realmente afortunado”, rememora.

Tras devolverlo a la gloria moldeando sus partes más afectadas, Barton se convirtió en el cuidador de su héroe hasta que el museo cerró. Su labor se había difundido en Hollywood, y con el tiempo le llamaron para restaurar al inquietante androideinquietante original de la película ‘Tobor, el grande’ o a B9, el ángel guardián de la familia Robinson en la serie ‘Perdidos en el espacio’ Perdidos en el espacio’de los 60.

Tan bien se le da construir robots que, tras estudiar Producción Cinematográfica en la universidad y trabajar en varios estudios, fundó Fred Barton Productions en los 90. La compañía vende desde entonces réplicas exactas de su compañero de aventuras favorito.

De hecho, es el fabricante oficial de Robby el Robot. “Mis Robbys son perfectos, moldeados directamente del original. En el proceso de restauración, tuve la visión de que sería tan valioso algún día que nunca tendría el robot original de nuevo, pero al menos tendría una copia exacta. 100 % correcta y precisa”, destaca. No son los únicos creados con sus propias manos, a imagen y semejanza de otros del celuloide, que vende en su singular empresa.

De ‘Metrópolis’ a ‘Robocop’

Fred Barton ha fabricado réplicas a escala real, algunas incluso funcionales, de la icónica María que Fritz Lang ideó en la alabada ‘Metrópolis’ (1927), una de las escasas robots femeninas de las primeras películas de ciencia ficción; de Gort, el autómata de ‘Últimatum a la Tierra’ (1951), concebido para evitar agresiones interestelares y que volvió a la gran pantalla hace unos años; de Robocop, el cíborg que protagonizó el distópico film homónimo en 1987; o de los ‘cylons’ de la serie ‘Battlestar Galactica’. Tampoco faltan C-3PO y R2-D2, los entrañables robots inventados por George Lucas.

Todos ellos se elaboran “con calidad de museo y licencia de estudio”, puntualiza Barton. Para recrear los robóticos personajes con rigurosa precisión, utiliza planos, plantillas y fotografías de los autómatas originales. Algunas piezas las construye para su propio disfrute, como la máquina del tiempo en la que se montaba Rod Taylor en ‘El tiempo en sus manos’ (1960) y que los personajes de ‘The Big Bang Theory’ se compran en un episodio de la serie.

Ahora, presume de que Fred Barton Production es la empresa líder en la fabricación de réplicas de robots de la ficción audiovisual. El negocio no le va nada mal y, de hecho, hacer frente a la demanda es un reto diario para este artesano. Practica “una forma de arte perdida”, construyendo el esqueleto del robot, desarrollando su alma electrónica y retocándolo hasta que queda perfecto.

Ese nivel de detalle hace que algunos coleccionistas estén dispuestos a gastarse casi 15.000 dólares (13.500 euros) en una réplica de acero y espuma del protagonista de ‘El gigante de hierro’ o 1.450 dólares (1.300 euros) en el busto de Robocop.

Según Barton, ha vendido ya cientos de autómatas a apasionados de la robótica en Estados Unidos. Entre ellos figuran “multimillonarios, millonarios, doctores, líderes de la industria y también tenemos fontaneros, profesores, el dueño de una tienda de donuts, actores…”

Robby sigue siendo el más vendido de su colección. No en vano, al autómata de 43 kilos que vende en su edición ‘deluxe’ no le faltan detalles: habla exactamente igual que el de la película, la cabeza y algunas funciones se manejan por control remoto y las luces de su torso también parpadean como en el film.

Hasta tal punto ha sido reconocida su labor en la meca del cine que el propio Barton acudió, junto al padre de Robby, el ya fallecido diseñador de producción y artista Robert Kinoshita, a la ceremonia en la que el entrañable autómata entró a formar parte del Salón de la Fama de los RobotsSalón de la Fama de la Universidad Carnegie Mellon.

El original, que ahora pertenece a un coleccionista privado, es demasiado frágil y valioso como para seguir actuando. Por eso, es el de Fred Barton el que ha aparecido en anuncios, programas de televisión o incluso en la mismísima ‘The Big Bang Theory’, donde hizo un cameo en 2014 junto a otros míticos robots.

Sus androides también suelen acudir a eventos como la Comic-Con de San DiegoComic-Con de San Diego. “Me encanta llevar los robots a los fans. La gente no tiene ni idea de cómo de geniales son en persona y rara vez tienen la oportunidad de ver a la Mona Lisa más allá de las fotos y los vídeos”, asegura Robot Man.

Ahora bien, ¿se convertirá el autómata que le conquistó en su infancia en una leyenda? “Sé que, en esta era de Instagram y vídeos de seis segundos, la gente olvida a las grandes estrellas del pasado, pero Robby sigue apareciendo en anuncios o películas y obras teatrales al frente de la cultura pop”, sentencia Barton. Robot Man está convencido de que a Robby el Robot le queda una larga vida por delante pese a que acaba de cumplir 60 años.

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Todas las imágenes de este artículo son propiedad de Fred Barton

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