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Cómo gastamos cada vez menos energía si vivimos rodeados de cargadores

Hace cosa de una década los ordenadores portátiles o las tabletas no eran tan comunes ni pasábamos el día preocupados por la batería de nuestros teléfonos. Aun así, nuestro consumo de energía era mayor que en la actualidad. ¿A qué se debe esta aparente paradoja? Sobre todo al rendimiento de los electrodomésticos y demás aparatos electrónicos, que hoy son mucho más pequeños y eficientes.

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Cada vez son más los aparatos que necesitamos enchufar a la red eléctrica

Cada vez son más los aparatos que necesitamos enchufar a la red eléctrica

Echar un vistazo al salón o las habitaciones de cualquiera de nuestras casas es toparse con múltiples aparatos electrónicos. La televisión, el ordenador, el móvil o la tableta cargando en una esquina son algunos de los utensilios conectados a la red eléctrica que pueblan los hogares. Si nos vamos a la cocina, se suman el frigorífico, el horno, el microondas, la lavadora, la tostadora… Parece que todo necesita enchufe y, aun así,  nuestro consumo de electricidad 'per cápita' no ha parado de disminuir en los últimos años.

Aunque los teléfonos móviles ya existían en 2005, todavía estábamos en la era previa al ‘smartphone’. Un español medio consumía por aquel entonces  6.111,22 kilovatios de electricidad por hora, cifra que en 2014 rondaba los 5.355,99 kWh  según los últimos datos facilitados por la Agencia Internacional de la Energía. Aunque en 2016 se ha experimentado un ligero repunte del consumo energético en España, la tendencia sigue siendo a la baja, lo que, sin duda, nos hace preguntarnos a qué se debe este descenso si cada día estamos rodeados de más y más cargadores.

Países como Francia, Alemania, Portugal o Estados Unidos también han visto cómo sus consumos disminuían. Por ejemplo, nuestros vecinos franceses consumieron unos 800 kw/h menos de media por habitante entre 2010 y 2014. En Estados Unidos, el consumo residencial por ciudadano ha disminuido un 7 % entre 2010 y 2016.

¿A qué se debe este descenso?

Para España, una de las principales razones es  la puesta en marcha de los planes de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética aprobados en la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética 2004-2012, cayendo el consumo con una pendiente más pronunciada a partir de 2007. Los cambios han llegado a suponer una reducción de hasta el 12,6 % del gasto en 2009, el momento de mayor descenso, y se deben en gran parte a los grandes electrodomésticos que tenemos en casa.

Así es la etiqueta de eficiencia energética de los electrodomésticos aprobada por el Parlamento Europeo

Así es la etiqueta de eficiencia energética de los electrodomésticos aprobada por el Parlamento Europeo

El frigorífico es uno de los aparatos del hogar que más consumen: alrededor del 30 % de la energía. Aun así, la progresiva sustitución de las neveras por otras con una mayor eficiencia energética ha permitido que el consumo disminuya. Por ejemplo, un frigorífico clasificado como clase A+++ (la máxima puntuación en cuanto eficiencia energética) necesita aproximadamente un 80 % menos de energía que uno de clase D (la más baja). Así, mientras una nevera vieja podría consumir unos 1.000 kWh al año, las más modernas apenas llegan a los 150 kWh anuales.

Algo semejante ocurre con los televisores, que también están entre los aparatos más voraces (en torno al 12 % de la energía del hogar). Los modelos que han ido saliendo al mercado en los últimos años también se han visto acompañados de un ahorro energético.  Las pantallas con tecnología LED consumen un 25 % menos que las LCD (de cristal líquido) y hasta un 40 % menos que las de plasma. Lo mismo sucede con la lavadora, el lavavajillas, el horno o incluso los aparatos que regulan la temperatura, como el aire acondicionado y la calefacción eléctrica.

Dejando a un lado los grandes aparatos del hogar, estar rodeados de artilugios electrónicos que nos mantienen pendientes de sus baterías también podría conllevar un consumo mayor, o al menos es lo que cabría pensar. Sin embargo, estos aparatos cada vez son más pequeños y eficientes. Si antes utilizábamos un gran ordenador de sobremesa para conectarnos a internet, ahora lo hacemos desde un portátil, tableta o teléfono con una considerable disminución del consumo. Además, los cargadores actuales hacen su trabajo más rápido y permiten que las baterías de los dispositivos duren más. 

También influye que gran parte de los datos que manejamos hayan pasado a formar parte de la llamada ‘nube’. En lugar de estar almacenados en la memoria de nuestras propias máquinas, se guardan en grandes servidores de las compañías tecnológicas (Facebook, Google, Amazon...), cuyo gasto de electricidad se contabiliza como consumo comercial y no residencial.

Una muestra de algunos de los aparatos electrónicos del salón de un hogar

Una muestra de algunos de los aparatos electrónicos del salón de un hogar

Más allá del hogar 

Las empresas también han mejorado en eficiencia. Según el Índice de Red Eléctrica (IRE), el consumo eléctrico de las grandes compañías españolas ha descendido un 0,8 % entre 2015 y 2016. Por sectores, la industria, que representa alrededor del 30 % de la demanda, también ha registrado un descenso del 0,9 %, mientras que el sector servicios, que supone cerca del 13 %, ha caído un 1,1 %. Unos datos que muestran el esfuerzo por ahorrar, aunque puede que no por mucho tiempo.

Si bien se espera que el descenso continúe levemente en un futuro próximo, el gran ritmo al que se crean y se utilizan dispositivos electrónicos hará que con el tiempo el consumo de electricidad se incremente en el sector residencial y, más drásticamente, en el comercial.

En los próximos diez años, según pronostican los expertos, crecerá nuestra demanda de datos, viajaremos en medios de transporte eléctricos y los robots se convertirán en nuestros fieles compañeros. Sin duda  la energía eléctrica nos acompañará en el futuro, y seguramente en mayor medida que hasta la fecha. Si es para librarnos de los combustibles fósiles, bienvenida sea.

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Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Pixabay, ANAE y  Pixabay

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