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Pronto hablarás todas las lenguas del mundo: tecnología contra el castigo de Babel al más puro estilo Star Trek

La barrera del idioma es uno de los límites que Google se ha propuesto pulverizar. Sin embargo, no está sola en esta lucha, en la que también compiten gigantes como Microsoft, IBM e incluso una desconocida empresa que busca financiación a través de una campaña de crowdfunding. Mientras tanto, los profesionales de la traducción afirman no sentirse amenazados por los programas de traducción automática.

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Torre de Babel levantada formada por libros en distintos idiomas levantada en Buenos Aires (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires | Flickr)

Torre de Babel levantada formada por libros en distintos idiomas levantada en Buenos Aires (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires | Flickr)

“Toda la tierra hablaba una misma lengua y usaba las mismas palabras”. Génesis, 11, 1.

Según la versión bíblica, la ambición de los hombres y la construcción de la Torre de Babel desencadenó un castigo divino que fracturó la lengua única existente hasta aquel momento en distintos idiomas. Así, fuimos condenados a no entendernos.

Hoy, las grandes empresas de internet se plantean un reto tan viejo como el texto del Antiguo Testamento: romper las barreras creadas por los idiomas. Y, por lo que parece, no están muy lejos de lograrlo.

Lecturas bíblicas aparte, el ‘Universal Translator’ de Star Trek está cada vez más cerca de ser una realidad. O al menos el concepto de un dispositivo que traduzca de forma instantánea cualquier idioma. Lo de las lenguas extraterrestres aún está por ver…

El intento de Google

El gran sueño de Franz Josef Och, el informático alemán de 41 años que protagoniza nuestra historia, siempre ha sido crear un equipo de traducción perfecto. Un dispositivo discreto y rápido que traduzca a toda velocidad cualquier conversación que se produzca en otro idioma.

Och estudió ciencias de la computación y, tras elaborar su tesis sobre inteligencia artificial, la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) se lo llevó a California. Más tarde, en 2004, recibiría la llamada que cambió su vida. Larry Page le ofreció el puesto de director de investigación de Google sobre traducción automática. El alemán tenía ahora a su cargo un nuevo proyecto: Google Translate.

Nueve años después de su llegada a la 'gran G', no puede decirse que Och no haya hecho progresos con el traductor más conocido. Actualmente, el servicio permite la traducción en 71 idiomas y fue usado el año pasado cerca de 200 millones de veces.

Los chistes sobre la efectividad del traductor de Google no parecen desanimar a Och y a los suyos. Con un equipo sin filólogos ni lingüistas, Google se propone borrar del mapa las barreras que crean los idiomas.

El equipo dirigido por Och ha logrado dar un paso más con la aplicación para ‘smartphones’ del traductor. Entre otras funciones, la ‘app’ permite traducir el texto que aparece en una fotografía o, lo más destacable, traducir de forma instantánea las intervenciones de una conversación (esta función sólo está disponible por ahora para la versión de Android).

La ‘app’ de Google Translate permite traducir el texto de una fotografía (Imagen: Google Play)

La ‘app’ de Google Translate permite traducir el texto de una fotografía (Imagen: Google Play)

Sin embargo, y en palabras del propio Och, “la aplicación sigue siendo un poco lenta y torpe, porque tienes que pulsar botones”. Además, la traducción sonora se realiza a través de la metalizada voz a la que nos tiene acostumbrado el traductor de Google y funciona bien siempre y cuando se intenten traducir oraciones con estructuras simples.

Los intérpretes, ¿perjudicados?

Aunque aún tienen un enorme margen de mejora, las herramientas de traducción automática parecen poner en peligro el futuro de los profesionales de la traducción. Sin embargo, por ahora el gremio parece estar tranquilo al respecto.

Según el traductor Ángel Domínguez, las herramientas de traducción automática “hacen surgir la alarma de vez en cuando, pero a día de hoy no son una amenaza”.

Domínguez señala que, para que la tecnología termine por romper la barrera del idioma, sería necesario desarrollar una inteligencia artificial equiparable a la inteligencia humana. “¿Y si parte del significado está en los gestos, en la mirada o en el tono de voz? La comunicación humana no es sólo lo que se dice”, indica.

No obstante, estas herramientas de traducción automática, basadas en técnicas estadísticas y 'big data', ya suponen un problema para los intérpretes y traductores, que se ven sepultados en internet por una avalancha de sitios web que, con mayor o menor éxito, traducen textos de forma automática. Tanto es así que buscar en Google a una persona que se dedique a la traducción utilizando sólo el término "traductor" es prácticamente una tarea imposible.

En este sentido, Llorenç Serrahima, miembro de la junta de la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes (Asetrad), indica que la Asociación está trabajando en la creación de una nueva web con un buscador de traductores que permita mejorar el posicionamiento de los profesionales en internet. “El tráfico de tu web nunca será como el de una página de traducción automática y sabemos que tenemos que mejorar nuestro posicionamiento en internet”, afirma Serrahima.

Además, Serrahima se muestra tajante. “Romper la barrera del idioma no es algo que esté al alcance de una máquina y no creo que lo vaya a estar. Al menos, ni mi generación ni la siguiente lo verán. Los traductores automáticos son útiles para saber de qué habla un texto, pero en ningún caso para realizar una traducción completa y útil”.

La competencia

Mientras tanto, Google no está sola en la cruzada contra las diferencias lingüísticas. Para desgracia de Och y los suyos, la competencia no es poca.

Como es de esperar, otras grandes empresas participan en esta carrera. Microsoft, por ejemplo, ha desarrollado un sistema que permite traducir de forma escrita un discurso hablado de un idioma a otro. Además, los investigadores de Microsoft han sido capaces de desarrollar un traductor simultáneo en el que la voz, en lugar de ser el clásico sonido enlatado y metalizado, es bastante similar a la voz original.

El revolucionario sistema de Microsoft fue probado en público por Rick Rashid, fundador de Microsoft Research, en un evento celebrado en China. Las palabras de Rashid aparecían transcritas en una pantalla, traducidas al chino en otra y, finalmente, eran traducidas de forma sonora con una voz semejante a la suya, aunque mejorable, como puede verse en el siguiente vídeo (el espectáculo comienza a partir del minuto seis):

A pesar de que Microsoft parece llevar ventaja en esta competición, la primera en combatir la barrera del idioma fue IBM, con la creación, en 2006, de TALES.

El ‘software’ permite realizar búsquedas en páginas web árabes o chinas en función de un término o palabras clave dado. En cuestión de segundos, TALES devuelve todos los resultados que ha encontrado, tanto de texto como de vídeo, y los muestra traducidos, destacando las palabras clave que buscábamos.

Sorprendentemente, ninguno de estos dos gigantes de la tecnología está tan cerca de cumplir el sueño de Och como lo está SIGMO, un dispositivo que, para ser creado, busca primero financiación a través de una campaña de ‘crowdfunding’.

SIGMO permitirá – una vez que se lance a comienzos de 2014 – mantener conversaciones más o menos fluidas en dos idiomas diferentes. Se trata de un dispositivo cuadrado, de unos pocos centímetros, que cuenta con dos botones, un micrófono, un altavoz y conexión Bluetooth.

Presionando uno de los dos botones y hablando a través del micrófono, el altavoz de SIGMO traducirá automáticamente nuestras palabras a otro idioma. La clave está en la conexión Bluetooth, que permitirá que SIGMO traduzca nuestras palabras a través de su propia ‘app’ instalada en nuestro móvil.

Se trata de un dispositivo sencillo que recuerda levemente a los ‘revolucionarios’ relojes inteligentes y tan sencillo como un manos libres . Al fin y al cabo, se trata de un dispositivo discreto y pensado por y para traducir.

Mientras las empresas tecnológicas luchan – también – en el campo de la traducción, los profesionales viven en una carrera continua, “sea contra la máquina, contra sus colegas o contra el mercado”, como indica el traductor Jordi Balcells, que señala que “cada vez más, los traductores profesionales somos esclavos de las máquinas: en ocasiones, corregir sus errores sale más barato que traducir desde cero. Esta práctica suele tener como resultado traducciones más literales que tienen poca gracia y aburren”.

Por ahora, tal y como afirma Balcells, “para que una máquina traduzca tan bien como un humano, primero tiene que entender a los humanos, y pensar como los humanos, y para eso todavía tiene que llover mucho”.

¿O quizás no tanto?

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