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Una clínica ateniense único recurso en Grecia para refugiados víctimas de tortura

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Una clínica ateniense único recurso en Grecia para refugiados víctimas de tortura

Una clínica ateniense único recurso en Grecia para refugiados víctimas de tortura

Una clínica de Atenas, bajo el paraguas del proyecto internacional Victims of Violence (Víctimas de la Violencia), es el único servicio específico en Grecia para la rehabilitación de migrantes que han sido víctimas de violencia.

"Nuestra estimación es que cerca del 30 % de la población refugiada ha sido víctima de tortura", cuenta a Efe Lauren Cape-Davenhill, coordinadora del proyecto, que actúa en Grecia de la mano de Médicos Sin Fronteras (MSF), el Centro de Día Babel y el Consejo Griego de Refugiados.

Esto supone que en el país heleno -donde el ministerio de Migración señala que hay más de 62.000 refugiados- alrededor de 18.000 personas podrían haber sido víctimas de tortura física o psicológica.

El proyecto que coordina Cape-Davenhill inició su marcha en la capital griega en 2014 y ha atendido a más de 430 personas ya sea con asistencia médica, fisioterapia, apoyo social o atención de salud mental, esta última la principal petición del 50 % de personas que acuden a la clínica.

Los integrantes de este proyecto de asistencia deben afrontar día a día una demanda creciente, pues a la naturaleza a largo plazo de las terapias requeridas se suma el aumento progresivo de pacientes de la clínica, para la que hay una lista de espera de 90 personas solo para la entrevista inicial, lo que en tiempo se traduce en cinco semanas.

Con el cierre de las fronteras balcánicas y el acuerdo UE-Turquía (ambos sucedidos en 2016) el número de peticiones para acceder al programa pasó de una media mensual de veinte a cuarenta, cifra en la que se han mantenido desde entonces y que ponen "de relieve la alta prevalencia de la tortura entre la población migrante y refugiada", según la propia MSF.

En la mayoría de casos, cuentan desde la clínica, la violencia tiene lugar en los países de origen de los pacientes -cuyas principales nacionalidades son congoleños, sirios, afganos e iraquíes-, "pero también hay muchas experiencias de trauma en el viaje o en las fronteras", explica Cape-Davenhill.

El problema, señala Eleftheria Zerva, una de las psicólogas del proyecto, es que en Grecia "no hay un procedimiento de identificación oficial para víctimas de tortura", lo que hace "muy difícil" el reconocimiento y tratamiento de una población a la que, además, le cuesta mucho hablar de su trauma.

"La tortura afecta profundamente a la persona en términos de confianza básica o de apoyarse de nuevo en otras personas", explica Zerva.

A esto se añade, según la psicóloga, que "la tortura es un tabú no solo para la víctima, también para el resto de la sociedad".

¿El principal reto al que se enfrentan los 24 trabajadores de la clínica? "La realidad", sentencia Zerva con una sonrisa cariacontecida.

"Se trata de personas que han sufrido traumas múltiples, han quedado desarraigados, han sufrido tortura, han perdido a familiares. A todo esto se añade el proceso de demanda de asilo político, que es muy largo", explica.

La mayoría de países de la UE -entre ellos, España y Grecia- establecen un periodo máximo de seis meses para la tramitación de una petición regular de asilo, pero, según datos del Consejo europeo para refugiados y exiliados (ECRE), la espera media en Grecia en 2016 era de un año.

Y después de esa espera la solicitud puede ser denegada, como ocurrió en el 50 % de casos de las demandas presentadas en la UE, según datos de Eurostat del primer trimestre de 2017.

Todos estos problemas, graves aunque "comunes" para toda la población de refugiados de Grecia, subraya Zerva, "son aún más agudos para los supervivientes de tortura".

Irene Gómez Iglesias

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