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La trampa de Kutxabank

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Parece que Kutxabank debe ser el único banco de los vascos, al menos por el interés que despierta entre nuestros dirigentes políticos. Ni lo creo ni lo comparto. No hay mejor embajador de Euskadi que un banco que lleva en su nombre la principal ciudad de Euskadi y la provincia en la que está, BBVA. Este banco nació aquí y su sede está aquí. Digo lo mismo del Sabadell Guipuzcoano que lleva también el nombre de uno de nuestros territorios, pero no me olvido de otras entidades, como Caixabank que es del gusto de miles y miles de vascos, o de Laboral Kutxa, una cooperativa de crédito que es tan vasca o más que todas las anteriores. ¿Por qué entonces la obsesión por Kutxabank, el banco más solvente y -por cierto- el que más desahucia? Creo que tiene trampa y nadie la cuenta.

En Kutxabank se suman el interés político con el empresarial. Describiré primero la realidad de la fusión fría o caliente que nos ha llevado a donde estamos. La crisis escándalo de las cajas de ahorro en España llevó a la fusión. Siempre se nos presentó que las tres cajas vascas eran centros de pureza financiera, pero no todo era oro. No hay duda de que BBK lo era. La gestión de José Ignacio Berroeta como presidente fue la del clásico banquero formado en el viejo Banco de Vizcaya. Control absoluto, un buen colchón que evitara riesgos excesivos y hacer inversiones seguras. Le siguió en el puesto Xabier de Irala y no cambió mucho las prácticas de la entidad. El último en llegar fue el actual presidente de Kutxabank; un alma bastante libre pese a ser del PNV y con el colmillo retorcido tras su experiencia en BBVA y su despacho de abogados en Uría y Menéndez, sin olvidar su paso por la política vasca.

Frente a BBK, Kutxa jugó a la lotería del ladrillo y perdió, lo que resintió sus cuentas. También lo hizo Vital, con una sede espectacular hoy vacía y alguna otra aventura. La realidad es que llegó la fusión y BBK tuvo que usar su hucha para sanear el balance que dejaban desequilibrado sus nuevos socios. Se hizo en silencio para no levantar escándalos e incluso haciendo una gestión comercial dura con el cliente y con un control de los proyectos expansivos.

La realidad es que llegó la fusión y BBK tuvo que usar su hucha para sanear el balance que dejaban desequilibrado sus nuevos socios. Se hizo en silencio para no levantar escándalos

En todo este proceso ha sido esencial la figura de Mario Fernández, que ha colaborado y criticado, según la necesidad y el cálculo, al Banco de España. Le ha costado acometer la transformación de sus accionistas, las cajas, por las resistencias de los políticos que tan mala influencia han tenido en todas. Fernández escalona sus batallas y ahora se juega la última. En público ha manifestado su propósito de que las cajas controlen solamente el 30% del capital de Kutxabank, que se produzca una privatización y apertura al capital real. Los políticos, por ideología o mera imagen, lo rechazan pero el proceso es imparable y un viejo zorro como Fernández lo sabe y lo controla, desde mi modesto punto de vista y por algunas cosas que oigo.

Ninguna caja puede tener más del 50% del capital de una entidad bancaria. De salida BBK, que ha salvado a sus socias se vería obligada a vender un 7% de su participación, el 57%. Esto no gusta en la caja. La opción para mantener el 50% pasa por dotar un fondo con 700 millones de euros, el equivalente a 25 años de obra social. Las cajas han alegado y mantienen una posición pública contraria, pero es de cara a la galería, porque el cambio viene del BCE y del Banco de España y se ve difícil de cambiar.

En este contexto juega Fernández, que parece claro que juega de manera concertada con el Banco de España y torea a los políticos con mano izquierda. Me atrevo a apostar que ganará la batalla y que probablemente ya cuenta en su cartera con potentes inversores atraídos por el nivel de solvencia de la entidad, que se ha dedicado más a prepararse como objeto del deseo de inversores que a salvar la economía local. No habrá salida a Bolsa a corto, pero sí entrada de capital privado. Y lo público en cinco años representará solo el 30% de Kutxabank, le guste a quien le guste. Otro cantar serán las comisiones de venta por estas operaciones que caerán en despachos y conseguidores que las gestionen. Habrá que observar.

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