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"Cuatro personajes no tienen que poder con todo un pueblo"

Abetxuko, un pueblo de casitas en la ciudad de Vitoria, afronta un problema de convivencia tras la llegada como 'okupas' de los clanes gitanos de Los Bartolos y Los Pichis y las fuertes (y pacíficas) protestas vecinales

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Vista general de Abetxuko.

Vista general de Abetxuko. Asier Sarasúa

Abetxuko (nombre oficial frente al 'Abechuco' castellano y el 'Abetxuku' recomendado por Euskaltzaindia en euskara) sigue siendo, en 2016, un pueblo de casitas de una sola altura dentro de la ciudad de Vitoria. Un lugar donde los vecinos se saludan por el nombre y conversan después de comprar el pan. El crecimiento del casco urbano y la llegada del tranvía, hace siete años, han cosido con el resto de barrios este refugio de inmigrantes españoles durante la industrialización, aunque todavía mantiene un carácter diferenciado y un tráfago mucho más pausado que el de unas calles al sur. Pero desde agosto este distrito está siendo objeto de todas las miradas en Vitoria. El alcalde, Gorka Urtaran (PNV), habla ya de un problema de “convivencia” tras la llegada de un clan gitano muy conocido (y perseguido) en Bilbao, Los Pichis de Ollerías, que han ocupado una vivienda de la mano de la saga más conocida por estos lares, Los Bartolos. La Policía y la televisión montan guardia en la zona.

La familia gitana (inicialmente de una decena de personas, aunque ahora los vecinos hablan que ahora hay “20 ó 30”) se hizo fuerte en una casita al final de la calle de El Cristo, la arteria principal de Abetxuko. Era una vivienda de una mujer que, por su ocupación, se había trasladado de domicilio. En Vitoria, pocos obvian el expediente de Los Bartolos. El historial de Los Pichis en Bilbao no es menos abultado. Ahora, el amor de dos de sus integrantes ha unido ambas familias.

Los vecinos protestan por que el clan ha tratado de asaltar nuevas viviendas. Hasta tres, calculan. Otros están tapiando puertas y ventanas de sus casas ante el temor de que lleguen ‘okupas’. “Están todo el día por ahí haciendo fotos de las casas”, revela una mujer, una de las 1.500 (de unos 3.000 vecinos) que han firmado un escrito de protesta que conocen ya las autoridades.

Tras dos meses de calma tensa, la chispa saltó una noche hace un par de fines de semana. Varias mujeres del clan y sus hijos trataron de robar en una panadería. Querían llevarse sin pagar refrescos y alguna gominola. El incidente no fue a mayores. “Afortunadamente”, explican quienes lo vieron. No hubo agresión física a la panadera gracias a la intervención de unas testigos, pero la tendera no ha dudado en que tenía que denunciar. Lo hizo el jueves pasado en la comisaría de la Ertzaintza, arropada por 50 vecinos y el largo listado de firmas.

Tras el incidente, de manera espontánea, una manifestación vecinal tomó El Cristo. Las marchas, pacíficas, se han repetido durante varios días más. Noche a noche. Entretanto, Policía local y Ertzaintza se turnan para mantener la zona bajo vigilancia durante 24 horas, con servicios uniformados y de paisano.

Abetxuko es ya un ejemplo de unidad vecinal para toda Vitoria. La ya fallecida señora Paquita, como era conocida, lideró con firmeza y diplomacia una asociación que llegó a modificar el trazado del tranvía para preservar la idiosincrasia del pueblo-barrio. Si algo conocen los sucesivos alcaldes de Vitoria es que no deben subestimar el movimiento ciudadano y que deben escuchar sus demandas.

¿Y cómo están los ánimos? “La gente está muy caldeada, aquí puede pasar cualquier cosa”, sostiene un vecino con acento del sur de España que optó la tranquilidad de Abetxuko tras probar en varios barrios del centro. Pero añade: “Lo que está claro es que cuatro personajes no tienen que poder con todo un pueblo”.

“Serán un problema para otros, pero que se vayan de aquí”, apostilla una madre pensando en su hijo de 10 años. En efecto, no sería la primera actuación contra Los Bartolos. En 2011, se les sacó a la fuerza de la Avenida de los Huetos y la imagen que quedó del desalojo es la de la matriarca, la señora María, paseando a cara descubierta delante de los antidisturbios y luciendo gorra de plato y porra. En 2012 volvieron a tener conflictos, en aquella ocasión en Badaya. Y luego en Durana. Y sus parientes Los Pichis motivaron titulares de prensa durante toda la pasada primavera.

El Ayuntamiento ha explicado públicamente que, tras atender las demandas vecinales, ha contactado con el fiscal-jefe, Josu Izaguirre, para agilizar el desahucio. La dueña de la vivienda ocupada ya ha tramitado la pertinente denuncia. Curiosamente, estos días se cumplen tres años de Errekaleor (el espejo de Abetxuko en el sur de la ciudad) como barrio “libre” tras su ocupación por grupos de jóvenes, lo que puede dar una idea de los plazos que maneja la justicia en estos procedimientos.

Mientras, el socialista Peio López de Munain, como edil de Servicios Sociales, ha iniciado una intensa actividad ‘diplomática’ en Abetxuko. Él y la señora María son viejos conocidos, ya que juntos ya negociaron su salida de Los Huetos en la legislatura 2007-2011. Y la pasada semana mantuvieron un encuentro, sin que se conozca el resultado de la negociación. En todo caso, el veterano concejal matizó en ‘Radio Vitoria’ que “aunque la convivencia se está deteriorando” la situación “no es igual” a otros conflictos con los clanes. “Aquí ha llegado a haber tiros contra Bartolomé Jiménez”, rememoró citando al patriarca de Los Bartolos y quien les da nombre.

El jueves de la semana pasada, por la mañana, la calma reinaba en Abetxuko. La pareja de uniformados junto a la casa ocupada estaba más a arreglar una avería en el coche-patrulla que a otra cosa y la farmacéutica aseguraba que no había tenido ningún problema estas semanas. Otros paisanos apuraban en las terrazas de los bares los últimos días de este 'veranillo' de principios del otoño.

Desde Gao Lacho Drom, la agrupación gitana de Vitoria, piden una “oportunidad” para el clan de Abetxuko y recuerdan que hay más ‘okupas’ en Vitoria que no alteran el día a día de la ciudad, quizás en referencia a Errekaleor pero también a las casas de ladrillo visto junto a la antigua fábrica de Esmaltaciones. Otro vecino apunta que “desde siempre” han vivido gitanos en el pueblo de las casitas y que siempre han estado “perfectamente integrados”.

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