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ENTREVISTA - Enrique Abad, Intermón Oxfam

"El sistema gobierna para unas élites que cada vez son más ricas"

El responsable de Intermón Oxfam en Navarra, La Rioja y Euskadi, Enrique Abad, explica las claves de la última campaña de la ONG contra la desigualdad, y analiza cómo este problema se ha agrandado con la crisis.

"Lo que habría que tener claro es que, cuando los recursos son menores, no se puede recortar de todas partes. La austeridad se ha cargado sobre las políticas sociales", lamenta.

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El responsable de Intermón Oxfam en Navarra, Enrique Abad.

El responsable de Intermón Oxfam en Navarra, Enrique Abad.

Dale un pez a alguien y comerá un día; enséñale a pescar y comerá siempre. La Organización No Gubernamental Intermón Oxfam lleva más allá este proverbio y se pregunta si, además, quien otorga esta ayuda ha preservado el río de la contaminación o ha permitido la pesca a través de una ley adecuada. Para el responsable de la entidad en comunidades como Navarra, La Rioja o Euskadi, Enrique Abad, este ejemplo sirve para explicar por qué las políticas sociales no solo deben pensar en la asistencia, que también (sobre todo en casos de necesidad urgente), sino también en la igualdad de oportunidades. Intermón Oxfam ha iniciado recientemente una campaña mundial contra la igualdad, a la que describió como “el gran problema de la sociedad actual”. Abad analiza por qué.

¿Por qué iniciar ahora una campaña mundial sobre la desigualdad?

Iniciamos esta campaña en todo el mundo con tres objetivos. Primero, conseguir que se hable de la igualdad, que se sepa que está detrás de los problemas de pobreza y que en los países del sur está creciendo a un ritmo que va a provocar unas consecuencias graves. Segundo, animar a la gente y a las organizaciones a movilizarse. Y, por último, lograr cambios políticos.

¿La crisis ha agrandado la brecha?

Está siendo una marcha atrás, es así. Durante los años de bienestar, se habían corregido algunas desigualdades, aunque habrá algunas que se mantendrán mucho tiempo o que, quizá, sean incorregibles. También hay desigualdad dentro de la desigualdad, porque está claro que  en cuestión de género también hay diferencias. A ellas les afecta más el paro, cobran menos, cuidan más por ejemplo de las personas mayores… Y eso pasa aquí, no solo en continentes como África.

En  la conferencia de prensa de la semana pasada, destacaron el poder que pocas personas acaparan en todo el mundo...

Las 85 personas más ricas del mundo no solo lo siguen siendo, sino que además su poder económico se ha duplicado. Es algo sangrante. Y, además, esta desigualdad viene acompañada de una pérdida de derechos sociales; cada vez la brecha es mayor, porque solo la gente formada puede acceder a determinados trabajos, o solo quien tiene un seguro sanitario privado puede tener ciertos servicios…

Parecía que la desigualdad se venía aminorando antes de la crisis. Sin embargo, con esta, no solo se ha reactivado sino que se ha agigantado. ¿Quiere eso decir que apostábamos por las políticas sociales sin convencimiento, solo porque había más recursos?

Seguramente sí. Lo que habría que tener claro es que, cuando los recursos son menores, no se puede recortar de todas partes. Ha habido, aunque con matices claro, una mala distribución de esos recursos, porque la austeridad se ha cargado sobre las políticas sociales. Un ejemplo es  el anteproyecto de Presupuestos que ha presentado UPN en Navarra. Seguramente no saldrá, pero vale como declaración de intenciones. Y, en ella, las únicas áreas que no crecen son Fomento, por la reducción de las inversiones en la Alta Velocidad, y Políticas Sociales.

Políticas Sociales incluso se reduce, aunque sea mínimamente (en un 0,01%).

Sí, está claro que no es un tema prioritario. Hay inversiones clave, que generan empleo, pero también debemos recordar que estamos hablando de una época con más necesidades sociales que nunca. Y no solo hablo de educación y sanidad, que sería lo fácil, sino de otros departamentos. Porque no se suele mencionar tanto a Política Social, a la caída en cooperación al desarrollo, en las rentas de inclusión social… Ahí se ha recortado mucho más.

¿Cuesta más hacer llegar este mensaje cuando, con la crisis, se suele pensar ‘Bastante tengo con lo mío'?

Pues la realidad siempre me maravilla, y es curioso ver cómo, ante una emergencia, la ciudadanía se vuelca, y no precisamente quienes son millonarios.

¿Le sorprenden las reivindicaciones que se plantean en Navarra, comparándolas con otras realidades más duras?

Al final las reivindicaciones son las mismas, solo que se expresan de forma diferente. Igual el continente con más desigualdad es América Latina, pero no se trata del más pobre [donde sitúa África]. Y aquí tampoco diría que España es pobre, pero sí el país más desigual de Europa.

A menudo, cuando hablamos de la corrupción nos quedamos con el corrupto y no pensamos en el que corrompe. Pero, ¿de quién es la responsabilidad? Porque, como mínimo, es de los dos

En Navarra se escucha a menudo ese discurso de que estamos mejor que en otras zonas. ¿Le preocupa esa autocomplacencia?

Hay que evitar las comparaciones. Tampoco, por ejemplo, podemos hacer simplemente una política social asistencial. Nosotros huimos de ella, de la caridad mal entendida. Una política social bien hecha tiene que tender a la generación de oportunidades.

¿En Política Social se piensa en el corto plazo?

Y más si hablamos de política, donde se piensa cada cuatro años. Por eso creo que la ciudadanía debe pelear por lograr un cambio. Ahora hablamos más que nunca de lograr la trasparencia. Ante los problemas de corrupción, ante esta crisis de confianza, creo que los partidos se tienen que abrir más. Porque la corrupción es solo la punta del iceberg. El sistema al final beneficia a unas élites que, cada vez, son más ricas, tienen más poder, y se gobierna para ellas.

Pero, ¿cree que se puede gobernar sin los 'lobbies'?

Esto es como todo: hay un punto utópico...

...¿Acabar con la corrupción no es, al final, una cuestión de principios?

Sí hay un punto de ética, muy personal, en ello, y por eso debemos incidir en la educación. Hay que presionar por todos lados. A menudo, cuando hablamos de la corrupción nos quedamos con el corrupto y no pensamos en el que corrompe. Pero, ¿de quién es la responsabilidad? Porque, como mínimo, es de los dos. Y ahora lo que debemos conseguir las organizaciones es que la indignación de la gente se canalice, que se impliquen, que haya un compromiso.

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