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La valoración del gobierno de Rajoy en 5 claves

Mariano Rajoy junto a su equipo de Ministros, XII legislatura

Desde que Rajoy consiguió formar gobierno a finales de octubre, los populares viven un momento dulce propiciado por un contexto político que les ha resultado muy favorable y en el que el foco de atención ha estado puesto en los "problemas" de la oposición. Por un lado, la situación de provisionalidad en la que se encuentran los socialistas, a la espera de elegir al nuevo secretario general, le ha permitido a Rajoy contrarrestar la imagen de un gobierno políticamente débil. Por otro lado, la gran repercusión que ha tenido el enfrentamiento dentro de Podemos, entre los partidarios de Pablo Iglesias y los de Íñigo Errejón, ha servido para enfatizar la imagen del PP como un partido cohesionado y sin problemas internos. Igualmente las dificultades que Ciudadanos está teniendo para no quedar desdibujado contribuyen a reforzar la imagen de éxito del Partido Popular, al haberse frenado el avance de la formación naranja que, a nivel nacional, se nutre principalmente de votantes populares.

Así, no es de extrañar que, pese a su minoría parlamentaria, los primeros cien días de gobierno hayan transcurrido para el ejecutivo de Rajoy sin ningún sobresalto. Ni siquiera las esperadas declaraciones de Luis Bárcenas a mediados del pasado mes de enero, en el marco del juicio por el caso Gürtel, pusieron en apuros al PP, dado que este partido da por amortizado el "efecto Bárcenas", mientras el exgerente no vuelva a cambiar de estrategia y opte por enfrentarse a su antiguo partido e implicar a Rajoy.

Las encuestas también parecen sonreírles a los populares, no tanto porque el PP continúe situado como el partido potencialmente más votado, sino por la falta de pujanza de sus adversarios políticos (gráfico 1). Por el centroderecha, Ciudadanos parece tener grandes problemas para sacar rédito a su perfil de partido moderado y dialogante. Y, por la izquierda, los populares se encuentran con una oposición dividida y diluida, con un PSOE en fase de reconstrucción y un Podemos en fase de reconfiguración tras la victoria de los pablistas sobre los errejonistas.

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La economía griega: carta a los corintios (y otros pigs)

Perros ladrando a los cerdos (alegoría de los dominicos contra los herejes). Capitel del claustro de la iglesia de Santa María la Real de Nieva, en la provincia de Segovia. cc Wikicommons

Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.

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Globalización y satisfacción con la democracia

El Foro Económico Mundial celebrado el pasado mes de enero en Davos

Vivimos tiempos convulsos. Y uno de los fenómenos que los caracterizan es un extendido malestar con las instituciones y el establishment político. Esto ha producido cambios políticos evidentes. No hace falta más que mirar las sacudidas en los sistemas de partidos en nuestro país y en muchos otros. Pero estos cambios no dejan de ser la manifestación más aparente de transformaciones que se fundamentan en cambios actitudinales. Así, uno de los rasgos que caracterizan la evolución de la opinión pública en la última década es el descenso en la satisfacción con cómo funcionan nuestras democracias. El crecimiento de esta insatisfacción es casi general y ha aumentado en casi todos los estados, pero de modo aún más acusado en los países que han sufrido con más contundencia la crisis.

Para muestra, el siguiente gráfico. En él muestro el cambio en los niveles de satisfacción con la democracia utilizando datos del Eurobarómetro de marzo de 1999 y el de noviembre de 2012. La pregunta utilizada es la convencional en este tipo de estudios. En ella se pide a los ciudadanos que contesten cómo de satisfechos están con cómo funciona la democracia en su país, teniendo cuatro opciones: Muy satisfecho, bastante satisfecho, no muy satisfecho, o nada satisfecho. El primer gráfico muestra la evolución de la satisfacción con la democracia para el conjunto de la Unión Europea (una advertencia previa es que en 2012, obviamente, esta incluye a más países que en 1999). El segundo gráfico muestra la evolución para España.

 

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El pesimismo en la izquierda

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El congreso del PP y el de Ciudadanos han sido un paseo para los líderes de esos partidos, especialmente si se comparan con Vistalegre 2 o la división interna que puede dominar el próximo cónclave del PSOE. La tranquilidad de los primeros y el desasosiego en los segundos se corresponden con el estado de ánimo de sus votantes. Veamos qué ha pasado en el último año.

Hace un año, por estas fechas, las empresas demoscópicas escudriñaban el apoyo de la opinión pública a las distintas alianzas entre partidos y se hablaba de la posibilidad de que se formara un gobierno de coalición de izquierdas entre PSOE y Podemos. Pronto se vería que el acuerdo de la izquierda era posible, pero poco probable. En esos momentos todo estaba por hacer y en el ambiente pesaba la excitación de estar estrenando la legislatura del cambio. Se había inaugurado, al fin, un nuevo tiempo político que las encuestas llevaban anunciando desde principios de 2015 y que habían ratificado los resultados de las autonómicas de ese mismo año.

Visto retrospectivamente, y como suele ocurrir con acontecimientos que generan grandes expectativas, al final lo excepcional no fue el desarrollo de la propia legislatura, sino el tiempo que la precedió. Durante los meses previos a diciembre de 2015 no solo se produjo la mejora más pronunciada en la valoración de la situación política desde mitad de los años 90, según los datos del CIS. También aumentó el optimismo ciudadano sobre el futuro, a pesar de que la aparición de nuevos partidos abría un tiempo lleno de incertidumbres.

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¿Por cuánto ha perdido la tendencia de Errejón?

Con un sistema de votación tan complejo, y a la espera de que se publiquen resultados desglosados por parte de Podemos, es posible analizar la victoria de la tendencia de Pablo Iglesias en las votaciones internas desde varios ángulos. No todos son igualmente reveladores. La cuestión es que el resultado más repetido en las primeras horas después de publicados los datos, basado en el cómputo total de puntos de todas las listas, podría estar magnificando la diferencia entre las dos corrientes. Se habla de un reparto porcentual de 50,7 frente a 33,7, lo que implica una ratio de ventaja de 1,5, o del 50%. Sin embargo, comparando los votos de segundos y terceros de lista, parece más bien que la ratio de ventaja entre las tendencias puede estar entre el 1,3 y el 1,2 (o incluso algo menos), lo que daría lugar a un reparto más igualado. Suponiendo que los Anticapitalistas tuvieran el 9%, y eso es solo una suposición, los márgenes de las tendencias podrían encontrarse en el entorno del 51,5% frente a 39,5%, como mucho; y 49,3% frente a 41,7% como poco. Es una victoria clara, pero también muestra un corte más cercano a la mitad del partido.  Doy los detalles para su discusión.

Cada votante en el proceso de participación de Podemos podía repartir hasta 3.069 puntos entre 62 candidatos, con un máximo de 80 para el primero y un mínimo de 19 para el sexagésimo segundo de su lista. Los 155.190 votantes (válidos) de Vistalegre II podían repartir casi quinientos millones de puntos (476.278.110). Se han repartido el 57% de ellos (272.509.298), indicando que muchos votantes no han agotado sus opciones, y han confeccionado listas con menos de 62 candidatos. El votante promedio, de hecho, marcó entre 24 y 25 nombres en su papeleta (medio es medio, unos marcarían 62 y otros solo 2). Son cosas del endiablado sistema de participación que se propuso.

Sumando los puntos obtenidos por todos los de cada lista no creo que se recoja la división más relevante. No quiero hacer hipótesis precipitadas, pero dado que se distribuyen puntos y no votos, hay muchas formas de llegar a un mismo resultado a partir de una distribución de apoyos bastante distinta (apoyos contabilizados como si hubiera una persona por voto).

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Tres titulares del nuevo barómetro del CIS

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1. La derecha valora mejor al líder (interino) del PSOE que la izquierda

Muchos medios de comunicación han destacado que, según el CIS, Javier Fernández es el líder de ámbito nacional mejor valorado por los españoles. No hay duda de que se trata de un titular impactante, especialmente si tenemos en cuenta la profunda crisis de interna que sufre el PSOE tras la caida del secretario general Pedro Sánchez en octubre del año pasado. Sin embargo, se trata de un dato que, si no se analiza de forma adecuada, puede llevar a confusiones importantes. El problema es que no tiene mucho sentido fijarse en la valoración de los líderes entre la totalidad de los votantes, pues de poco sirve si un candidato es muy atractivo entre ese electorado que jamás le votaría. Lo importante para un líder político es tener capacidad de seducir a ese electorado que simpatiza con su partido y que tiene opciones reales de acabar votándole. Es por este motivo que muchos analistas suelen equivocarse al infravalorar a Mariano Rajoy como candidato. Si nos centramos en las valoraciones de los simpatizantes de cada partido, Rajoy es el que goza de una mayor popularidad. El líder del PP obtiene una nota de 6,7 entre su electorado, Pablo Iglesias consigue 6,3 entre sus propios votantes y Albert Rivera una nota de 6,2 entre los suyos. En cambio Javier Fernández de apenas alcanza el 5,1 entre el electorado socialista. No hay duda que en términos comparados, el presidente de la gestora no parece un líder particularmente atractivo entre quienes votaron al PSOE en junio de 2016.

La escasa popularidad del Javier Fernández entre el electorado socialista parece contradecir la afirmación que recogen los medios de que el presidente de la gestora del PSOE es el líder de ámbito nacional mejor valorado. ¿A qué se debe esta aparente paradoja? La respuesta aunque pueda no sorprender es excepcionalmente anómala: el líder interino del PSOE es mejor valorado por la derecha que por la izquierda (véase gráfico 1), algo que jamás había ocurrido en el pasado. El CIS muestra cómo Fernández se ha ganado la simpatía entre la órbita de votantes del PP. A priori eso no sería un problema si no fuera por que se trata de un espacio electoral donde  difícilmenteel PSOE puede ganar nuevos votantes de una forma significativa. El hecho de tener un líder del PSOE mejor valorado entre la derecha que entre la izquierda es un claro de síntoma de la excepcional situación política que vive nuestro país. Nunca el eslogan: "PP y PSOE son lo mismo" había gozado de tanta verosimilitud a ojos del electorado español.

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Nuestros primeros quinientos

En estos años nuestro país ha cambiado mucho: cuando empezamos, Podemos no existía, Ciudadanos solo estaba en Cataluña, CiU todavía era el partido de referencia en Cataluña. Otras cosas no han cambiado mucho: Rajoy se había instalado en Moncloa, el paro era y es el principal problema de nuestro país y el PSOE no tenía un liderazgo creíble y ahí sigue.

La orientación de Piedras de Papel ha sido la misma: un análisis riguroso de la realidad social y política basada en datos. Resumir  lo que hemos cubierto en estos 500 artículos podría dar para varias entradas. Pero he puesto todos los títulos de los 500 artículos en https://tagul.com/create, me he desecho de aquellas palabras que solo aparecían una vez y de los artículos; he retocado un par de colores y sale el resumen gráfico que podéis ver en el gráfico 1.

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Podemos y "los que faltan" (II)

En una entrada anterior de este blog – Podemos y "los que faltan" (I) – inicié una comparación entre los votantes de Unidos Podemos y las Confluencias con aquellos votantes que no habían apoyado a ninguna de estas opciones el 26J pero que señalaban en la encuesta postelectoral del CIS que, con una probabilidad considerable (mayor o igual al 40 por ciento), sí estarían dispuestos a votar a Podemos. Es decir, una comparación entre los votantes de UP y Confluencias con aquellos a los que la formación morada debería aspirar a conquistar para ensanchar su base social y sorpassar al PSOE. Aquellos a los que el secretario político de Podemos suele referirse como “los que faltan”.

De aquella comparación surgían cosas obvias y otras no tan obvias. Entre las primeras veíamos que “los que faltan” (LQF) son en gran medida actuales votantes del PSOE o abstencionistas, que son más moderados en términos ideológicos que los votantes de Unidos Podemos y las Confluencias, y que a diferencia de estos sitúan a Podemos en dos o tres casillas a su izquierda en la tradicional escala ideológica. Pero también veíamos –y aquí las cosas no tan obvias– que LQF se parecen mucho a los votantes de UP y Confluencias en algunas actitudes que suelen ser muy importantes en términos de valores (su actitud hacia la libertad vs. la seguridad, hacia la integración de los inmigrantes, o hacia la prestación de servicios públicos), así como en el nivel de orgullo patriótico o en sus preferencias sobre la organización territorial del estado. Que no es poca cosa.

En esta entrada incorporaré algunos datos más a la comparación e intentaré responder a la pregunta de si este ejercicio comparativo aporta o no al debate actual entre pablistas y errejonistas, aunque –permítanme la advertencia– no prometo ser concluyente ni parcial.

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La izquierda de la izquierda en el gobierno

Los partidos a la izquierda de la socialdemocracia son normalmente pequeños y participan muy poco en el gobierno. Ambas afirmaciones tienen excepciones apreciables. Hoy sugiero una visita a la segunda cuestión ¿Cómo y dónde participa la izquierda de la izquierda en el gobierno?

Me refiero a todos los partidos de izquierda que no son ni socialdemócratas, como tendencia oficial mayoritaria, ni puramente verdes, ni liberales/progresistas. A veces se les llama radicales. En la categoría encontramos partidos comunistas, o sus herederos, cuando no se han convertido en socialdemócratas, así como partidos originados en la nueva izquierda de los años 60-70, y sus descendientes; y partidos formados por rupturas socialistas más de nuestro tiempo, como en Alemania (parte occidental) o, en una escala menor, Francia. Un grupo de mucho fuste es el de los partidos rojiverdes o ecosocialistas del Norte de Europa -son palabras que en romance no son bonitas- en los que confluyen casi todas las corrientes.  Por último, pero no menos importante, encontramos a los nuevos partidos nacidos en este siglo para rivalizar con la socialdemocracia desde la izquierda; en particular, Syriza  y Podemos. Los nombres son afortunados (el primero es un acrónimo).

Tabla 1

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España sigue siendo un destino deseable

Durante la recesión española, el tema de debate más frecuente en cuanto a los flujos migratorios ha sido el aumento de la emigración desde España, tanto de inmigrantes que habían llegado a España durante los años anteriores como de jóvenes españoles que migraban a otros países. Sin embargo, poca atención se ha prestado a los flujos de entrada en España durante los peores años de la crisis económica.

Al foco mediático puesto en la emigración se sumaba la evidencia empírica de cómo el rápido crecimiento de población inmigrante que comenzó en el año 2000 se había interrumpido en 2008. Desde 2009 el crecimiento de la población nacida en el extranjero ha estado próximo a cero, o incluso ha sido negativo (Gráfico 1).

Sin embargo, la estabilización del tamaño de la población escondía un relativo dinamismo de los flujos migratorios: mientras parte de los inmigrantes que vivían en España decidían volver a sus países de origen o migrar a un tercer país, un contingente considerable de inmigrantes seguía llegando a España. Así, una parte de la cifra total de residentes se corresponde en realidad con población en rotación.

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