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Una cierta verdad

“Una cierta verdad” es la mirada de Abel García Roure, al mundo de las enfermedades mentales, más particularmente centrada en cinco historias que durante dos años han sido la referencia para arrojar un poco de luz a qué ocurre dentro de las personas con este tipo de enfermedades. Se desarrolla en el centro psiquiátrico Parc Taulí.

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Fotograma del documental "Una cierta verdad"

Fotograma del documental "Una cierta verdad"

Hace unos días me topé de casualidad con el documental “Una cierta verdad” (2008) y me pareció un ejercicio de un enorme respeto tanto al tema que trata como al género en que se desarrolla.

“Una cierta verdad” es la mirada de Abel García Roure, al mundo de las enfermedades mentales, más particularmente centrada en cinco historias que durante dos años han sido la referencia para arrojar un poco de luz a qué ocurre dentro de las personas con este tipo de enfermedades. Se desarrolla en el centro psiquiátrico Parc Taulí.

Lo que más me llamó la atención del documental es que su mirada es aséptica pero no es fría, trata con un cariño tremendo cada testimonio, pero a la vez no se deja inundar por lo que está contando. A través de las palabras de los cinco protagonistas cuyas historias van tomando cierto peso. También se muestra la voz de los profesionales, tantas veces infravalorados.

La historia central sobre la que pivota el documental es la de Javier, un hombre que tiene un universo propio, con una capacidad enorme para expresarse, tanto a través de sus pinturas o como sus escritos. Expresa su enfermedad con el término “radio mental”. Lo más llamativo es que su corpus lógico es coherente, dentro de su realidad todo tiene lógica y no extraña.

Javier es uno de los que da la cara y se muestra tal y como es, mientras que el resto prefieren mantener su identidad oculta. Nos muestra con todo lujo de detalles un mundo interior muy rico en detalles. Sus pinturas y sus explicaciones son magnéticas y rompen de manera radical con el concepto de enfermo mental. La escisión del “yo” y su caso, plantea durante la charla de los psiquiatras un retrato de cómo la enfermedad puede ofrecer ciertos datos para poder tratarse.

Javier cuestiona constantemente el sistema, plantea preguntas lógicas desde su punto de vista. “No necesito medicación” dice en algún momento del documental. Cuestiona desde el punto de vista relativista posmoderno el hacer de los sanitarios.

La mirada de este documental cuestiona los puntos de vista maniqueístas, no quiero decir con esto que no sean enfermedades mentales, estoy diciendo que el concepto de enfermedad mental es algo que hay que tratar con cuidado y que sus límites parecen difuminarse cuanto más nos acercamos. Sobre todo hay que empezar a dejar de tratarlos como personas irracionales, de tratarlos desde su enfermedad y tratarlos como “personas únicas” como dice una de las psiquiatras del centro. ¿Cómo se puede facilitar la vida de esa persona? ¿Qué necesidades tiene? Digamos que cada persona tiene unas necesidades distintas y que dentro de la enfermedad hay miles de matices, de cosas distintas, de aristas…

Este documental pone sobre la mesa la fragilidad del ser humano y cómo cualquier circunstancia traumática puede desgarrarnos de tal manera que nos separe de la realidad.

El tratamiento de los pacientes es exquisito, con un total respeto y humildad, escuchando y dando espacio a las opiniones, por muy disparatadas que sean. Un ejemplo de buen hacer y de buen cine documental.

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