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Revisando el concepto de innovación y su impacto (y II)

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Si la semana pasada iniciábamos el análisis de los resultados obtenidos en el estudio " Innovación y desempeño económico en la empresa valenciana", esta semana seguimos reflexionando en torno a la innovación y sus alrededores, en particular en lo referido a aspectos relacionados con el tamaño y la eficiencia.

Lo más preocupante de los indicadores de innovación que se suelen manejar reside en que no informan sobre la profundidad, alcance o impacto potencial de la “capacidad innovadora” de las empresas que se autodenominan innovadoras. El indicador incluye como innovadora a cualquier empresa que así lo haya marcado en la encuesta, sin más. El cuestionario oficial de la Encuesta de Innovación Tecnológica del INE tan sólo pregunta si en el trienio anterior (2013-2015) su empresa introdujo innovaciones de bienes o de servicios.

Ante esta problemática, sería de alto interés averiguar “Qué relevancia tiene la innovación y de qué tipo es, en las empresas de alto crecimiento y rentabilidad”. Esto supondría aplicar un enfoque hacia atrás, comenzando por las empresas con éxito y a continuación, tratar de averiguar en qué medida innovan y cómo son (si las hay) sus innovaciones.

Posiblemente descubriríamos que algunas, o bastantes empresas, son rentables o crecen en sus mercados, innovando en aspectos no muy evidentes, como en algún tipo de coste, adoptando algunas rutinas organizativas distintas, gestando relaciones con proveedores distintos. Innovan en modalidades o aspectos poco habituales y reconocidos.

Esta constatación reafirma mi impresión de que la innovación se ha convertido en un contenedor demasiado amplio y heterogéneo en el que cabe prácticamente todo. Es tiempo pues de plantear una revisión del término que reconozca su complejidad y atienda a sus diversas facetas, diferentes niveles y finalidades y, ante todo, a la multiplicidad en cuanto al alcance de su impacto sobre el desempeño empresarial y sectorial.

El Manual de Oslo ha ido ampliando paulatinamente las modalidades de innovación, pero un bloque fundamental como es el de los impactos de la innovación se mantiene prácticamente inalterado desde la primera versión del Manual en los 90. El principal indicador de impacto sigue siendo el “porcentaje de ventas procedentes de productos tecnológicamente nuevos” y de “productos tecnológicamente mejorados”. La Encuesta de Innovación tecnológica del INE lo sustituye por el similar “productos nuevos para el mercado” y “nuevos para la empresa”. Pero. ¿están las empresas en condiciones de conocer en qué medida sus productos son nuevos para el mercado y más aún, de determinar qué porcentaje representan en sus ventas? Difícil ejercicio.

El Manual Oslo insta a que las empresas cuantifiquen la variación registrada en ventas, empleo, exportación y margen de beneficios vinculada a productos novedosos lanzados en los últimos 3 años. Misión casi imposible para la gran mayoría de compañías cuya contabilidad es global y no desglosada por líneas de productos. De hecho, la Encuesta de Innovación del INE ni siquiera formula estas preguntas, dejando prácticamente inédito el bloque de impacto de las innovaciones.

En definitiva, las metodologías vigentes para determinar la capacidad de innovación y su impacto en el desempeño empresarial son, cuanto menos, discutibles, insuficientes e imprecisas. Como consecuencia, los indicadores de innovación que se dan por buenos a todos los niveles: académicos, sociales, empresariales y políticos, presentan serias deficiencias y no informan adecuadamente sobre los aspectos que realmente interesan de la innovación: su valor como factor competitivo y su impacto real sobre el crecimiento y expectativas de las empresas y sectores productivos.

Por todo ello, la revisión del término innovación y la forma de medirlo es prioritaria e inaplazable porque la capacidad de innovación no es algo homogéneo o monolítico, no es un constructo uniforme que se pueda medir de forma objetiva con un único indicador. Por el contrario, es aconsejable desagregarlo en diferentes vertientes o aspectos por medio de metodologías multi-ítem, buscando mayor precisión y reducir los niveles de subjetividad de las preguntas directas tipo “califique si su empresa es innovadora o no”.

El debate para redefinir el término “innovación” y especialmente los indicadores empleados para medir su impacto, debería iniciarse cuanto antes.

Por otra parte, mi intuición me decía que el impacto de la innovación podría estar modulado o influenciado por una serie de factores o características de las empresas. Y en efecto, nuestro estudio descubrió que la innovación reforzaba o limitaba su impacto económico en función de la presencia de determinados factores, en realidad características idiosincráticas o demográficas de las empresas. Estos factores son:

1. El tamaño empresarial: Aparece como el factor más potente. Actúa como un amplificador, y por tanto multiplica el efecto que la innovación tiene sobre el desempeño empresarial.

2. Nivel exportador: Igualmente, una mayor propensión a exportar impulsa el impacto que la innovación tiene sobre el crecimiento y otros componentes del desempeño empresarial.

3. Digitalización: Un tercer factor catalizador del efecto de la innovación sobre el desempeño es el grado de implantación de las tecnologías digitales y uso de webs completas y actualizadas.

Es como si la innovación, al pasar por el tamiz de estos tres ingredientes, consiguiera sacar mucho más jugo y una repercusión mucho mayor sobre la posición competitiva de las empresas.

La dimensión aparece como el más determinante. Seguramente los proyectos de innovación que emanan de empresas con un tamaño considerable (y si están abiertas a mercados exteriores y al uso de las herramientas de digitalización, mejor) cuentan con más probabilidades de recabar el apoyo de programas públicos, nacionales o europeos, merced a la disponibilidad de equipos humanos altamente cualificados, propios o subcontratados, para redactar estos proyectos. Y ese impulso económico les abre las puertas a encontrar partners tecnológicos, comerciales… esenciales para desarrollar los proyectos y lanzarlos al mercado. Recursos que no están al alcance de empresas de menor tamaño.

Explicado de forma sencilla: a igual esfuerzo por innovar, si su empresa es de mayor tamaño, exporta regularmente y posee un alto nivel de digitalización, los resultados y la rentabilidad que le sacará a sus innovaciones, cualesquiera que sean, será mayor.

Finalizaré tratando de aportar recomendaciones especialmente dirigidas a las empresas que en España peor lo tienen ante la innovación, las de menor dimensión y poco exportadoras.

Atendiendo a los resultados de nuestro estudio, descubrimos algunos indicadores con una incidencia mínima o nula sobre el desempeño económico. En nuestro estudio son la “Predisposición a Innovar”, el “Impacto de la Innovación” y la “Capacidad para introducir nuevos productos al mercado nacional e internacional”.

Las empresas, principalmente las de reducido tamaño, no deben ofuscarse en mejorar sus puntuaciones en estos indicadores sino en otros que por suerte sí demuestran estar más vinculados con un desempeño mayor o menor a nivel económico, y nos son tan dependientes del tamaño empresarial. Concretamente, la “Cooperación para Innovar”, los “Obstáculos a la innovación” y la “Estrategia empresarial ante la Innovación” (proactiva o defensiva), sí discriminan a favor de unas empresas frente a otras. Por tanto, a la hora de identificar qué empresas pueden sacar más partido y ventaja económica a la innovación, los indicadores que debemos seguir con detenimiento son los que informan sobre la cooperación con otros agentes para innovar, especialmente con los agentes de investigación. También conviene fijarnos en la incidencia que atribuyen a los posibles obstáculos o barreras a la innovación. Y finalmente, en la propia estrategia empresarial a fin de descubrir si su planteamiento es ofensivo o proactivo, o por el contrario es defensivo y pasivo.

En definitiva, nuestro estudio ratifica que las empresas que más crecen y son más competitivas suelen reconocer el valor de las actividades en I+D de los centros de investigación, y solicitan la transferencia de sus resultados de investigación.

El efecto paralizante de los obstáculos a la Innovación es considerable y las empresas que se ven atenazadas por los diferentes obstáculos suelen resentirse también en su desempeño económico. Por el contrario, las empresas que no temen la incidencia de estos obstáculos no sólo innovan más, sino que sus innovaciones impulsan sus indicadores económicos, especialmente el crecimiento.

También constatamos que la decisión de innovar contiene un elevado componente estratégico. Para ampliar el número de empresas auténticamente innovadoras hay que empezar por convencer a sus directivos a que aboguen por estrategias más ofensivas y atrevidas. Pronto descubrirán que para lograr sus objetivos más ambiciosos deberán de apostar por el desarrollo de innovaciones con amplia novedad y que busquen lograr un impacto considerable en el mercado.

Y finalmente, acometer proyectos de innovación más ambiciosos y de mayor alcance es vital. Para paliar la desventaja del menor tamaño, las PYMEs deberían apoyarse más en consorcios y programas de cooperación en I+D. La exportación y la digitalización son también excelentes aliados porque estimulan la innovación y ayudan a que multiplique su impacto.

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