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The Guardian en español

OPINIÓN

Estudiar idiomas en el colegio no tiene sentido

Es la mayor de las falacias políticas, hacer importante lo que es mensurable y no mensurable lo que es importante.

Simon Jenkins

La política de educación es como la política de defensa. Siempre está luchando una guerra y siempre es la definitiva. Se cumple el mal presagio de la caída en el número de estudiantes en clases de idiomas, que se ha reducido un 10% en un año en Reino Unido, mientras que en Alemania ha descendido un tercio. Solo el chino y el árabe parecen razonablemente en buena forma, y me pregunto si esto se debe a que cada vez hay más chinos y árabes en el sistema educativo.

Los alumnos no son estúpidos. Eligen las asignaturas que creen que serán importantes para su futuro. Y los idiomas europeos no lo son. Europa está adoptando universalmente el inglés como lengua franca. Las universidades europeas son cada vez más entornos anglófonos. Además, la traducción, tanto escrita como hablada es susceptible de ser informatizada (igual que las matemáticas).

Aquellos que tienen que aprender alemán para vivir allí pueden hacer una inmersión, que es más rápido, eficiente y mucho más barato que sentarse en un aula una hora a la semana durante años —la forma perfecta de no aprender un idioma, sino de olvidarlo—. El alemán debería ser un conocimiento especializado para aquellos a los que les gusta o lo necesitan y puede ser enseñado como tal.

Como el actual culto zombi a las matemáticas, los idiomas son objeto de amor de los educadores más conservadores por una razón: son fáciles de examinar, cuantificar y organizar. Son la materia prima para el nuevo Santo Grial de la educación, la tabla de clasificación. Cuestiona la utilidad de tales asignaturas y los profesores recurrirán al viejo “entrenamos la mente”. Solían decir lo mismo del latín —y del castigo corporal—. Entonces cambian y afirman que los estudiantes de matemáticas e idiomas “obtienen mejores resultados”. Nunca se les ocurre que, como con el latín, los alumnos exitosos son aquellos que saben cómo complacer a sus profesores.

La informática está transformando claramente la educación. También muestra lo que los ordenadores no pueden hacer y lo que los buenos profesores, sí. No puede inspirar a los alumnos con las maravillas del mundo científico. No les puede guiar por las glorias y los horrores de la historia europea. No puede desplegar el drama humano de la literatura o el gran misterio del medioambiente. Un ordenador no puede enseñar las habilidades diarias de hablar, escuchar, debatir, de la presentación personal y la confianza.

El sistema educativo se sumerge cada vez más en su única obsesión: cómo les ha ido a las instituciones y a los estudiantes en los exámenes. Es la mayor de las falacias políticas, hacer importante lo que es mensurable y no mensurable lo que es importante.

Alemania es el país europeo más importante de nuestros días. Enseñen su historia, disfruten de su cultura, analicen la fuerza de su economía. Visiten sus ciudades y las zonas rurales y vean cómo están mejor organizados y protegidos respecto a nosotros. En comparación, aprender alemán no es tan importante.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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