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OPINIÓN

No podemos sucumbir ante el desastre del Brexit

Las consecuencias del referéndum parecen terroríficas: el caos económico, el resurgir del racismo y la ruptura de Reino Unido. Tenemos que luchar contra múltiples amenazas

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Jóvenes británicos se manifiestan contra el Brexit en Londres el 28 de junio.

Jóvenes británicos se manifiestan contra el Brexit en Londres el 28 de junio. EFE

Puedes llorar por tu país o intentar salvarlo. Reino Unido está siendo sacudido por su mayor crisis desde la guerra y esto solo acaba de empezar. Se tardará años en resolverla. Millones de personas que votaron a favor del Brexit están muy satisfechas con el resultado. Para los otros millones de personas que optaron por permanecer (en la UE), todo esto es como una pesadilla. Tan solo pensar en los años que vienen es tan agotador como terrorífico.

Desde el caos económico hasta la legitimación de la xenofobia y del racismo, desde el próximo desmantelamiento del Reino Unido hasta las tensiones en el proceso de paz de Irlanda del Norte. Desde el ascenso del ala más conservadora de los tories hasta los ataques que se avecinan sobre todas las cosas, tanto sobre los derechos de los trabajadores como sobre el NHS (la sanidad pública). Desde la inevitable furia que seguirá al abandono por la campaña del Brexit de sus promesas inalcanzables hasta el castigo inevitable de una UE que teme por su existencia y que sufre el impacto del Brexit. Cualquiera de estos problemas sería difícil de tratar de manera independiente. Todos llegan juntos y lo hacen rápido.

Una respuesta puede ser simplemente levantar los brazos, quejarse desesperadamente y rendirse. Esto no es una opción. Sería irresponsable –incluso autodestructivo– ser un espectador pasivo mientras tu país es devastado. Muchos de los que votaron a favor del Brexit seguramente se arrepentirán de su decisión. Esto no significa revocar la voluntad expresada democráticamente por los británicos –lo hecho, hecho está– pero aporta esperanza para hacer frente a la crisis que envuelve al país. Los jóvenes británicos no querían que esto pasase y ellos son los que más sufrirán.

El Reino Unido postBrexit necesita una campaña masiva para afrontar las amenazas que he descrito más arriba. Llamémosle Proyecto Esperanza o Salvemos Nuestro Futuro: esto se lo dejo a alguien con más imaginación. Pero debe ser una campaña que movilice a la gente en favor de un Brexit justo. Que active a la gente para defender el Sistema Nacional de Salud y los derechos de los trabajadores frente al ascenso de la derecha tory; que luche contra la xenofobia y el racismo que tienen ahora una aceptación y una respetabilidad renovadas. Hay que hacer campaña sobre las cuestiones –tales como la falta de viviendas a un precio asequible o la seguridad laboral– que han alimentado el sentimiento contrario a la inmigración.

Debe centrarse en movilizar particularmente a la gente joven: si alguna vez ha habido una sacudida dramática que pueda romper su resignación política, seguramente sea esta. Hay que reunir a las organizaciones de base –algunas como Reclaim in Manchester, que busca preparar a gente joven de clase trabajadora para que se conviertan en líderes– así como a personas muy conocidas a los que los jóvenes ven como un ejemplo a seguir.

¿Es esta propuesta superficial y poco detallada? Sí, por supuesto. Y se lanza ahí fuera para debatir cómo hacer que funcione. Pero Reino Unido está ahora haciendo frente a una crisis existencial. No podemos sucumbir a los desastres que aparecerán inevitablemente. La desesperación y la miseria minan la energía y nada más. Es el momento de canalizar estos sentimientos hacia algo útil y productivo, que pueda ayudar a garantizar un futuro en el que valga la pena vivir.

Traducido por Cristina Armunia Berges

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