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Ana Botella, la mujer mujer de Aznar

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Siendo presidente del Gobierno, Aznar dijo que lo que le gusta de un hombre es que sea “responsable”. De las mujeres, por su parte, destacó: “A mí me gusta que la mujer sea mujer mujer”. Con “mujer mujer” no supimos entonces qué había querido decir, aunque sospechamos que apuntaba a lo que escribió en su retrato o perfil de Ana Botella, de su libro Retratos y perfiles, publicado en 2005 por Planeta: “Ana siempre ha sido una militante activa de los derechos de las mujeres, en la vida política y en la vida personal. Nunca se ha declarado feminista, y tampoco creo que haya estado de acuerdo, aunque los respete, con los principios y las actitudes feministas. Ahora bien, siempre ha sido fiel a un principio de igualdad básica entre los hombres y las mujeres”. Que Ana siempre haya sido una militante activa de los derechos de las mujeres es la primera noticia que tenemos. Que no sea feminista lo dábamos por hecho. Pero que se destaque de ella que defienda la igualdad básica entre hombres y mujeres da la altura de dónde pone el ex presidente el listón de las cualidades de su mujer mujer.

Ana Botella llegó a ser alcaldesa del Ayuntamiento de Madrid porque Alberto Ruiz-Gallardón abandonó el cargo para ser ministro del Gobierno de Rajoy, y ella era la número dos de su lista. No tenía ningún mérito para estar donde estaba y para llegar a ser alcaldesa, excepto que era la mujer de José María Aznar, y la mayoría, incluidos muchos del PP (y no solo aguirristas), coincide en su ineptitud, que se evidencia, sobre todo, en su extraordinaria incapacidad verbal y en un mando errático a ojos vista e iracundo a puerta cerrada (fuentes de su partido aseguran que cuando se enfada en las reuniones, y es frecuente, se le hincha una vena en el cuello y chilla de forma histérica; Aznar los llama “sus arranques de genio”). La gestión de la tragedia del Madrid Arena ha destrozado su ya maltrecha imagen: dar por buenos, directamente o a través del ahora ex vicealcalde Miguel Ángel Villanueva, los datos del aforo indicados por la empresa organizadora del macroconcierto; proteger a De Guindos, responsable del área de Seguridad y, por tanto, de la muy criticada actuación aquella noche de Samur y Policía Municipal; negarse a dimitir o, siquiera, a planteárselo. Y lo peor, lo que menos perdonan los ciudadanos porque apela a lo emocional, a lo más humano, a esos gestos imprescindibles en un político en situaciones como la de la noche de Halloween: seguir con sus planes familiares de vacaciones en un spa&golf en Portugal.

El PP está actualmente en pleno debate interno sobre la persona adecuada para su candidatura a las elecciones municipales de 2015. Aznar cree que esa persona debe ser Ana Botella. Pero, más allá de sus bochornosas y ya célebres perlas siendo concejal de Medio Ambiente y de Asuntos Sociales (las peras y las manzanas para explicar su oposición al matrimonio gay, la boina de contaminación que no veía sobre Madrid, la Cenicienta como ejemplo de mujer (¿mujer?) que recibe malos tratos sin rechistar etcétera etcétera etcétera); más allá de la gestión general durante su año como alcaldesa de Madrid; y más allá de la gestión particular de la tragedia del Madrid Arena, ¿qué méritos tiene Ana Botella?

Veamos lo que dice su propio marido en el retrato o perfil publicado por Planeta, siempre considerando que un marido, en condiciones normales, tenderá a tener una opinión algo inflada de su santa esposa. Lo primero que le llamó a él la atención de ella es que era “una chica muy guapa –increíblemente guapa-“. En el siguiente párrafo, con la Acrópolis de Atenas iluminada por la luna, Josemari vuelve a recordar a “aquella chica tan guapa”. El párrafo siguiente comienza diciendo que “Ana destacaba, como sigue destacando, por su belleza y su personalidad”. Bien, está muy bien que tu marido te vea guapa. Yo no soy el marido de Ana Botella, así que nada que objetar. Enseguida deciden casarse y Josemari comenta sobre su mujer mujer: “Como es natural, Ana quería seguir su carrera profesional”. ¡Tate!, la referida fidelidad de ella al principio de igualdad básica entre hombres y mujeres.

Aznar reconoce en su retrato o perfil que a Botella no le interesaba la participación directa en política, “sentía que era una actividad insegura y arriesgada”, aunque “le interesaban, eso sí, los asuntos generales y estaba dispuesta a colaborar en lo que estuviera en su mano”. “Tampoco le gustaba la perspectiva de una vida volcada en las actividades sociales, en los viajes, en las relaciones y en los compromisos”, continúa evocando Aznar, “Ana tenía y sigue teniendo una concepto muy profundo de la vida familiar”. ¡Tate otra vez!, aquí tenemos la clave para entender por qué se fue a Portugal en plena tragedia del Madrid Arena: entre la familia y los compromisos, Ana, como mujer mujer que es, siempre elegirá la familia.

Volvemos a los recuerdos de Aznar, que señala que Botella se fue convirtiendo, sin embargo, “en la persona más importante de mi carrera. Me acompañó, hizo viajes por su cuenta (¿?), acudía a los actos, hizo conmigo todas las campañas electorales y me apoyó incondicionalmente (…) la carrera profesional de Ana estuvo siempre, desde el mismo momento en que yo me dediqué a la política, determinada por mi propia actividad”. Está claro que detrás de un hombre responsable siempre hay una mujer mujer. Una experiencia impagable para ser alcaldesa de una ciudad como Madrid.

“Ana es una mujer sumamente inteligente, con un gran carácter y siempre ha seguido siendo tan guapa como aquel primer día en que la conocí”, sigue el marido. Aunque se le va un poco la mano: “Esa combinación de inteligencia, de genio y de belleza me resultó irresistible desde aquellos dos días en Atenas, y a día de hoy su capacidad de encanto y de seducción sigue intacta”. Muy bueno todo eso para ser alcaldesa, desde luego. Y recuerda que “en La Moncloa cumplió con profesionalidad una tarea difícil y exigente como es la de ser la esposa del Presidente del Gobierno, tener las cosas siempre a punto y además seguir siendo la base de nuestra familia”. ¿A qué se referirá Aznar con tener las cosas siempre a punto? Quizá no puedo saberlo porque son capacidades propias de una mujer mujer y yo soy mujer a secas, si acaso. De cualquier modo, tener las cosas siempre a punto es importantísimo para ser una buena alcaldesa. Insiste el marido, una y otra vez, en lo de la familia, en lo de hablar todos los días por teléfono con los hijos, y llega al paroxismo: “Además de afianzar nuestra familia con los años, ha contribuido a mantener mi cordura”. Vaya, que se le podría haber ido la olla sin ella. NO lo sabíamos. Pues eso es muy importante también para el Ayuntamiento, sí, señor.

Pero lo más reseñable para comprender su promoción dentro del Ayuntamiento de Madrid y entender su posible candidatura como alcaldesa en las próximas elecciones es su experiencia previa. Cuenta Aznar que Botella “se comprometió activamente en la solidaridad. Constituyó la Fundación REALIZA, que ayuda a encontrar trabajo a mujeres que salen de la cárcel en circunstancias a veces muy difíciles”. Anda, mira. Así que no sorprende que con tan abultada trayectoria política y solidaria “cuando ha tenido la oportunidad de ejercer un cargo de responsabilidad política en el Ayuntamiento de Madrid, ha optado, como es lógico, por dedicarse a las cuestiones sociales”. Superlógico, Josemari. Una mujer mujer de bandera de Colón. De esas a las que, después de la familia, de la carrera de su marido, de tener las cosas siempre a punto y de ser alcaldesa de Madrid, les queda tiempo, incluso, para escribir cuentitos infantiles en los que habla a los niños del aborto o asegura, como en El conejito burlón, que las reivindicaciones a favor de la igualdad de la mujer "ya son innecesarias" hoy. Qué mujer mujer. Una mujerona mujerona. Siendo así, qué necesidad vas a tener de “estar de acuerdo con los principios y actitudes feministas”. Sobre todo con las actitudes.

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