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¿Importamos ya?

¿Por qué no se habló sobre cuestiones de género en el debate Iglesias-Rivera?

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Ayer se celebró un debate entre los dirigentes de Ciudadanos y Podemos, presentado por Jordi Évole. La única diferencia que vimos, comparado con otros debates (además de que aseguran que no estaba pactado, que ya es bastante), es que el escenario era un bar. Pero la estructura y el fondo siguen siendo los mismos: un hombre pregunta y modera a otros hombres que debaten sobre los temas que creen que interesa a toda la población: población formada por otros hombres, sí, pero también por mujeres.

La única conversación relacionada de alguna forma con el género se produjo antes del debate en sí mismo, antes de sentarse a la mesa donde iban a abordar los temas "importantes". Évole preguntó a Pablo Iglesias y a Albert Rivera quiénes le acompañaban a debates como aquel. Rivera contestó que un equipo de tres hombres y Pablo Iglesias aseguró que uno de tres mujeres.

Acodado en la barra del bar, Rivera rió ante el comentario de Pablo Iglesias. Sí, se rió. Y añadió: “¡Te rodeas de tías!”. Le faltó preguntar: “Pero vamos a a lo importante, ¿a que están buenas? Jeje”, guiño, guiño, patada, patada.

Y gracias a que el equipo de Iglesias está formado por mujeres, salió el tema -dio la impresión que por casualidad- de las cuotas de equidad, que Rivera despacha rápido con un "no estoy a favor de las cuotas ni para bien ni para mal". ¿Qué es bien y qué es mal en las cuotas de equidad? ¿Sabe Rivera qué significan y qué implican estas cuotas para la igualdad? 

Évole preguntó todo tipo de cuestiones durante el debate. Temas como la economía, la sanidad, la educación, cosas importantes, problemas vitales que tenemos que resolver, y obviamente, el presentador quería sacar las opiniones de ambos políticos.

Pero también se habló de temas como el acercamiento de presos de ETA y de cuánto les había devuelto Hacienda en su última declaración. No digo que lo primero no tenga valor informativo (sí que no lo tiene lo segundo) pero, ¿cómo es posible que se hable de temas como éstos y se ignoren asuntos vitales como la desigualdad de género que vivimos o sobre la violencia machista, que no cesa? ¿Cómo es posible que se vuelva a hablar en otro debate sobre Cuba y Venezuela y no sobre la mitad de la población que formamos las mujeres en España? ¿Por qué en el debate posterior presentado por Ana Pastor tampoco los representantes del resto de partidos (cinco hombres y sólo una mujer) denunciaron que se ha vuelto a ignorar la desigualdad de género y la lacra de la violencia machista? ¿Cómo es posible que sólo Alberto Garzón nombrara de refilón la importancia del feminismo? ¿Por qué la mitad del país importa tan poco y la otra mitad importa tanto?

La portada de El Mundo decía lo siguiente el domingo:

elmundo

¿Ahora importamos? ¿O ni por ésas? ¿Tan alienadas nos presuponen como para no darnos espacio en la campaña? ¿Tan bien sabe la clase política que ese medio millón de mujeres no espera ya de ellos que se las tenga en cuenta, que hasta pasan de abordar el tema en debates? ¿Qué pasaría si ese medio millón decidiéramos nuestro voto no sólo mirando por el país sino también considerando las políticas de igualdad que nos ofrezcan en esos mismo debates?

¿Y si ese medio millón se siente defraudada porque ve la política como algo masculino, ajeno y dado por perdido? ¿Y si ese medio millón viera, de pronto, que se habla de ellas en un debate en televisión: que sienten que importa a la gente que hay sentada a esa mesa? ¿Seguirían sintiéndose frustradas como dice la noticia de El Mundo? ¿Qué pasaría si los partidos se pararan a pensar en que tenemos un problema contra el que sólo hacen ridículos esfuerzos por eliminar? ¿Cómo influiría un hipotético nuevo interés de la clase política por la igualdad en las elecciones? ¿Seguirían esas 500.000 españolas tan indecisas y decepcionadas? ¿O irían a votar convencidas porque sentirían que la cosa empieza a ir con ellas? ¿Dónde iría ese medio millón de votos si se defienden en debates televisivos en prime time las cuotas de paridad? ¿Y si se proponen políticas para acabar con la brecha salarial y el techo de cristal? ¿Y si se alza la voz sin complejos sobre la importancia de políticas que empoderen a la mujer y no que las ningunee o las ignore?

Surgen muchas preguntas que, de momento, no van a tener respuestas, ya que no está entre las preocupaciones de la clase política. Porque, una vez más, ni teniendo en nuestras manos un posible giro del resultado electoral, parece que importemos demasiado.

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