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El día que Pablo Escobar (el del anuncio de Netflix) mató al periodismo

El anuncio de Netflix en la Puerta del Sol de Madrid. | FOTO: G.L.

Gumersindo Lafuente

Hoy Pablo Escobar es un anuncio de Netflix. O una polémica porque nos felicita la “blanca navidad” desde la Puerta del Sol. Pero en su viaje del cártel de Medellín al cartelón del centro de Madrid, Escobar dejó un reguero de sangre. Aunque ahora se nos presenta bajo la piel y el rostro desafiante del actor brasileño Wagner Moura, no podemos olvidar en ningún momento que asesinó a policías, soldados, políticos, niñas y niños, compinches, competidores... Que derribó aviones, puso coches bomba y tuvo por años a una ciudad –Medellín– y a un país –Colombia–, encogidos de miedo y de dolor.

También mató a periodistas. Y, qué casualidad, ahora que caminamos hacia el final de 2016 bajo la atenta mirada del “héroe” de Netflix, justo este 17 de diciembre se cumplen 30 años del asesinato por orden de Pablo Escobar de don Guillermo Cano, director de El Espectador, miembro de la familia propietaria del diario y látigo valiente y solitario de los desmanes del jefe del Cártel de Medellín.

A Escobar le preocupaba el periodismo. Lo sedujo o lo amenazó. Lo compró y lo manipuló. Y cuando no logró acallarlo, lo eliminó. El caso de El Espectador es paradigmático. Era el diario más influyente de Colombia, pero de alguna manera perdió su batalla contra el capitán de los narcos.

Hoy, resucitado, lo dirige Fidel Cano, sobrino de don Guillermo. Y es muy útil escuchar sus recuerdos de lo que pasó, muy lejos de la mirada cinematográfica de la serie del anuncio de Sol: “El Espectador estuvo muy solo y muy cerca de Lara Bonilla (el ministro de justicia también asesinado por orden de Escobar). Apenas unos pocos se atrevían en ese momento a levantar la voz. En realidad, a los narcos, se les veía como a un grupo de gente exótica que compraba fincas y no se le daba mucha importancia. Fue después del asesinato de don Guillermo cuando la prensa colombiana empieza a reaccionar, pero antes de eso era totalmente acomodaticia con el fenómeno, incluso algunos presentaban a Escobar en programas de televisión como el Robin Hood, un gran benefactor de las clases populares. Por mucho tiempo El Espectador fue una voz solitaria, incluso por ser tan vehementes sufrimos acusaciones de generar la violencia. Pasamos de víctimas a victimarios”.

Pero Escobar no se conformó con la muerte de Guillermo Cano. Siguió apretando. Logró que El Espectador dejase de circular en Medellín y en toda Antioquia, asesinó a varios gerentes del periódico y, por fin, el 2 de septiembre de 1989 colocó un camión bomba que reventó la sede central del diario en Bogotá. “Fue terrible –recuerda Fidel Cano–. Era un sábado, muy temprano, y cuando llegamos y vimos el panorama pensamos que habíamos perdido la batalla. Entre todos limpiamos los escombros. Finalmente se consiguió que funcionase un cuerpo de la rotativa y logramos sacar el periódico”.

'¡Seguimos adelante!', titularon ese día superando el dolor. Pero en realidad el periódico, el periodismo, estaba herido de muerte. “Quedamos en la ruina –sigue relatando Cano– y, al final, hubo que vender el diario al grupo Santo Domingo [una de las compañías industriales más poderosa de Colombia, propietaria también de Caracol Televisión]. Por fortuna lo mantienen como una parte de su responsabilidad social. Estuvimos como semanario 7 u 8 años y en el 2008, cuando otros empezaban a cerrar, volvimos como diario”.

Hoy El Espectador ha recuperado buena parte de su influencia y Colombia está más pendiente de terminar su guerra con las FARC que de recordar los años de plomo de Pablo Escobar. Pero la fuerza de las series (ya se está rodando la tercera entrega sobre el Cártel de Cali) ha resucitado al personaje y lo ha metido en nuestras casas barnizado de héroe de ficción y convertido en un producto de consumo que hay que vender. Entiendo que a los colombianos no le guste el cartel de Sol, como supongo que a los españoles no nos haría ninguna gracia ver una ironía publicitaria en Times Square a costa del 11M. Me niego a entrar en esa polémica, pero sí me parece importante recordar quién fue y qué hizo, de verdad, Pablo Escobar.

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