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Cuando Rajoy despertó, Cataluña ya no estaba allí

El problema catalán ya sólo lo resuelven las urnas. Pero no las del 27S, que van a tensar aún más la cuerda, sino las de un referéndum que puede terminar de romperla pero también es la única manera de evitarlo.

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Cuando Rajoy despertó, Cataluña ya no estaba allí. El presidente se ha pasado la legislatura durmiendo el problema catalán como hace con todo y cuando ha decidido despertarse para hacer campaña, los catalanes ya no estaban y el problema era del tamaño de un dinosaurio. En lugar de hacer ofertas, templar los ánimos o tender puentes que disminuyeran el impacto del choque de trenes, ha preferido seguir por la misma vía de confrontación que no ha hecho más que acelerar la locomotora independentista.

Los otros también son responsables del impacto, claro, pero la responsabilidad de Rajoy es mayor porque es el presidente de todos los españoles y tiene la obligación de conciliar a todas las sensibilidades y limar las asperezas. Pero es tan de derechas que no tiene mano izquierda. Rajoy es un político que no hace política, solo impone su mayoría y cuando tiene un marrón, lo deja en manos de los jueces o del reloj. Cree que todo lo solucionan el tiempo y la Justicia. Pero el tiempo mata y la Justicia es ciega, así que la ceguera de Rajoy puede ser mortal.

Más que ceguera tiene visión de túnel. Solo enfoca en las elecciones y sabe que fabricar independentistas en Cataluña, le da votos en España. Así que él sigue dándole a la manivela porque piensa que el soberanismo se cura llevando a sus líderes ante los tribunales o mandándoles los tanques si no cumplen con la ley, como ha sugerido el ministro Morenés. Justo lo contrario de lo que hay que hacer. No sólo héroes, les van a hacer mártires. Pero eso le viene de perlas a Rajoy porque más se movilizan los que creen que el PP es el único guardián de la unidad de España.

Es al revés. España se rompe siempre que gobierna la derecha española. Cuando están los peperos en el poder agitando las banderitas rojigualdas, más agitan las suyas los independentistas diciendo adiós. Lógicamente: dos nacionalistas no caben juntos en la misma habitación. Aunque se necesitan. Los nacionalismos son simbióticos. Se alimentan de su contrario, pero si se pasan con la dieta, ocurre lo que vemos, que al cuerpo que parasitan lo dejan hecho trizas.

Tampoco vamos a quitarle mérito a Artur Mas en este desastre de función. Está bordando su papel de salvapatrias que, mientras libra a Cataluña del invasor y se convierte en héroe nacional, resucita a su partido corrompido hasta la médula (como Rajoy revive al suyo con su nacionalismo, que en esto son dos gotas de agua). Las demás organizaciones separatistas le han dado al president una bula (dicen que temporal) hasta conseguir la independencia y luego ya hablaremos de sus recortes, derroche y corrupción, de desigualdad, desempleo, Educación y Sanidad. Por eso es urgente dirimir esta cuestión para que se encaren el resto de problemas.

Para el problema de la secesión, todas las soluciones para evitar un referéndum llegan tarde. Se ha perdido un tiempo precioso y la oportunidad de resolverlo dialogando. PSOE y el PSC han estado demasiado preocupados por su propia hemorragia como para articular una respuesta que detuviera la que brotaba en Cataluña. Tenían la baza del federalismo y no la aprovecharon. Ahora vienen con cartitas de Felipe González y la tercera vía. Quieren nadar en España y guardar la ropa en Cataluña, pero en Cataluña se ahogan.

Tampoco la izquierda no secesionista puede hacer mucho porque no tiene suficiente peso para ser alternativa. Podrían serlo las fuerzas del cambio porque los catalanes quieren un cambio, pero han llegado demasiado tarde a la partida. Es demasiado tarde. Demasiado tarde para intentar resolver la ruptura de Cataluña con el discurso del miedo. También para las promesas con la boca pequeña. Ya no se las creen porque luego llega el Constitucional de la mano del PP y las revoca.

El problema catalán ya sólo lo resuelven las urnas. Pero no las del 27S que van a tensar aún más la cuerda sino las de un referéndum que puede terminar de romperla pero también es la única manera de evitarlo.

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