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Televisión pública de partido: ¡No con mis impuestos!

El dinero de nuestros impuestos es la gasolina que se emplea para alimentar una televisión que ha abandonado decididamente su carácter de servicio público para ponerse a las órdenes del PP y sus intereses electorales

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El Gobierno destina 293 millones a financiar RTVE, la mismo que en 2014

Vista del Pirulí, centro de comunicaciones de RTVE.

La desvergüenza de este Gobierno en lo relacionado con la televisión pública no tiene parangón. En realidad sí, Mariano Rajoy se ha igualado en su manejo partidista, ventajista y antidemocrático (en el significado más puro del término), con Esperanza Aguirre. La soberbia lideresa del PP laminó a conciencia la pluralidad que quedaba en la televisión autonómica madrileña. Manejó a sus peones periodísticos y convirtió una tele que aún conservaba algo de libertad, en una sumisa herramienta de su partido. Y todo eso con nuestros impuestos.

Y es verdad, esto mismo ha venido sucediendo por años en otras comunidades autónomas, tanto del PP, como del PSOE, como de otros partidos. Pero prefiero hablar de lo que más conozco, de lo que he visto y sufrido, en mi sensibilidad de espectador y en mi bolsillo de contribuyente.

Por eso tampoco me olvido de aquellos años en los que el PSOE ponía sus comisarios políticos para que no se moviese una cámara, un plano, un enfoque, sin su autorización. Pero llegó Rodríguez Zapatero y, entre las cosas salvables de sus ocho años de presidencia (pocas), nos dejó una televisión pública profesional y al servicio de todos los ciudadanos. No era perfecta, pero sí lo más cercano a la perfección que hemos tenido desde que se fundó hace ya casi 60 años. Quizá por eso una de las primeras cosas que hizo el PP desde su mayoría absoluta fue desmontar el consenso y volver a manejar RTVE como siempre, al capricho del gobierno de turno.

Ahora, como las cosas no le van bien y se acercan las elecciones, Rajoy ha tirado de lo seguro y rescata de una agonizante Telemadrid a José Antonio Sánchez, no por sus méritos ni por su talento, sin duda por su fidelidad, para presidir la televisión de todos, RTVE, al servicio de unos pocos, los dirigentes del PP.

Y no nos olvidemos, todo esto se hace con el dinero de nuestros impuestos. Esa es la gasolina que se emplea para alimentar una televisión que ha abandonado decididamente su carácter de servicio público para ponerse a las órdenes del PP y sus intereses electorales. Ante este nuevo atropello todos deberíamos gritar: ¡No con mis impuestos!

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