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Aznar y González: la crisis también es suya

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Los cuatro últimos presidentes junto al Rey en un acto oficial / Foto: Efe

Los cuatro últimos presidentes junto al Rey en un acto oficial / Foto: Efe




Vuelvo tras una semana fuera de España y me llevo un susto al ver la prensa: Aznar y González ocupando portadas y titulares. El primero, contándonos que sufre observando la situación del país, y añadiendo con afectación: “Sufro en silencio”. El segundo, feliz bajo un enorme cartel que dice “Gracias, Felipe”.

Por un momento pensé que en mi ausencia habían formado un gobierno de salvación nacional, encabezado por los dos ex presidentes e incluyendo a todo padre de la Constitución que todavía colee; y hasta temí que hubiesen firmado otros Pactos de la Moncloa y comenzado una nueva Transición sin mí.

Pero no, me tranquilizo al ver que solo son suspiros de reina madre, a los que tan acostumbrados nos tienen Aznar y González, sobre todo en los últimos tiempos. No hay semana en que no aparezca en público una de las dos reinas madres recibiendo un homenaje, presentando un libro o conmemorando un aniversario, y siempre aprovecha el micrófono para lamentar la disipación que sus deudos han hecho de la buena herencia recibida, recordar que ya lo decía él pero nadie le escuchaba, proponer recetas elementales para resolver la crisis en dos patadas, y ponerse a disposición del país para lo que haga falta.

Están en su papel, claro, es lo que toca a las reinas madres en la corte: arrugar la nariz, criticar a los jóvenes, hacer desplantes en ocasiones sonadas, cantar las añoranzas de todo tiempo pasado, y dejarse querer por los pelotas. Luego, de vuelta a la bien pagada vida del ex presidente, al consejo de administración bien pagado, a la conferencia internacional bien pagada, a la asesoría bien pagada, al libro de memorias bien pagado, hasta que toque arrugar otra vez la nariz y recordarnos que le echamos de menos más de lo que nosotros mismos pensamos.

Está muy bien, ya digo, están en su papel, aunque siempre que oigo a estas reinas madres pontificar sobre la crisis y ofrecer remedios, me pregunto por qué nadie les recuerda que esta crisis también es suya. Porque sí, esta es la crisis de Zapatero y de Rajoy, pero también es la crisis de González y Aznar.

En España sufrimos una crisis europea, financiera, global, lo que quieran; pero también una crisis española, nuestra, con denominación de origen, y cuyas raíces van más allá de Rajoy y Zapatero, porque ni la burbuja, ni el modelo productivo, ni el sistema bancario ni la corrupción, ni la partitocracia se crearon en dos días.

¿No tienen nada que decir las reinas madres sobre los orígenes del ladrillismo español? ¿Nada sobre la juerga fiscal de empresas y grandes fortunas? ¿Pueden callar sobre el desmantelamiento de la industria y el abandono de la agricultura que nos condenaron a ser un país de servicios y construcción? ¿Les suena de algo la privatización de esas grandes empresas públicas con las que hoy no contamos? ¿Han oído algo sobre corrupción e impunidad en sus años de gobierno? ¿Recuerdan si en su época se construyó una cultura democrática digna de tal nombre?

La crisis española es de Zapatero y Rajoy, vale, pero tirando de ciertos hilos seguramente llegaríamos a los años noventa y ochenta, al tiempo en que lo auténticamente español era hacerse millonario por la vía rápida, los años de la modernización a golpe de olimpiada, expo y grandes infraestructuras, los años de los amigos de pupitre al frente de empresas públicas, los años de subirse al euro al precio que fuese, los años en que nadie se preocupó de preparar un plan B, de gestionar la riqueza y poner bases más firmes para cuando llegasen los malos tiempos.

La que se desmorona no es la España de principios del siglo XXI, sino la que arranca en la Transición, las últimas cuatro décadas de las que quedan pocas cosas intactas, de la monarquía al modelo productivo, de la organización territorial a la clase política, de las cajas de ahorro al Estado de Bienestar.

Así que, queridas reinas madres, menos ponerse dignas y menos lecciones, que en la foto de la crisis también hay sitio para vosotros.


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