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A mayor riqueza, más fraude

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Cada vez que alguien sugiere aquí -y sólo lo suelen sugerir grupos como el PSOE y la Izquierda Plural- que hay que subir los impuestos a los grandes patrimonios y a las grandes empresas, los portavoces de la derecha política y mediática ponen el grito en el cielo. "Pero hombre, por Dios, ¿a dónde nos va a llevar tanto izquierdismo?, "se van a cargar la economía", "los capitales huirán a otros países"..., exclaman indignados.

Por lo que se ve, intentar que paguen impuestos quienes más tienen, más ganan o más heredan es para ellos una especie de sacrilegio que, de llevarse a la práctica, acabaría de hundir a España. Mientras, los afectados, o sea, los que más tienen, ganan o heredan, suelen callar y trabajar subterráneamente para que no se toque nada y así poder mantener sus fraudes legales o ilegales, sus sicavs con impuestos de saldo, sus deducciones, sus ingenierías fiscales, sus evasiones.

Nada que ver con el multimillonario estadounidense Warren Buffett, uno de los ejemplares más puros del capitalismo, que, sin embargo, ya hace dos años pidió a los legisladores de su país que subieran los impuestos a los megarricos para ayudar a reducir el déficit presupuestario. Se quejaba de que él sólo pagaba un 17,4% por sus ganancias mientras sus empleados tenían una carga fiscal de entre el 33 y el 41%. ¡Qué bueno sería que alguno de nuestros ricos predicara algo así! Pero aquí, a alguien como Buffett sus colegas -y sus amigos conservadores- le tildarían de antisistema.

Más o menos lo que vienen a pensar de ese pedazo de ultraizquierdista que es para ellos el presidente de la República Francesa, François Hollande, que se atrevió a subir los impuestos a quienes ganan más de un millón de euros al año y consiguió dejar claro aquello que nos decían nuestros abuelos -y entonces no había globalización- de que el dinero no tiene patria. Fue anunciar la subida y algunos personajes ricos y famosos, como Bernard Arnault, propietario de Vuitton, o el actor Gerard Depardieu, decidieron hacerse belgas. O rusos. Pero fueron dos y quedaron retratados al tratar de escapar de la solidaridad con su país y sus conciudadanos.

Pues ahora resulta que en España quienes reclaman una reforma fiscal e incluso una reestructuración de la Agencia Tributaria son los mismísimos inspectores de Hacienda, que aprovechan para denunciar que las grandes fortunas y las grandes empresas concentran el 71,8% del fraude, lo que viene a ser, según sus cálculos, una pérdida recaudatoria de más de 42.000 millones de euros anuales. Más pasta que la que cuestan los intereses de la deuda, más, desde luego, que la que gasta el Estado en los subsidios de desempleo... Destaca además el sindicato de inspectores Gestha, que Hacienda se centra en el fraude de las pymes, en el del fontanero del "con IVA o sin IVA", y no donde se encuentran los principales defraudadores.

Si los inspectores consiguieran su objetivo de evitar que grandes fortunas y grandes empresas sigan escabulléndose de pagar a Hacienda, si además se procediera a una reforma integral y progresiva que grave más a quien más tiene, se evitarían algunos de esos grandes recortes de servicios públicos esenciales, se produciría cierta redistribución de la riqueza vía impuestos y la sociedad sería más justa. E incluso más segura para esos ricos que pagan pocos impuestos pero gastan mucho en protegerse.

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