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El miedo va a cambiar de bando

El miedo ha pasado también al otro bando. Las encuestas que dan a Podemos como aspirante al título han puesto a la casta contra las cuerdas. No está de más que teman a los ciudadanos para que empiecen a respetarlos

Podemos tiene la responsabilidad y la oportunidad de demostrar que hay más razones que el miedo para confiarles el país

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La casta tiene miedo. Cada día más. Está viviendo su propio Halloween. Los  resultados de la encuesta de Metroscopia y la del CIS que está por llegar, que dan a Podemos como primera fuerza en intención directa de voto, o sea, sin cocinar los datos, les han puesto de los nervios. El titular de la portada en papel de El País este domingo, que después en digital suavizan por miedo a los internautas, lo dice todo: “Podemos supera a PP y PSOE impulsado por la ira ciudadana”. 'Ira ciudadana', un concepto muy poco demoscópico. Sólo le ha faltado decir al autor del título que la gente ha salido con antorchas a quemar Ferraz y Génova y que ahora van camino de Miguel Yuste a reducir a cenizas la sede del periódico. El régimen ha puesto la estrategia del miedo a funcionar una vez más, pintando la indignación de ira furibunda y dejando de lado lo esencial: que es la corrupción del bipartidismo la que impulsa a Podemos y no las Furias del Hades. 

Desde que la formación de Pablo Iglesias irrumpió en escena, el poder establecido no ha hecho otra cosa que tratar de meter miedo. Que vienen los etarras bolivarianos filonazis adventistas del séptimo día. No dudo de que algunos se lo crean, pero las encuestas llevan meses diciendo que el efecto es el contrario del perseguido. La semana pasada escuché al conservador Francisco Giménez-Alemán, en la tertulia de Hora 25 de la Cadena SER, decir que “los ciudadanos informados tienen miedo de Podemos”. Sólo tendría que pisar la calle o los bares un poco más que nuestros dirigentes para saber que es al contrario. Como dicen las encuestas, cada vez más ciudadanos, cada vez más informados, de lo que tienen miedo es del PSOE y del PP. De sus corrupciones y contratas. De sus chanchullos y tejemanejes. De que dejen el país como Atila dejaba la hierba. De que esquilmen hasta el último recurso. De que sigan en el poder. Más que miedo tienen hartazgo. 

Los que tienen pánico son ellos y cada vez lo disimulan peor. Según ha publicado El Confidencial, un miembro de la directiva del PP dice que el próximo CIS “da miedo”. Y eso que la encuesta se hizo antes de la operación Púnica. Es de suponer que ahora los resultados de Podemos serían aún mejores. La dirección de Podemos dice tomarse estos resultados con prudencia. Hacen bien. No sólo porque son provisionales y están muy marcados por las circunstancias, sino porque pueden ser un acicate para movilizar el voto del miedo. También la semana pasada, el presidente de la Asociación Española de la Industria Eléctrica, Eduardo Montes, decía que le "aterra" la propuesta de nuevo sistema eléctrico de Podemos porque no tiene sentido que una persona pague según su declaración de la renta. Para él tiene más sentido que la gente no tenga calefacción ni luz. La oligarquía también tiene miedo de que le quiten una parte del pastel. 

El miedo está cambiando de bando. O al menos se está repartiendo también por el otro lado. Empiezan a tener miedo quienes hasta ahora provocaban miedo en la parte más vulnerable de la población, quienes se creían inexpugnables, intocables e impunes. Y no sólo por las encuestas. También porque el hartazgo ha llegado a los órganos de control, y jueces y policías han empezado a tirar de la manta con fuerza y han hecho que el bipartidismo se caiga de culo. El PP se la ha pegado tan fuerte que hasta nos pide perdón, expulsa por fin a algunos (no todos) de los corruptos de sus filas y se apresura a anunciar medidas contra la corrupción. Hasta sus periódicos les piden a gritos una reacción contundente. A buenas horas, mangas verdes. No quieren salvar la democracia, quieren salvarse a sí mismos, y se les ve. 

No vienen mal unas dosis de temor al pueblo entre quienes gobiernan. Se ha demostrado que, en este país, si no temes a los ciudadanos, no les respetas. Mejor que nos teman a que se rían de nosotros. Ya lo decía Napoleón, “sólo dos palancas mueven a los hombres: el miedo y el interés”. Para voltear la palanca del interés en la que el bipartidismo ha puesto todo su peso, hay que hacerles temer que van a perder. Desgraciadamente, aunque el miedo se reparta también por el otro bando, en el lado de los ciudadanos hay muchos que siguen teniendo miedo a la pobreza, la exclusión, la represión, el desahucio o el paro. Para muchos, Podemos es la esperanza de acabar con el miedo que tienen. 

Cuentan que Muñoz Seca, genio del humor hasta el último suspiro, dijo al pelotón republicano que lo iba a fusilar en Paracuellos, el 28 de noviembre de 1936: “Me lo podéis quitar todo, hasta la vida, pero lo que no me podéis quitar es el miedo que tengo”. PP y PSOE han conseguido que la gente les tenga tanto miedo que prefiera el miedo a lo desconocido de Podemos. El miedo se ha repartido en los dos bandos y puede ser una de las palancas que mueva el voto en el futuro. Pero no la única, por más que quiera la casta. También hay mucha gente a la que le han quitado hasta el miedo y quiere votar a Podemos convencido de sus propuestas de regeneración (aunque es verdad que aún tienen mucho que definir). El resto votará movido por el miedo al cambio o por miedo a seguir como estamos. Ninguna de las dos opciones es buena. Por eso Podemos tiene una responsabilidad y una oportunidad mayúscula. Convencer de que hay más razones que el miedo para confiarles la dirección del país.

Javier Gallego es director de Carne Cruda.  Puedes escuchar aquí el último programa.

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