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Esperando a María Jesús Montero

Moreno y Montero, a finales de septiembre en una entrega de llaves en Córdoba.

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Tanto el PSOE andaluz como el Gobierno de Juan Manuel Moreno andan en la espera de María Jesús Montero. La vicepresidenta primera del Gobierno está en el punto de mira de todos los ojos de la política andaluza como nunca antes en su comunidad de referencia. Aunque por diferentes motivos, esta espera pasa por la presentación de los Presupuestos y de sus propuestas de financiación autonómica y fiscalidad singular para Cataluña. Del éxito o fracaso en tales espinosas empresas dependerá no solo un salvoconducto para la terminación de la legislatura, el último encargo de Pedro Sánchez antes de dejar Madrid para centrarse en la campaña de las autonómicas; también tendrá repercusión en Andalucía.

Para los socialistas andaluces se hace más necesario que nunca el regreso de Montero, la dedicación por entero de la ministra a la candidatura a la Presidencia de la Junta. Con el reciente escándalo de las mamografías en la sanidad pública de la Junta se han percatado cuán necesaria es esa dedicación plena de Montero. La vicepresidenta ha duplicado esfuerzos para estar allí y aquí, pero un mitin en Almería o declaraciones en vídeo para las redes no parecen suficientes.

La crisis del Gobierno de Moreno por su gerencia deplorable de la prevención del cáncer de mama puede ser, como no se cansa de repetir la oposición y los sindicatos, la punta del iceberg, el primer síntoma del deterioro de la sanidad pública andaluza por una gestión errada desde el principio. No solo por la apuesta política de inyectar dinero a la privada para aligerar las listas de espera, en lugar de destinar ese dinero a más contratos y mejoras de la plantilla del Servicio Andaluz de Salud (SAS), también por no haber dado con la tecla de la persona adecuada para la diligencia de un sistema tan complejo.

El PSOE andaluz es consciente del potencial de María Jesús Montero como médica y experta en gestión sanitaria, además de su experiencia como consejera de Salud, para contraponer su liderazgo al de Moreno en un asunto tan sensible como la sanidad pública en general y la prevención frente al cáncer en particular. El CIS andaluz ha vuelto a señalarlo como uno de los principales problemas en esta comunidad, y eso que las encuestas se realizaron antes de las denuncias sobre el cribado del cáncer de mama y las manifestaciones en la calle pidiendo “la dimisión de Moreno Bonilla” por primera vez en su mandato.

El PP andaluz espera como agua de mayo que pase la polémica del escándalo del cribado del cáncer de mama y coja sitio en los telediarios las propuestas de María Jesús Montero sobre los Presupuestos Generales del Estado, la financiación autonómica en general y la singularidad catalana en particular. El guion en San Telmo es fácil de prever

Un potencial el de María Jesús Montero que también reconoce el PP, prueba es que desde el estallido del escándalo intentó, sin éxito, endosar a la vicepresidenta el origen de las deficiencias por haber sido consejera de Salud hace trece años, siete de los cuales ha gobernado Juan Manuel Moreno. Una ofensiva contra Montero reflejada en los medios conservadores y las redes sociales con generalizaciones como confundir casos puntuales de fallos en el diagnóstico y curación del cáncer, probablemente por negligencias, con el fallo sistémico de un programa por carencia de especialistas.

La elección de Antonio Sanz como consejero de Sanidad, un perfil marcadamente de partido y de pasado cañero en el PP contra el PSOE, no solo sugiere un propósito de cortar de raíz la crisis sanitaria, evitando que salgan a relucir otros boquetes en el sistema, sino también la del costurón político que pone en riesgo la mayoría absoluta. La de Sanz es una solución de emergencia política con la misión sobre todo de evitar que María Jesús Montero recupere del electorado andaluz la confianza que en el pasado tuvo en el PSOE por la gestión sanitaria. En su haber está una trayectoria de negociador fructífero, tanto en la etapa de oposición como de gestión.

El PP andaluz espera como agua de mayo que pase la polémica del escándalo del cribado del cáncer de mama y coja sitio en los telediarios las propuestas de María Jesús Montero sobre los Presupuestos Generales del Estado, la financiación autonómica en general y la singularidad catalana en particular. El guion en San Telmo es fácil de prever: sea cual sea la propuesta, aun siendo beneficiosa para Andalucía, el trazo grueso se elevará al cuadrado para satanizar lo que Montero ponga sobre la mesa y no dejar que caiga en el olvido el viejo mantra sobre privilegios a Cataluña en detrimento de Andalucía. Prueba de cómo se teje este guion es la persistencia en cuestionar sobre financiación autonómica en el CIS andaluz, pese a que no está entre los 75 problemas señalados por los encuestados. Un apartado en el sondeo de octubre dedicado a la materia con el resultado de un 65% afín a la tesis del Gobierno del PP en Andalucía, mientras se soslaya el preocupante de la sanidad, sirve de espóiler.

No es fácil rendir a Montero. El PP de Moreno teme su energía incombustible y su capacidad de trabajo y que, frente a su nervio y coraje, la apuesta del rostro amable del mandatario popular pueda salir perdiendo

En el PSOE la espera contiene deseos de que la tormenta pase pronto y María Jesús Montero pueda centrarse en ilusionar al votante andaluz con soluciones a los boquetes de la gestión del PP, como el deterioro no solo de la sanidad, sino también de la enseñanza y la universidad, con una competencia feroz de la privada tan consentida por el Gobierno de Moreno. En esta espera de unos y otros está la contienda política en Andalucía, siempre con María Jesús Montero como protagonista.

No es fácil rendir a Montero. El PP de Moreno teme su energía incombustible y su capacidad de trabajo y que, frente a su nervio y coraje, la apuesta del rostro amable del mandatario popular pueda salir perdiendo. Si en el libreto de San Telmo está desacreditar las altas capacidades de la vicepresidenta en la gestión, en el de San Vicente (sede de los socialistas andaluces) está la de acreditar debilidad e insolvencia tras el rostro sonriente del actual presidente de la Junta.

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