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Las costas andaluzas, dique contra las migraciones y los derechos humanos

"¿Verdaderamente un país como el nuestro con 47 millones de habitantes y la cuarta potencia económica de la UE no puede gestionar y acoger a unas miles de personas?"

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¿Dónde estamos? ¿Por qué nos han traído aquí? ¿Qué van a hacer con nosotros? En el polideportivo de Barbate, tras pasar una noche sobre cartones en el suelo y sin apenas haber probado bocado, lo peor era la angustia de la incertidumbre, que se mezcla con una alegría contenida: tras un infierno de meses, han logrado atravesar el Estrecho y han cubierto otra etapa más en su periplo migratorio.

Dicen que es que Marruecos ha aflojado la vigilancia de las costas. Y es posible que sea así pues ahora sus esfuerzos están destinados a reprimir las protestas por la condena de los líderes y activistas del Rif, y ese sí que es un efecto huída. Y sin duda, porque al régimen marroquí, ese amigo útil de España, no le importa usar cruelmente las migraciones en sus negocios con Europa.

Pero las centenares de personas migrantes encerradas en el polideportivo no saben de geopolítica ni de externalización. Están aquí y ya está. Sólo quieren llegar a puerto seguro, y encontrar el futuro que hasta ahora les fue negado.

Llega la comida, pero no las mantas y las colchonetas. Y hace frío por la noche. Sólo unas personas voluntarias, intérpretes, les cuentan algo sobre su situación desde la falta de información precisa que tampoco ellas tienen. No está Cruz Roja y una persona con chaleco de ACNUR hace una visita de compromiso. Un par de personas con chalecos de Frontex se pasean por allí un rato, sin decir nada y menos aún hacer algo. Pero la gente del pueblo se vuelca.

También tarda casi 48 horas en aparecer la Policía Nacional para proceder a ficharlas y decidir su destino. Nos confiesan cuando llegan que no pueden más, que esto es un caos, que nadie les da instrucciones precisas, que no tienen suficiente personal para atender a tanta gente.

¿Tanta gente? Hasta los servicios de inteligencia de la Guardia Civil alertaron que la tendencia de incremento de las llegadas de 2017 se iba a multiplicar en 2018. Pero el Gobierno del PP de triste memoria, sólo sabía maltratar a las personas migrantes, así que se marcó un Rajoy y no hizo nada. Ni recursos, ni previsiones. Ni dotación a Salvamento Marítimo, sobrepasados y con insuficiente personal. Ni refuerzo en los juzgados o personal de la Policía Nacional para la identificación. Ni turnos de oficio especiales para extranjería. Ni intérpretes. Ni recursos para las ONG de acogida. Ni protocolos de actuación. Nada.

Ante tanta gente, improvisación, falta de recursos y, por tanto, maltrato y violaciones de derechos. ¿Tanta gente, nos preguntamos de nuevo? Se extienden los discursos alarmistas y nos asaltan los mensajes que califican la llegada de migrantes de avalancha e invasión. Pero se trata de pura ideología racista, porque este año, de los últimos 50, es quizás el de menos llegadas a Europa. ¿Verdaderamente un país como el nuestro con 47 millones de habitantes y la cuarta potencia económica de la UE no puede gestionar y acoger a unas miles de personas?

Naoual, una niña que no cumplió aún los 14 años nos ayuda a listar los nombres de los y las menores marroquíes. Queremos hacer un seguimiento. Aunque chicas y chicos subsaharianos que son evidentemente menores de edad, nos dicen que tienen 51 años (sic). Nos confiesan luego que no quieren que los encierren en un Centro, quieren buscarse la vida.

Abdelaziz seguro que no tiene mas de doce años. Nos dice que tiene familia en Barcelona y que quiere ir con ellos. Igual nos comentan otros. La madre de otro niño de la misma edad ha venido desde Almería y no le dejan ver a su hijo. Está en la puerta del polideportivo hecha un mar de lágrimas.

Al menos hay 131 menores, encerrados con el resto de las personas adultas, unas 300. Durmiendo en el suelo como todas y sin ningún tratamiento especial. Aprovechando un descuido del impresionante despliegue de las unidades especiales de la Guardia Civil (26 vehículos, decenas de uniformados) un grupo de ellos sale corriendo y luego encontramos a algunos andando por la carretera hacia pueblos vecinos. Les ayudamos en lo que podemos. Para evitar estas fugas, en Tarifa, han llegado a atar con cuerdas a los chavales. Por lo visto nadie oyó hablar de la Ley de Protección del Menor ni de los Derechos del Niño.

Las costas andaluzas, dique contra las migraciones y los derechos humanos

Polideportivo de Barbate APDHA CÁDIZ

De Tarifa enviaron a decenas de personas a Córdoba, detenidos ilegalmente más de las 72 horas máximas permitidas. De Algeciras, Motril o Málaga, decenas de personas migrantes fueron trasladadas a Bilbao o Barcelona en autobuses auxiliados por Cruz Roja, sin aviso a los ayuntamientos y sin tener garantizada la acogida. Y es que, en las costas andaluzas, el cumplimiento de los derechos y las leyes comienza a situarse en el limbo de los justos.

Ninguno de ellos, ni menores ni mayores, han oído hablar del Aquarius, ni de la cumbre europea que se celebra coincidiendo con su encierro. Mejor, porque así tardarán un poco más en enterarse que la ultraderecha xenófoba está marcando el camino en Europa. Y que el proyecto es maltratarlos, encerrarlos y expulsarlos.

Poco duró el espejismo del Aquarius. Cada palo que aguante su vela. La insolidaridad convertida en norma. Abortada una mínima política común de acogida y gestión solidaria de las migraciones y del asilo. En Europa pintan bastos y se da una vuelta de tuerca a una política migratoria criminal y fracasada. Estábamos ante el abismo y al fin hemos dado un paso al frente. Se crearán en países limítrofes ‘plataformas de desembarco’, un eufemismo para embellecer lo que en realidad son campos de concentración gestionados por países donde se cometen gravísimas violaciones de derechos humanos. O se podrán construir grandes centros de internamiento en los propios países europeos para fichar y seleccionar quienes se quedan y quienes son expulsados.

Las políticas migratorias son un mantra, un dogma incuestionable. Cada reunión es una nueva vuelta de tuerca en la violación de los derechos humanos. Si algo nos muestra el fracaso reiterado de esas políticas migratorias asesinas es que la vía no es la represión y el rechazo. La respuesta es establecer vías legales y seguras. Es el compromiso con una acogida digna y con la solidaridad.

¡Ay, si no fuera por la solidaridad! Mientras en esa Europa canalla se apoyan Gobiernos de ultraderecha y crece el racismo y la xenofobia, las poblaciones de la provincia española más castigada por el paro y por la pobreza, dan un ejemplo de solidaridad y se vuelcan en la acogida. Esta es la esperanza.

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