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2026 a ojo

Sánchez recibe a Feijóo en La Moncloa el pasado mes de marzo.
4 de enero de 2026 21:11 h

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Tan pudorosa, la RAE se refiere al culo, sin más, como un conjunto de dos nalgas, sin embargo, Francisco de Quevedo, con más precisión y profundidad se refirió a tan preciada y despreciada parte del cuerpo humano como reverendo ojo del culo, el miembro más perfecto y bien situado. Como don Francisco, pienso que el culo está en el centro, con imperio y veneración y cierto que no ve pero menos ven algunas laureadas cabezas al servicio, en almoneda, de la ciencia demoscópica y su patio de monipodio. Su sitio está en medio, en el lugar del sol, y si no ve como los ojos de la cara, no puede desmerecer por ser solo uno y no un par porque así es el ojo del cíclope que desciende de los dioses.

Además, el reverendo ojo tiene atributos de autoridad que adornan el tiempo que nos toca porque por vecindad anda siempre, en hombres y mujeres, cerca de sus genitales, de donde salen, porque de ahí salen, otras no mejores opiniones. Es por tanto igualitario en su origen y función y, si preciso, en su utilidad o acción.

Como todo el mundo habrá podido comprobar, la opinión libre ha sentado variadas visiones de la situación política para 2026. Normal, las opiniones son como el culo, cada uno tiene la suya. Entre tanto culo parlante es materialmente imposible saber qué se piensa en conjunto, ni siquiera José Félix Tezanos —que acierta más de lo que se dice—, pero ahí va mi opinión con el mío, a ojo, sin más pretensión que formar parte de la media porque como dijo otro sabio, la media sí es matemáticamente posible averiguarla.

Echando un reverendo ojo al porvenir político creo que el reparto en bloques es una evidencia, no solo desde el punto de vista ideológico sino desde la perspectiva de las alianzas futuras, sean electorales o partidarias, por no decir también de gobiernos; sin perjuicio de mejores ojos, creo que ambos bloques no son totalmente permeables entre sí porque, con perdón del ojo demoscópico, la migración es la normal, no es espectacular sino frecuente como en otros tiempos, teniendo en cuenta incluso la temida extrema derecha que no es más temible que la otrora mayoría silenciosa aunque definitivamente más dañina. Migra dentro de su bloque para estupor tardío de sus promotores.

En el bloque progresista, a la debilidad del PSOE, por razones diversas y roedoras deserciones, hay que añadir el desmoronamiento de su socio de gobierno Sumar y, para más ruina, la incapacidad de entenderse entre las izquierdas alternativas

Lo que está ocurriendo en el bloque conservador (derecha radical más extrema derecha más derecha moderada arrastrada) no es sino una competición, un ajuste, por la supremacía y liderazgo. Supremacía que es comunicante y puede decantarse hacia la extrema derecha, lo cual explica el nerviosismo del PP; y un liderazgo trifonte entre Santiago Abascal, Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, que también explica el nerviosismo de Feijóo. Paradójicamente esta pelea entre la derechura puede ser su debilidad.

En el bloque progresista, a la debilidad del PSOE, por razones diversas y roedoras deserciones, hay que añadir el desmoronamiento de su socio de gobierno Sumar y, para más ruina, la incapacidad de entenderse entre las izquierdas alternativas. Se constata el carácter pendular de la izquierda no convencional, como una bamba: de la convergencia urgente a la divergencia repentina y viceversa, según sople el viento, sin despeinarse. Los que ahora piden la unidad podrían presentar una amplia hoja de servicios en escisiones, divisiones, uniones, separaciones, refundaciones, sillones y, frecuentemente, traiciones. Convencida pero no mucho, la narración modo es que, otra vez, la solución definitiva es la unidad pero sin que sepamos hasta cuándo ni con y entre quiénes.

Sin unidad —no la hay en la derechura— nada impide que las derechas avancen porque se muestran muy fuertes —es la clave— en el compromiso participativo de los suyos; mientras que en la izquierda, la performance continua del bamboleo propio de su tuétano vital determina la desconfianza y la consiguiente fuga de una parte muy importante de la ciudadanía, cansada del baile y de los incumplimientos.

Al final, la derecha no olvida nunca a los suyos; la izquierda, frecuentemente. Mucha gente ve con asombro la comodidad de cierta izquierda en las moquetas y platós y su olvido del albero. El bloque progresista por donde pierde es por el abandono de los suyos.

Ultras, extremos y propinas, la derecha se mantiene en su bloque, mientras que la izquierda desagua a un tercer bloque, un tanque de tormentas, mudo pero elocuente: la abstención

Y todo lo dicho anteriormente desemboca en el peor enemigo de la izquierda y de la democracia por extensión: la abstención, expresión práctica del desasosiego. Volviendo a los bloques, mi ojo reverendo atribuye el desgaste ocasionado por la abstención, mayoritariamente a la izquierda, aunque el ojo demoscópico lo reparta. Ultras, extremos y propinas, la derecha se mantiene en su bloque, mientras que la izquierda desagua a un tercer bloque, un tanque de tormentas, mudo pero elocuente: la abstención. En Extremadura, 320.292 votos fueron a la abstención, a la que cabe añadir votos nulos y blancos, mucho más de la mitad de los votos contados.

Mas volviendo al culo de cada uno, sus derechos y a su merecida honra, ¡qué de firmas de grandes señores ha iluminado! ¡Qué de libros de hombres doctos ha gastado! ¡Qué de billetes de damas ha firmado! ¡Qué de procesos importantes ha manchado, y qué camisas de Holanda ha teñido! Mi paisano Juan de Malara estaría que trina con el que suscribe y eso que no he incluido el triquitraque escatológico, que feliz acompañaría al noble ojo, del refranero de Gonzalo de Korreas.

Para más profundidad, les propongo la lectura de Gracias y desgracias del ojo del culo, de un genio como Francisco de Quevedo. Ah, y compren cupones. Feliz año.

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