¿Todos en el infierno?
El 16 de abril de 1939, los que pudieron, escucharon el radiomensaje del papa Pío XII a los fieles de España. Con inmenso gozo —empezaba— se dirigía a ellos para expresar su congratulación por el don de la paz y la victoria. La Iglesia de entonces sabía así quiénes habían ganado la terrible contienda y se congratulaba. Siempre han sabido mucho. Han pasado muchos años y aquellas tempranas alegrías vaticanas apenas han tenido que competir con la historiografía constante y rigurosa que les ha dado la razón. El pasado uno de abril de 2025, aún se conmemoraba en Infovaticana, en una columna firmada, el Día de la Victoria.
Durante muchos tórridos agostos un grupo de andaluces nos reuníamos en la Gota de Leche, en la carretera de Carmona, en Sevilla, para rendir recuerdo a Blas Infante, fusilado en aquel paraje apenas un mes después del golpe de Estado contra la República. Es solo un lugar pero como casi todo con Infante ocurría en verano, desde hace unos años se le rinde recuerdo institucional en el patio del Parlamento de Andalucía, durante el mes de julio, su mes de nacimiento. Más cerca de los escaños y de las vacaciones.
En esas ocasiones, resultaba especialmente humillante que a apenas trescientos metros, en la Basílica de la Macarena, estuviera sepultado con honores su verdugo, Gonzalo Queipo de Llano. Con el tiempo, el virrey fue exhumado pero aún no ha habido tiempo ni medios para poder saber, al menos, si los restos de Blas Infante están en la fosa de Pico Reja, una fosa común más, la segunda de Andalucía, en el cementerio de San Fernando.
La segunda fosa, la primera es la de San Rafael, en Málaga, donde más de setenta guardias civiles y un centenar de carabineros fueron arrojados tras ser fusilados por mantenerse leales a la República. Los insurrectos uniformados tuvieron mejor alojo en las iglesias.
No ha habido tiempo ni medios para poder saber, al menos, si los restos de Blas Infante están en la fosa de Pico Reja, una fosa común más, la segunda de Andalucía, en el cementerio de San Fernando
Volviendo al mensaje papal, desde la Iglesia tenían muy claro no solo quiénes habían ganado sino quiénes habían sido los buenos: unos en las iglesias, los otros en fosas y cunetas. Los que habían perdido eran los “engañados por el materialismo y el laicismo”.
Ahora que hay otro papa y abunda la recuperación de la doctrina social, me imagino un acto organizado en las alturas por Francisco. No haría falta caja de ahorros que la patrocinase; además, dado el ambiente andaluz, aquí no queda caja alguna de la Iglesia que lo hiciera, la que había (solo observada en su evolución por el socialismo vaticano, sin atreverse, no más) está en manos de la Fundación BBK, con sede en Bilbao. Bueno, sin dinero; un cara a cara entre Queipo e Infante, riguroso, gratis, entre participantes directos, un militar y un notario, sin escritores afamados o rasos. El título, con interrogantes: ¿Todos nos merecemos el infierno?
Me imagino que el notario de Coria no se intimidaría por asistir a tan quijotesco debate con la etiqueta de ultraizquierdista violento, con la nota al margen de asesinado por una banda de falangistas, con una condena póstuma “por propagandista de un partido andalucista”. En el atestado figura que se le incautó, el día de su detención, un gramófono con el que se comunicaba cada día con Moscú. Un comunista, como se dice ahora. Y me sigo imaginando cómo comenzaría el debate, seguramente retransmitido al papa León por ondas celestiales. Empiece usted, hermano Infante. Infante: ¿Por qué me mandaste matar, Gonzalo? No consta la respuesta, se interrumpió la emisión. La prensa no sé si se haría eco.
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