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La derecha en estado 'cromatoso'

Pablo Casado en su visita a una granja porcina.

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La política como decorado. La política antes era otra cosa, tenía su fondo. Ahora, la política es el fondo, el fondo del decorado, sea Photocall o el Croma, grabado o en realidad real. Los expertos en comunicación política han conseguido que los políticos no estudien ni lean ni se lo curren; basta con ponerles un decorado y que hablen las imágenes. 

Pero el personal parece sentirse cómodo. No quiere o le cansa saber, se conforma con votar de vez en cuando, metabolizar las bolas y defecarlas como puedan. Hoy por hoy, las sedes de los políticos se parecen más al ropero de Village People que a la biblioteca de un político ilustrado de cualquier época. Un disfraz para cada ocasión. Si estás en el poder, una entrevista de cámara lo puede casi todo, o eso creen, y un viaje ultramarino con tus cámaras y periodistas de ocasión es lo sumo.

En estos tiempos de negacionismo ganadero, toda la derecha ha salido con sus ovejitas y vaquitas. Faltan los pollos y los pavos, pero ya se verá. Hay que reconocer a doña Isabel Tocino como pionera que, siendo ministra de Medio Ambiente, nos enterneció con su atuendo de pastorcita “o sea” y “fenomenal” del barrio de Salamanca, con 600 ovejas.

Da igual si te equivocas de decorado, si sales en ganadería extensiva, dándole, en el fondo, la razón a Alberto Garzón, o no. Ahí está la prensa amiga y bulera para afinártelo, como si te equivocas de misa y te lías en una fascista. ¿Que se incendia el monte? Nada, despides a los bomberos forestales pero sales en una tierna foto cuidando plantitas con el monte quemado de fondo con la mirada perdida. ¿Que quieres apoyar la empresa local? Pues te vas a un McDonald, como Pablo Casado y Moreno Bonilla, apoyando la empresa y ganadería andaluza, con esas carnes y aceites que yo que sé.

Da igual, suponen que el que lo ve es idiota y ni lee ni razona, igual que ellos. Por eso, si se trata de hablar contra el Gobierno, te ponen un croma con un montón de ovejas y vacas, aunque sean lecheras. Si de seguridad, un atentado de ETA; si de empleo, una cola de parados. Sin que sepan qué es un parado, porque algunos nunca estuvieron ocupados. Qué sabrá el pueblo. 

La izquierda es menos de croma, ha evolucionado menos. Son más de fotografías e indumentaria. Aún hay beneficiarios vivos -y tan vivos- de la foto de la tortilla de los pinares de La Puebla. Estas cosas las suele arreglar con una chaqueta de pana, para fijar posiciones en la izquierda, y vestir informal en sus actos: pantalón vaquero, camisa de cuello de botoncitos -mejor blanca- y chaqueta sport. Además, tienen en común con la derecha cromatosa esos fondos de mitin en vivo con sus juventudes y gruppies, más parecidas a charlas de predicadores o vendedores de crecepelo que a las arengas de toda la vida. Aunque en sus filas, el socialismo de derechas, del que habló ya George Orwell en los treinta, esté compitiendo seriamente con el negacionismo cromatoso de la derecha. Pero todo, eso sí, muy televisivo.

En esta locura de imágenes no sabemos si Casado y Abascal acabarán en First Dates anunciando lo suyo, si los sondeos terminarán presentados en MasterChef o si los datos de la pandemia en un programa de Iker Jiménez. Cuando invierten poco en educación saben lo que hacen. La pelea está en las teles, en los croma. La educación… ya.

Eso sí, con testigos incómodos. Los medios y algunos periodistas se quejan de la red. Eso no es periodismo, solo bulos, dicen. Es lógico que lo piensen. La mentira como monopolio es una herramienta poderosísima, de ahí que no piensen dejar escapar fácilmente ese privilegio. El entorno les es favorable, una cuenta incómoda de Twiter se cierra, a un periodista serio se le despide y a un bulero ni se le toca. Es libertad de expresión. 

De acuerdo, no es periodismo. Aunque algunos buenos periodistas la utilicen. Pero fiscalizar, fiscalizan. Y tanto. La red, los reporteros espontáneos cámaras de móvil en mano, como los memes, se han constituidos en elementos fundamentales del control popular democrático de la información política, que importuna y mucho al periodismo convencional. 

Que la política, entre pasivos y activos, con excepciones, está llena de idiotas, en el sentido aristotélico de la palabra -y en el otro-, es una realidad. Si es así, no tenemos salvación. La pregunta es si los votantes están dispuestos a ser tomados por idiotas. 

Si al final la política, en general, ha degenerado en cromatosa, habrá que estar, al menos, atentos. A quién no se le olvida el reloj de pulsera haciendo una película de romanos o de indios. Que nos quede el cachondeo. 

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