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La noche más larga

El pueblo no habla de antemano, va cociendo y cociéndose hasta que estalla

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Los resultados contradicen la encuesta del CIS, que no previó la caída del PSOE ni la fuerza de Vox

Los resultados contradicen la encuesta del CIS, que no previó la caída del PSOE ni la fuerza de Vox

Lo justo es que una noche electoral la tuvieran que sufrir ante las cámaras las empresas encuestadoras. Los políticos responden ante el pueblo, los jefes de campaña y creativos responden ante sus jefes, pero ellos no responden ante nadie. Nos han tenido entretenidos desde que el CIS publicara su encuesta , 45/47 ,el PSOE y 1 ,Vox. La ciencia dispersa que no da una, aunque nos enredan y hasta nos hacen meter la pata hasta el corvejón. Es un vicio, hablamos de las encuestas en vez de hablar de lo que dice la gente. Espectáculo, audiencias, clicks. Ni idea, no sabemos lo que piensa el pueblo. Fin de campaña, reflexión, noches imposibles, de políticos y allegados, periodistas y meritorios , hasta llegar a la definitiva.

Noches de nervios , muchos nervios; llamadas buscando algo de esperanza, de complicidad o tanteo, el horóscopo, la prueba de la gallina, un chivatazo en nombre del pueblo, pero nada. El pueblo no habla de antemano, va cociendo y cociéndose hasta que estalla. Después de unas noches de expectativas, la de reflexión y después el AVE. Y más llamadas, de los que tienen algo que perder y de los que gustarían de ganar algo. Datos interesados, conjeturas filtradas. Pero, ni idea.

Los políticos se han empeñado en que la política sea un arte adivinatorio,  probabilístico, una alcábala, tanto tiempo alejados del pueblo, tanto tiempo sintiéndose divinos, que han perdido las habilidades, como los urbanos perdimos el olfato o la vista que la gente de campo conserva.  Y los comunicadores participamos del alejamiento, no las vemos venir. La foto final de Susana Díaz, observen a sus integrantes, pidiendo resistencia ante la ultraderecha y los ataques a la democracia y Constitución son la prueba palpable. La prueba de que empecinarse es morir, la confesión de que no se quiso cambiar .

Andalucía cambió, sin embargo, anoche; era lo que todos pedían. Los electores no han hecho pequeños retoques, han dicho basta. Unos borrándose del compromiso de votar; otros,  votando; pero se acabó. No vale ahora decir que ha entrado la ultraderecha. Lleva con nosotros de siempre,  no se le ha hecho frente, se le ha abierto la puerta; ni tampoco a los problemas a los que nos enfrentamos cuya solución insuficiente ha dado pie a su vuelo al Parlamento, dejando trastocado todo el sistema, aunque la euforia no permita a algunos valorar la trascendencia  de lo ocurrido.  

La política institucional se había convertido en un ritual vacío, en una bandería sin substancia, llena de adeptos y clientes. Sin ninguna voluntad de cambio, seguros, como el personaje de Lampedusa, de ser ya, irremediablemente, los mejores. La política, amanerada y mediocre,  del mínimo esfuerzo, de la máxima sumisión a los intereses creados y la ostentación del pavo real.

Va a costar trabajo. Habrá que desmontar décadas de relaciones de poder  estructural, de maneras de vivir, de construcción de currículums y carreras personales. Aunque el ser humano no es ni por asomo inferior al camaleón en su capacidad  de adaptación.

Al final, ha llegado la derecha. En principio algo más que la alternancia, pregonan que es la alternativa. De momento, más de uno quiere ser presidente y solo hay un puesto. Si son verdaderos, no es que se muden a los lugares comunes desalojados por el socialismo; es que crearán nuevos lugares. Fraga dijo, cuando ganó Felipe González, que su verdadero problema iba a ser encontrar toda la gente que necesitaba para gobernar; la encontró. Ahora, el problema es qué va a hacer tanta gente sin que esté su gobierno .

No me atrevo a sacar conclusiones sobre cómo va a gobernar la derecha ni en qué condiciones. De momento, no ha hecho falta que voten las vacas, ha votado el pueblo, el que ha querido votar y a quien  han querido. Son las reglas de la democracia.

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