“Jamón”: pintadas islamófobas cubren las paredes de un pueblo de Granada ante la “pasividad” del gobierno local
Lo que empezó como unas pintadas racistas en el centro de Loja (Granada), se ha extendido en las últimas semanas a otros barrios del municipio. Grafitis con la palabra “jamón” que están apareciendo cerca de viviendas de vecinos de origen musulmán, que no solo constituyen un ejemplo de vandalismo, sino de señalamiento y racismo. Así lo entienden en esta localidad del poniente granadino, salvo por el diagnóstico que hace cada uno de este fenómeno. Mientras desde el Ayuntamiento de Loja, gobernado por el PP, hablan de “hechos aislados”, vecinos y oposición critican la “pasividad” del Consistorio para borrarlas y su errática política para frenar el racismo en la localidad.
Porque Loja, 20.000 habitantes, vive en los últimos meses en un ambiente en el que, según apuntan algunos lugareños, hay grupos vinculados a la ultraderecha que pretenden señalar a las personas migrantes de origen musulmán para que se marchen del pueblo. Lo hacen a través de las citadas pintadas, pero también mediante mensajes en redes sociales en los que se pueden leer discursos que atacan directamente a la libertad de estos ciudadanos. Aunque no se trata de un fenómeno masivo contra los migrantes musulmanes, sí hay quienes apuntan a que el clima racista va en aumento ante la falta de interés del Ayuntamiento de Loja por frenarlo.
No en vano, el Ejecutivo municipal, que en los últimos meses ha cambiado de alcalde ante la salida del senador del PP, Joaquín Camacho, que llegó a estar en el centro de la polémica por señalar a los migrantes de la localidad como delincuentes, ha acabado recientemente con el programa de integración que llevaba funcionando los últimos ocho años y que desde diciembre ya no opera. Este programa estaba destinado a personas procedentes de otros países que quisieran aprender la cultura, el idioma, pero también como punto de encuentro y comunidad. Sin embargo, el Gobierno local acabó con él alegando que “no estaba cumpliendo los objetivos”.
Pintadas cerca de población migrante
Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que esta iniciativa municipal sí había conseguido congregar a varios vecinos migrantes y, de hecho, estaba funcionando como centro cívico para, por ejemplo, quienes no tienen acceso a un ordenador e internet, algo que sí podían usar en las dependencias locales destinadas a este programa. Para Juanfran Cañadas, uno de los técnicos que trabajó ahí con personas migrantes hasta diciembre, el contexto en el que aparecen las pintadas no es casual. “Las pintadas empezaron por el casco histórico de Loja, que es donde habita más población inmigrante, la mayoría musulmana”, explica. Se trata de una zona que fue el centro neurálgico de la ciudad hace medio siglo y que hoy arrastra un fuerte deterioro urbanístico y demográfico.
La denuncia pública la lanzó la vecina y periodista antirracista Ana Beauchy, que lleva meses documentando la aparición de estas pintadas. “Una veintena de pintadas con la palabra jamón decoran desde hace cuatro meses las fachadas de algunos muros y casas de Loja”, ha denunciado públicamente. Según explica, los grafitis “están cerca de viviendas habitadas por extranjeros de origen marroquí”, lo que, a su juicio, no deja lugar a dudas sobre su intencionalidad. “¿En qué momento empezamos a autorizar este odio en público?”, se pregunta. Para Beauchy, no se trata de un acto anecdótico, sino de un mensaje que se mantiene en el espacio público sin que nadie lo retire: “Hay que limpiar esas pintadas de la vergüenza de una vez”.
El lugar elegido para las pintadas tampoco es casualidad. Según apunta el ex técnico municipal, Juanfran Cañadas, el bajo valor de la vivienda y el abandono progresivo del casco histórico propiciaron que muchas familias migrantes adquirieran inmuebles en mal estado para reformarlos poco a poco y comenzar una nueva etapa. “Las pintadas no son casuales y están hechas en donde se concentra más población musulmana”, sostiene. A su juicio, no se trata de actos dispersos, sino de un patrón repetido en distintas zonas. “Cada vez hay más”, añade, aunque reconoce que no hay responsables identificados: “No sabemos quién o quiénes pueden ser los responsables. Solo sospechamos, pero no tenemos pruebas claras”.
Hechos “aislados”
El Ayuntamiento, sin embargo, ofrece una versión distinta. Fuentes municipales aseguran que las pintadas comenzaron “hace aproximadamente un año” y que no se ha producido una proliferación reciente. “No se han producido más en los últimos seis meses”, afirman. El Consistorio sostiene que en su momento se denunció la situación, se revisaron cámaras de seguridad y se investigó la posible autoría, aunque “no se ha llegado a detener” a nadie. Según la información que manejan, podría tratarse de una sola persona que actúa de madrugada. “No es un hecho de grupo”, dicen, y califican lo ocurrido como “pintadas vandálicas aisladas” que “no han gustado” y que en su día fueron consideradas “inasumibles”.
Desde la oposición, el portavoz del PSOE de Loja, Antonio García, también reconoce la existencia de las pintadas en los últimos meses y las interpreta como una alusión directa a la población musulmana. “Una referencia muy clara a la comida musulmana”, señala, aunque considera que podrían estar realizadas “por una misma persona o por un grupo muy reducido de personas” y que “no reflejan para nada lo que es el sentir de la ciudadanía lojeña”.
García coincide en que la limpieza no ha sido prioritaria. “Es verdad que el ayuntamiento no se ha esmerado mucho en su retirada”, afirma, al tiempo que critica las políticas de integración desarrolladas por el Gobierno municipal en los últimos años, que a su juicio “no han sido eficientes”. El portavoz socialista admite que en determinados momentos el clima social ha sido “algo más tenso”, pero lo vincula a episodios concretos de delincuencia protagonizados por varias personas de origen magrebí en un corto espacio de tiempo. “Era una crispación en contra del delincuente, independientemente de la procedencia”, sostiene.
Con todo, defiende que la identidad del municipio no responde a un escenario de confrontación. “Si algo ha caracterizado siempre a Loja es por ser una ciudad tolerante, respetuosa y multicultural”, dice. Porque la discrepancia no es solo sobre la autoría, sino también sobre la limpieza. Mientras vecinos y oposición denuncian que muchas de las pintadas siguen visibles meses después, el Ayuntamiento defiende que se han retirado algunas en función de los medios disponibles. “Los medios que tenemos son los que tenemos”, señalan, y recuerdan que parte de los grafitis están en fachadas privadas, lo que limita la intervención directa.
Por otro lado, voces críticas apuntan a que el cierre del programa municipal de integración ha dejado sin un espacio de referencia a parte de la población extranjera. Cañadas recuerda que durante ocho años el servicio funcionó también como punto de apoyo educativo y comunitario. Entre otras iniciativas, contaba con un aula de convivencia para alumnado expulsado temporalmente de centros educativos, un recurso que, según explica, ya no existe. “Se eliminó el programa directamente”, recuerda. Aunque desvincula de forma explícita la desaparición del servicio de la aparición de las pintadas, sí admite que la supresión de políticas de integración coincide con un momento de mayor tensión discursiva.
Tanto él como otros vecinos rechazan que la convivencia general esté deteriorada. “La mayoría de la población migrante convive en perfecta armonía con el vecindario”, afirma. “El clima de convivencia en absoluto está siendo desagradable”. Las pintadas, insisten, no representan a la mayoría de la ciudadanía lojeña, pero sí han abierto un debate sobre el significado de su presencia en el espacio público.
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