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“Ya no me importa nada lo que la gente diga de mí”: las personas transexuales registran su ley

Mar Cambrollé, presidenta de ATA-Sylvia Rivera, Carlos y África posan delante de la bandera trans

Javier Ramajo

Está muy reciente el recuerdo de Ekai, el adolescente trans de 16 años que hace unos días se quitó la vida mientras esperaba que se le reconociera su identidad de género. La ley que profundizará en la despatologización de las identidades trans y en la libre determinación de la identidad y expresión de género, que llena de esperanzas a personas transexuales, se registra este viernes en el Congreso de los Diputados. África y Carlos residen en Sevilla, tienen 22 años y saben bien, pese a los considerables avances que conllevó la Ley de Transexualidad de Andalucía aprobada en 2014, de las dificultades personales y administrativas que supone ser una persona transexual en España, con muchas competencias estatales que entonces no se pudieron resolver a nivel autonómico. Como tantos otros dijeron en su momento, y como remarca Carlos, “ya no me importa nada lo que la gente diga de mí”. Ya no van a sentir más su “dignidad pisoteada”, como recuerda África.

La norma que ahora llega al Congreso está inspirada en la pionera ley andaluza de hace cuatro años. Los ejes fundamentales en los que se sustentan ambas leyes son la despatologización de las identidades trans y la libre determinación de la identidad y expresión de género, “aspectos sin los cuales no es posible legislar para combatir las discriminaciones de las personas trans”, indica la presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía-Sylvia Rivera y portavoz nacional de la Plataforma Trans, Mar Cambrollé.

Andalucía fue la primera región europea en despatologizar la transexualidad, y ahora “contra el autobús de la transfobia desde aquí va a salir el autobús por los derechos trans”, comenta Cambrollé en referencia al vehículo que se fletará para dar testimonio del registro de una ley “determinada por las propias personas trans” y que “nace de los sujetos políticos y no del buró de ningún partido político”. La plataforma pidió en otoño “una ley propia” para el colectivo diferente de la presentada por Unidos Podemos sobre derechos LGTBI que empezó a tramitar el Congreso en septiembre.

“No es estética, es salud”

“Actualmente, los menores transexuales que no viven en Andalucía tienen el riesgo de lo que le ha ocurrido a Ekai”, apunta Cambrollé. “Quizás esta ley venga a prever y a minimizar el impacto de los intentos de suicidio que hay entre jóvenes trans. Cuando toma conciencia de su identidad, el niño o la niña quiere ser tratado como tal, rechazando caracteres que no sienta como propios. Eso no es estética, eso es salud, porque supone darle armonía al ser”. Más del 80% de los adolescentes trans piensan en el suicidio, el 40% lo intenta y el 10% lo consigue, recuerda. “Esto denota que la sociedad está enferma y no se está poniendo remedio hasta ahora”.

España, paralelamente, está a la cabeza en la aceptación de la realidad trans según una encuesta llevada a cabo en 16 países. En ese reciente muestreo los españoles dicen ser partidarios de que el Gobierno mueva cuantos obstáculos haya para que las personas puedan vivir en igualdad. “La sociedad lo está pidiendo y los políticos tienen que recoger el sentir de la sociedad. Ya es la hora, es el momento de dejarse de poses y de pasar a la acción, que es registrar esta ley que va a reparar tantos años de discriminación”.

Escuchando las experiencias personales de Carlos y África se aprecia que ambos conocen de primera mano la discriminación que han padecido y que sufrieron en la clandestinidad de sus sentimientos, de haber nacido con un sexo que no se correspondía con su identidad de género. Su transición no fue fácil pero la ventaja de ser andaluces respaldó su posicionamiento con una normativa que despatologiza el hecho de ser una persona transexual en Andalucía. Cambrollé cita el caso de un chico que, al trasladarse a Madrid, tuvo problemas con su tarjeta sanitaria. “Allá donde la administración andaluza expida una acreditación administrativa, se respeta la identidad decidida por una persona transexual”, señala.

El DNI, competencia estatal

África, desde la ley andaluza de 2014, ya no es tratada “como una enferma mental”, indica, ni está bajo la tutela de ninguna Unidad de Transexualidad e Identidad de Género (UTIG) como la de Málaga. La despatologización alcanzada en el ámbito de la sanidad posibilita que “ya ningún psicólogo va a determinar quién soy yo”, resume África. “Gracias a la ley andaluza no tuve que pasar por ningún psicólogo, y el médico de cabecera me derivó al endocrino de aquí de Sevilla, sin tener que ir a la Unidad de Málaga”.

La futura ley acabará con una “desigualdad territorial de que aquí tenemos una serie de privilegios y en otras comunidades no”, dice mientras repasa lo que en Andalucía ya es de obligado cumplimiento y que en breve se extenderá al resto de España. “Es muy importante que estemos representados en los currículums educativos, que se nos respete nuestro nombre aunque no venga todavía en el DNI o que podamos usar los baños de acuerdo a nuestro género en los colegios e institutos. Así nuestro honor permanece intacto y no se nos puede señalar públicamente”, explica.

Respecto el DNI, la nueva ley eliminará la transexualidad como una enfermedad para acceder a modificar la mención registral en los documentos oficiales. Era una cuestión no solventada entre los transexuales andaluces. “Fue bastante complicado ya que el hecho de que tengas que aportar un informe médico donde diga que tienes una patalogía para reconocer mi identidad no es muy agradable la verdad. Sentí como si mi dignidad estuviera pisoteada”.

Aún falta información

Carlos pasó por todo lo que pasa un niño transexual, imitando a su padre orinando de pie o tratando de afeitarse. Recuerda una infancia “dura”, agresiones incluidas, “todo por el hecho de no vestir con lo que se supone que la sociedad cree que es acorde”. Sus padres le han apoyado siempre en ese sentido pero no encontró refuerzo en “la sociedad”, repite. “Cuando me vi autolesionándome tuve la fuerza de voluntad de luchar por mí y confiar en que seguramente aquello cambiaría. Nunca me fue fácil ser como un chico normal y corriente”, confiesa.

Poco a poco lo fue comentando con su entorno y ahora está a la espera de “por fin” empezar a hormonarse. “No me importa absolutamente nada ya de lo que la gente piense o pueda decir de mí. He dejado todo ese pasado atrás. Si la sociedad no nos metiese esa presión, pienso que no tendríamos que hormonarnos. Seríamos nosotros mismos, sin más. La sociedad cada vez más está más podrida”, lamenta, habiendo encontrado incluso problemas con un médico que le forzó a ir al psicólogo pese a que la ley andaluza lo prohíbe.

“Eso es una mala información por parte de un funcionario de cuál es la ley y cuáles son los derechos de las personas trans en Andalucía”, aclara Cambrollé aludiendo a algunas quejas “puntuales” interpuestas ante las autoridades sanitarias. “Las evaluaciones psicológicas no están permitidas aquí”, enfatiza, apuntando en cualquier caso a un reciente estudio de ATA presentado en la Universidad de Málaga que dice que el 76% de las personas transexuales que residen en Andalucía consideran “insuficiente” la labor de los poderes públicos para luchar contra la discriminación del colectivo, especialmente en ámbitos como el educativo, el laboral o el social. “Le di con la ley en la cara pero me dijeron que tenía que pasar por eso”, recuerda Carlos a sabiendas de que legalmente llevaba razón. “Es un derecho”, insiste Cambrollé.

Ciudadanos “de clase B”

Un marco legal “integral” es “necesario” porque “la democracia no ha llegado para las personas transexuales en 40 años”, denuncia Cambrollé, y ahora “se da una respuesta a todos los ámbitos objetos de discriminación” tras la Ley 3/2007 de 15 de marzo, que reguló la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas y que “no resolvió la despatologización con la identidad legal”. “Hemos vivido como ciudadanos de clase B porque la situación es sangrante: un 80% de las personas trans sufre exclusión laboral”, añade.

“¿De qué me sirve que se me reconozca como mujer si cuando voy a recibir una atención sanitaria tengo que pasar por unos protocolos patologizantes, o cuando abro un libro de texto no aparece la realidad de las personas trans, o cuando tenemos el mercado laboral cerrado a cal y canto, o existe una discriminación en el deporte? La nueva ley responde a todas las sensibilidades trans y nace sin fecha de caducidad”, valora Cambrollé a la espera de las distintas órdenes y protocolos vayan desarrollando la igualdad en todos los ámbitos.

“Es necesaria para dar una respuesta transversal a esta situación tan brutal de discriminación”, concluye. “Esperamos que ningún partido político con dignidad nos dé la espalda”, dice Cambrollé, como ocurrió con el PP cuando votó en contra de la proposición de ley del PSOE que pretende introducir una modificación en la ley 3/2007 de 15 de marzo y a la que se dio luz verde el pasado noviembre.

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