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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Averly y seguirán otras

El posicionamiento de la derecha política sobre la Arqueología Industrial está condicionado por la contradicción entre propiedad privada y necesidad pública. Fundamentalmente esta contradicción viene dada por el desconocimiento de su propia historia personal y colectiva que hace que se decante por defender sus privilegios, y sobre todo su autoridad sobre la propiedad aunque vaya en perjuicio de sus propios intereses económicos. Esta contradicción es debida a una ideología actual que opone el bien privado y el bien público. Pero esto no siempre es así.

La historia de la construcción de empresas desde la Revolución Industrial ha sido altamente conflictiva y en nuestros días esta actividad se ha visto gravemente afectada por la deslocalización.

Los empresarios o abuelos promotores de lo que llamamos arqueología industrial fueron capaces, con el sufrimiento y beneficio mal repartido, de levantar proyectos industriales cuyos restos llamados “arqueológicos” valoramos con admiración y sentimos la necesidad urgente de conservarlos para la historia de las ciudades.

Para entender el legado arquitectónico de la historia debemos entender la aportación de los empresarios del S. XIX como gestores. Promovieron industrias que se levantaron con sistemas y criterios de eternidad propios de la antigüedad en lo que llamamos como arquitectura historicista.

Pero también llamaron a los mejores arquitectos de la época, los vanguardistas, para construir sus casas como palacios que epataron a la nobleza. Gaudí en Barcelona. Hoffman y Horta en Bruselas o el mismo Mackintosh en Glasgow cuna de la Revolución Industrial, construyeron la casa perfecta y sofisticada para las esposas anoréxicas de los empresarios que así las convertían en princesas de un cuento de hadas.

Estas señoras ajenas al nacimiento del movimiento sindical de Robert Owen y otros, y al nacimiento de Peter Pan, el niño que no quería crecer en un entorno industrial despiadado, de J. Mathew Barrie, se fueron a Hellensbourg a disfrutar de la belleza constructiva y muy confortable de la Hill House y su entorno sin contaminación.

Sí, los propietarios empresariales abuelos o próximos de los propietarios actuales del suelo en Zaragoza, también estaban en sintonía con la filosofía de producir riqueza del hombre ilustrado. La de impulsar el modelo Glasgow, un proyecto global que contempló tanto la industrialización, como lo arquitectónico, la mejora agrícola, e incluso el orden paisajístico a partir de la gestión del agua y la fuerza motriz producida desde el Canal Imperial.

Sagasta y Ruiseñores se urbanizaron a principios del S. XX con villas y palacetes, dado que fue la primera zona en la ciudad que tenía agua corriente y vertidos. Yarza Echenique, Bravo Folch y Gómez Pulido construyeron el marco apropiado para la burguesía de la época.

Sus hijos ni ilustrados ni gestores, al llegar el segundo pelotazo inmobiliario de los años sesenta, no tuvieron ninguna cortapisa moral ni política en destruir el legado de sus padres acuciados quizá por la descapitalización de una clase social que ya no era innovadora.

¿Cuál es el equilibrio entre lo público y lo privado?

Haciendo lectura de la historia de la construcción-destrucción de esta ciudad habrá que dictar unas normas si no las hay, que respeten el bien común para beneficio de todos. Unas normas sobre la guerra de lo privado contra lo privado, y que se armonicen a su vez con lo público.

Los políticos y técnicos del municipio y DGA como responsables últimos en otro espacio intelectual más amplio que el ilustrado, tienen que debatir sobre los proyectos urbanos y arquitectónicos concretos. Tienen que basar el debate público sobre uno o varios proyectos que definan el espacio urbano produciendo ciudad, no por su vinculación a unos intereses desconocidos por la falta de transparencia, todo esto sin caer en la coartada de convertir cualquier acción en concursos carísimos de solo proyectos como ocurrió en los últimos veinte años.

Según lo que pase con Averly dará pie y legislación para otros casos pendientes continuando o no la barbarie urbanística.

*Rubén Enciso, miembro de GAO (Gentes de apoyo y opinión)

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Publicado el
27 de abril de 2016 - 21:40 h

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