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Quebrantahuesos, la cicloturista más numerosa, cumple un cuarto de siglo con 8.500 participantes en la línea de salida

Quebrantahuesos 2014. Foto: organización Quebrantahuesos

Marta Salguero / Marta Salguero

Zaragoza —

De los 300 ciclistas que participaron en la primera edición de la Quebrantahuesos, a los 8.500 corredores que la disputan este sábado. De los 67 voluntarios que la pusieron en marcha en 1991, a los 1.000 que la harán posible hoy. Estos son los números de la historia de una de las marchas cicloturistas más importantes de Europa, que este año cumple sus bodas de plata y que se ha convertido en una cita ineludible para los amantes de la bicicleta.

Han sido muchos los aficionados y deportistas de élite que, a largo de estos 25 años de historia, han realizado la Quebrantahuesos. Tampoco han faltado este año. Nombres tan conocidos como los ciclistas Miguel Induráin y Abraham Olano, el motociclista Sete Gibernau, el futbolista David Albelda o la alpinista Edurne Pasabán parten hoy de la línea de salida, en Sabiñánigo (Huesca).

Entre ellos, están también Ángel Bajador, Javier Ayerza, Marian Gil, Joxean Moreno, José Miguel Sorarrain, Fernando Rasal del Pueyo o Iñaki Olariaga. Los ocho corredores que no se han perdido ninguna edición y que en esta ocasión corren con un maillot plateado, tras haber recibido el homenaje de la organización.

Echando la vista atrás, uno de los organizadores, Fernando Rasal, de 54 años, explica que la Quebrantahuesos ha sido para él un motor a nivel humano y deportivo, además de “media vida”. Le ha ayudado a seguir entrenando con más fuerza, desde que formó parte de esos 300 ciclistas que participaron en la primera edición.

Entonces, era un “ciclista de alforjas” acostumbrado a ir a un ritmo mucho más pausado. A partir de ahí, ha visto crecer a esta marcha cicloturista que pasa por su pueblo, Pueyo de Jaca, y que ha supuesto un “revulsivo” económico y turístico para su tierra.

La carrera

Tras muchos días de trabajo y con todo preparado, a las 7:30 horas, 8.500 corredores parten de la línea de salida de la Quebrantahuesos dirección Canfranc, dispuestos a volver al mismo sitio. Eso sí, después de haber hecho un recorrido de 200 kilómetros; de cruzar la frontera a Francia y de superar los puertos de la carrera: Somport, Marie Blanque, Portalet y Hoz de Jaca.

A ellos se han sumado los 2.172 ciclistas de la Treparriscos, que en la XI edición, y por tercer año consecutivo, discurre por El Serrablo y el Parque Nacional de Ordesa, a lo largo de 84 kilómetros. En total, 10.672 personas, todos ellos con un chip de geolocalización, procedentes de hasta veinte países diferentes, desde Estados Unidos a Nueva Zelanda, México o Argentina. Pero a pesar de estos números, la Quebrantahuesos se sigue quedando corta. Al menos, para los 4.746 aficionados que no han podido disputarla, al quedarse sin plaza en el sorteo realizado el pasado mes de enero.

El despliegue que cada año acoge Sabiñánigo es todavía mayor en esta edición del XXV aniversario. Pantallas para ver el paso de los ciclistas por los puertos, la publicación de un libro homenaje de estos 25 años, fideuá gigante de ternasco de Aragón para reponer fuerzas, una aplicación para móvil o el maillot oficial completan la programación de esta tradicional cita.

Un motor para la economía

Para Sabiñanigo, ubicada en la Comarca del Alto Gállego, en la provincia de Huesca, esta marcha cicloturista no es solo uno de los eventos deportivos más importantes de España. Es también un motor dinamizador de la economía de la región. Se calcula que por cada euro invertido, un millón de euros en total, según el alcalde de la localidad, Jesús Lasierra, se quedan en el territorio entre tres y cuatro.

Durante estos días, Sabiñánigo, engalanada para la ocasión con las banderas de las comunidades autónomas españolas y de los 20 países de los participantes, dobla su población actual. Y esto tiene una repercusión directa en el sector turístico de la región, ya que todas las plazas hoteleras se encuentran durante estos días cubiertas al 100 %, ha explicado el alcalde, quien ha corrido la carrera en cuatro ocasiones.

La intención de la peña ciclista Edelweiss, promotora de la Quebrantahuesos, no era llegar a los 25 años, ni a los quince. La idea inicial era hacer una carrera distinta a las que ya existían, con un recorrido largo, puertos duros y avituallamientos, ha recordado el vicepresidente de la peña, Roberto Iglesias.

A partir de esa primera edición, la Quebrantahuesos comenzó a crecer a un ritmo que llegó a desbordar a la organización. Cada año se apuntaban más ciclistas y, desde la peña, se decidió añadir dificultad a la prueba para “filtrar” a los corredores y frenar el aumento de participantes. Fue entonces cuando a los puertos habituales, Somport, Marie Blanque y Portalet, se añadió el Hoz de Jaca, pero, para sorpresa de los organizadores, esta medida tuvo el efecto contrario. En la siguiente edición se apuntaron más participantes y lo mismo ocurrió cuando decidieron ofertar un recorrido corto, la Treparriscos.

“Llegó un momento en el que tuvimos que hacer un sorteo y facilitar el pago por Internet, ya que vimos que era una temeridad recoger el dinero el mismo día y llevarlo en bolsas al banco como hacíamos los primeros años”, ha recordado.

Pero incluso en ese paso hacia la tecnología se vieron también desbordados, con una página web que no soportó que se conectaran hasta 3.000 direcciones de IP distintas, en los primeros minutos una vez abierto el plazo.

¿Habrá otros 25 años? Eso dependerá siempre de los voluntarios. Son el pilar de la Quebrantahuesos, capaces de ponerla en marcha y de hacerla funcionar, hasta el punto de que la Quebrantahuesos solo continuará si hay voluntarios dispuestos a trabajar para que así sea, ha concluido Iglesias.

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