Jóvenes ecologistas de toda España repueblan Ruesta durante cinco días para celebrar la III Escuela de Verano
Ecolojóvenes nació en 2021 como la sección juvenil de Ecologistas en Acción, ofreciendo un espacio de formación, reivindicación y apoyo mutuo para jóvenes de entre 18 y 35 años vinculadas al ecologismo social. Tras el éxito de las dos primeras ediciones, celebradas en el Delta del Ebro (Tarragona) y El Torno (Jerez de la Frontera, Cádiz), la III Escuela de Verano se ha celebrado este año en Ruesta (Zaragoza), bajo el lema “Ecorruralismo o barbarie”.
Desde el 6 hasta el 10 de agosto, alrededor de 45 jóvenes, procedentes de diversas federaciones territoriales de Ecologistas en Acción, así como de otros grupos ecologistas y colectivos sociales, han devuelto a la vida al pueblo de Ruesta, en las altas Cinco Villas. Una experiencia que les ha servido para conectar, ya que “al ser una organización descentralizada somos pocos los jóvenes que estamos en los grupos locales, y estos encuentros nos ayudan a apoyarnos y compartir experiencias”, explica Luis García, activista y responsable de comunicación de Ecolojóvenes.
Los asistentes a la II edición de la Escuela de Verano han tenido tiempo para reflexionar sobre despoblación, conflictos territoriales y luchas ambientales en Aragón, así como para tejer alianzas con asociaciones y colectivos locales, como el Movimiento por la Dignidad de la Montaña, con quienes compartieron un interesante coloquio, o la Asociación Río Aragón, que les explicó la historia de Ruesta y su vinculación con el embalse de Yesa. “Nos ha hecho mucha ilusión celebrar esta tercera edición en Aragón. Volver a encontrarnos jóvenes ecologistas de todo el Estado y hacerlo de forma más arraigada al territorio”, confiesa Marina Gros Breto, portavoz de Ecolojóvenes.
El ecologismo a través del ocio y la tradición rural
A lo largo de los cinco días en los que se desarrolla el programa de la tercera edición de la escuela, los jóvenes han participado en actividades al aire libre de conciencia ambiental, rutas por espacios naturales y talleres con diferentes temáticas: herramientas jurídicas en el activismo, artivismo (activismo enfocado en el arte), acción directa no violenta y el “trabajo que reconecta” de la recientemente fallecida Joanna Macy. Además, han recibido formación en el impacto de los centros de datos, las tecnomasculinidades, oratoria o decrecimiento.
Asimismo, la III Escuela de Verano ha incluido en su programación actividades recreativas como la observación astronómica, juegos de mesa ecologistas y una noche de música en directo, performance y micro abierto. Una parte importante de este encuentro es crear vínculos y dar lugar al encuentro personal entre los participantes, todos ellos jóvenes, “queremos disfrutar de encontrarnos, celebrar y divertirnos, porque también esos son elementos importantes de la lucha ecosocial y ecofeminista”, apunta Marina Gros.
La conexión entre mundo rural y activismo ha sido el hilo conductor de esta experiencia que los participantes valoran de manera muy positiva. Andrea es de Almería y siente que en su día a día son muy pocas las personas que entienden el activismo de la manera tan profunda y necesaria que ella lo ve. Su estancia en la III Escuela de Verano organizada por Ecolojóvenes en Aragón, le ha hecho conocer a más personas como ella: “Encontrarte en un entorno donde a más personas les importa la justicia social y climática y lo que haces cada día por ello, te hermana, es una experiencia que recomiendo mucho”, asegura. Álvaro es de Ayerbe, y asistir a esta Escuela le ha ayudado a crear “un mapa emocional” y una red de contactos con otros jóvenes del resto de España que comparten sus ideas, lo que lo ha animado “a seguir adelante con el activismo rural”.
Ruesta, escenario para entender el impacto humano en el territorio
Ruesta, junto a las localidades de Escó y Tiermas, quedaron deshabitados a comienzos de la década de los años 60 del pasado siglo debido a las obras del embalse de Yesa. Tiermas quedó oculto bajo las aguas del pantano y, los habitantes de Ruesta se fueron marchando al quedar anegadas sus tierras de cultivo entre las 1.900 hectáreas sobre las que se extiende la masa de agua.
En el año 2017, se ponen en marchas las obras para recuperar el trazado del Camino de Santiago Francés. Hasta la fecha se han restaurado la calle principal y las ermitas de San Jacobo (o Santiago) y San Juan; sus frescos se pueden visitar en el Museo Diocesano de Jaca, donde fueron trasladados. También se han consolidado las estructuras de algunas de las viviendas que estaban más afectadas tras décadas de abandono, y se han reforzado algunos muros de piedra, obras que se han llevado a cabo a través de un riguroso trabajo que ha intentado respetar la estructura original y reducir, en la medida de lo posible, el impacto visual de las obras de consolidación. Estas intervenciones han sido reconocidas con el Premio Hispania Nostra 2021 y elegidas entre las obras finalistas de la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo 2023.
En la actualidad Ruesta pertenece a la localidad vecina de Urriés, también ubicada en la Val de Onsella, y cuenta con servicio de bar, restaurante y alojamiento para hasta 53 personas. En los últimos años, se ha convertido en lugar de visita y destino para personas que quieren vivir la experiencia de pasar unos días en un pueblo deshabitado rodeado de naturaleza.
Esta historia, la de Ruesta, es la que ha hecho que este año, los jóvenes de Ecologistas en Acción hayan elegido esta localidad para llevar a cabo su Escuela de Verano, cuya temática gira en torno al “ecorruralismo”, o el impacto que la acción del ser humano tiene sobre el territorio, especialmente en las zonas rurales, como apunta la portavoz de Ecolojóvenes: “Queremos vincular nuestras luchas con las problemáticas locales, especialmente la despoblación y los impactos de los proyectos, como el de Yesa, que amenazan el futuro y el presente del territorio”.
Tras celebrar las dos anteriores ediciones en Tarragona y Cádiz, los jóvenes participantes reconocen que en Ruesta han tenido un vínculo especial: “La localidad no solo ha sido el telón de fondo en el que hemos desarrollado nuestro programa de actividades, nuestro vínculo en Ruesta ha ido más allá, nos hemos enraizado con él y henos conocido y compartido la lucha de sus habitantes, ha sido una experiencia muy positiva para todos”, explica Luis García.
Como aragonés, Álvaro confiesa que: “Asistir a esta escuela te enfrenta a una dicotomía muy fuerte, Ruesta fue expulsado y silenciado, y puede ser el futuro macabro que espere a otros pueblos”, alerta. Sin embargo, le ha sorprendido el renacer de este pueblo: “Ruesta se ha convertido en la esperanza materializada”, asegura, y apunta hacia el activismo que se está llevando a cabo desde otra localidad cercana, estrechamente vinculada, Artieda: “Allí se escucha un viento combativo que resuena con otras luchas del Bajo y del Alto Aragón en defensa de las montañas, la soberanía energética local, la regeneración del agua, las prácticas de la industria agroganadera”, explica este joven activista.
También para los jóvenes venidos desde otros puntos de España, vivir durante cinco días en Ruesta ha dejado una huella que, como explica Andrea, va más allá de lo simbólico: “En este pueblo se ve el impacto de los megaproyectos en el territorio y la forma de vida de las personas y de un pueblo”, explica, y reconoce que su vinculación y su sentimiento de pertenencia y, por tanto, de responsabilidad con el entorno, ha aumentado: “En el día a día es fácil perderse en las luchas cercanas. Ahora me siento más vinculada a la lucha de otro territorio, más allá de lo que pasa a mi alrededor”.
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