Cuanto más trabajamos, más hacemos sufrir a nuestro corazón

Nuestro lugar de trabajo es clave para adoptar comportamientos saludables.

Por alguna extraña razón, cuando pensamos en nuestra salud, tendemos a creer que el tiempo en el trabajo está separado del resto de nuestra vida. Sin embargo, gran parte de nuestra existencia transcurre en la oficina, la fábrica o donde sea que trabajemos.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los españoles dedicamos 1.699 horas al trabajo. Estamos prácticamente en la media de los países analizados por la organización: 1.770 horas.

Muchas horas.

El Instituto Finlandés de Salud Ocupacional asegura que quienes tienen una jornada laboral superior a las ocho horas corren un riesgo entre un 40% y un 80% mayor de sufrir una enfermedad cardiaca.

Según la doctora Marianna Virtanen, directora de la investigación, “la larga jornada laboral viene asociada normalmente a una exposición prolongada al estrés”.

Además, el estudio señala otros factores de riesgo derivados del exceso de trabajo, como son los malos hábitos alimenticios y la falta de ejercicio a causa del poco tiempo libre.

No deberíamos olvidar que nuestro lugar de trabajo puede ser la clave para adoptar comportamientos saludables que reduzcan el riesgo de contraer enfermedades cardiacas crónicas.

“Hablamos por ejemplo de alimentarnos mejor, una mayor actividad física, dejar de fumar o prestar tanta atención a la salud de nuestro cuerpo como a la de nuestra mente”, asegura Stuart Fletcher, CEO de la aseguradora británica Bupa, que lidera la campaña Hearts at Work (Corazones Trabajando).

En este sentido, añade: “Las empresas también tienen su responsabilidad en el bienestar de los empleados y pueden ser de gran ayuda: si hay un comedor, aportando unos menús sanos y equilibrados; dando incentivos por dejar de fumar o liderando iniciativas a favor del ejercicio físico de los trabajadores".

La campaña Hearts at Work ha creado una calculadora on line que permite conocer la edad de nuestro corazón. “Puede ser más joven o más viejo que nuestra edad real, dependiendo de nuestros niveles de actividad física, presión sanguínea u otros factores medicos, como nuestro índice de masa corporal”, explica Fletcher.

Hagamos trabajar al corazón con cabeza.

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