Benjamín García Pastor, doctor en Ciencias del Mar: “Quitarle terrenos a la bahía de Santander es una de sus grandes amenazas”
Durante la conferencia 'Tres brutales agresiones a la bahía de Santander', el doctor en Ciencias del Mar Benjamín García Pastor (Santander, 1947) repasaba hace unos días las intervenciones humanas que desde 1873 hasta hoy han hecho perder aproximadamente un 50% de superficie y ocho metros de calado al apreciado icono de la capital cántabra. La quema de árboles en los Altos Hornos de La Cavada, cuyos sedimentos eran arrastrados por el río Miera; la concesión Wissocq para la construcción de muelles desde Santander a Maliaño y los sedimentos del hierro sobrante de las minas de Peña Cabarga han condicionado, según el experto, la evolución de una de las 'Bahías más bonitas del mundo'. Y es que la de Santander y la de Rosas, en Girona, son las dos únicas bahías españolas entre las 45 que forman la selecta asociación turística internacional.
Hoy apasionado divulgador de historia naval, García Pastor cuenta con orgullo que creció en un barrio santanderino “marinero por excelencia” como era el Tetúan de los años 60. Tras el fallecimiento de su padre, a los 15 años empezó a trabajar en un taller y, más adelante, mientras estudiaba Náutica, en el Puerto de Santander. Era el año 1978 y, desde entonces, su vida iba a estar ligada más de tres décadas a varios puestos de trabajo dentro de la institución portuaria. Primero como jefe de Máquinas en buques de dragado, después como jefe de mantenimiento, director de Servicios Portuarios -al frente de prácticos, remolcadores, grúas y policía portuaria- y director de Marketing. Se jubiló en 2010, siendo director económico y administrativo de la ya Autoridad Portuaria de Santander.
Como miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Asociación Mil Velas, su jubilación le ha permitido volcarse en la difusión del patrimonio marítimo de Cantabria y compartir su extenso conocimiento sobre una bahía que conoce al milímetro, tanto en superficie como en fondo y biodiversidad. De ahí su empeño en invitar a pensar en la cantidad de terrenos “ganados” o que le hemos quitado al mar: el Barrio Pesquero, Candina, el polígono de Parayas, el aeropuerto, las marismas de Alday, La Maruca, Valle Real y Bahía Real o el propio Puerto de Raos, entre otros.
¿Cómo surge la idea de investigar esas grandes 'agresiones' que ha sufrido la bahía de Santander?
Cuando me jubilé me puse a estudiar historia naval y me llamaron para dar alguna conferencia sobre la construcción de barcos en el astillero de Guarnizo. La investigación es muy bonita, me encanta ir descubriendo cosas. Además, tengo la ventaja de tener acceso directo a la documentación del archivo documental del Puerto, donde hay gente encantadora y se molestan en ayudarme. Desde luego sin ellos sería imposible hacer lo que hago.
Hoy, ¿a qué grandes amenazas está expuesta la bahía de Santander?
Quitarle terrenos a la bahía de Santander es una de las grandes amenazas actuales. El riesgo que hay hoy es que se vaya restando superficie a la bahía. El terreno tiene un valor importantísimo, y aunque el puerto haya dicho que no vuelve a coger un metro cuadrado, no es totalmente cierto.
De hecho, ¿acaban de anunciar una ampliación, no?
Sí, los muelles número 9 y 7. Y eso es un terreno nuevo. Se han ganado muy pocos metros, pero se ha ganado el terreno. Imagino que por necesidades de los pueblos de alrededor, pero sin duda es un problema que la superficie de la bahía disminuya.
¿Y hay más problemas?
Sí, otro problema, y este es natural, es que está entrando continuamente arena a la bahía por la parte norte, por la zona de La Magdalena. Ni espigones ni nada. En la bahía siempre hay una corriente de agua que entra por la zona norte, desde fuera, y arrastra cantidades de arena. Por la zona sur, en El Puntal, las olas siempre rompen perpendiculares, paralelas a Loredo, a Somo, a Las Quebrantas… hasta Punta Rabiosa. En el momento que tú desfigures El Puntal, automáticamente las olas se van a encargar de desplazar la arena.
Otro problema, y este es natural, es que está entrando continuamente arena a la bahía por la parte norte, por la zona de La Magdalena. Ni espigones ni nada. En la bahía siempre hay una corriente de agua que entra por la zona norte, desde fuera, y arrastra cantidades de arena
Recuerdo que cuando dragábamos El Puntal, para que no cayese en el canal de navegación, solíamos tirar la arena en Serrera, al otro lado de Santa Marina, casi en Galizano. Hubo una época en que el mar arrastraba la arena de tal manera que las olas llegaron a entrar en Somo. Y fue entonces cuando el Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria nos dijo que lo que debíamos hacer es tirar la arena en el mismo Puntal, no en Serrera, para que hiciese un ciclo cerrado y así El Puntal no fuese perdiendo arena.
La vista de El Puntal que se observa estos días desde Santander, con una pendiente de las dunas mucho más pronunciada de lo habitual, ¿es preocupante?
Lo último que yo he leído del Instituto de Hidráulica de Cantabria es que la bahía está bastante estabilizada. Hace 5 o 6 años comentaban que se iba a romper El Puntal, que ya había una zona de ruptura y que eso iba a avanzar y que iba a tener más riesgo de que con el oleaje se llegase a desconectar. Aunque este año sí es cierto que se ve más pronunciado, siempre ocurre que con los temporales de invierno las olas se llevan la arena. Lo que yo he observado hace unos días es que se ha cortado la punta, pero hay mucha más arena por debajo del agua. Eso significa que la arena se ha quedado allí.
El riesgo actual pienso que es que, con el tiempo, de manera natural, va a seguir entrando la arena y también depositándose en el fondo del Cantábrico. Un buceador muy experimentado, que baja muchas veces al pecio 'España', hundido durante la Guerra Civil frente a Loredo, me decía el otro día que antes los cañones del barco estaban al descubierto y se veían y ahora se están cubriendo de arena. O sea, la arena a 68 metros de profundidad también se está acumulando.
Usted habla también de la bahía como un motor económico de la ciudad. ¿Cree que orientar su explotación hacia los cruceros es lo más conveniente? ¿No vamos algo a la contra de otros destinos que ya están limitando la actividad crucerista?
Metes el dedo en la llaga [ríe]. Yo fui uno de los impulsores de esta idea de captar tráficos, porque los tráficos generan dinero. Tú haces unas inversiones, unos gastos, y lo que te interesa es rentabilizar esa inversión. ¿Y cómo rentabilizas? Pues cogiendo tráficos que sean cautivos, por eso es tan importante dentro de un puerto tener instalaciones fijas particulares. Porque claro, el particular quiere rentabilizarlo y quiere que eso se mueva, tener una gran superficie con muelles y nada más, no. Nosotros hicimos luego la Estación Marítima, queríamos rentabilizarla y fijar tráficos, porque cada vez que entra un barco genera actividad.
Pero la Estación Marítima, aun estando en pleno centro de Santander, ¿cree que está integrada en la vida de la ciudad?
No, debería tener más vida. Lo que ocurre es que, por ejemplo, los ferris necesitan hacer consumo de combustible y se han desplazado más arriba. Por eso lo bueno son los cruceros, traen 2.000 o 3.000 pasajeros, pasan un día aquí y dejan dinero en la ciudad. Hombre, en Barcelona, que al principio era el objetivo de todos los puertos, los cruceros han desbordado las capacidades de la ciudad. Nosotros no hemos desbordado las capacidades de Santander y yo creo que el nivel actual es positivo. Curiosamente, la actual alcaldesa, Gema Igual, y yo, hicimos equipo en la promoción de Santander Costa Verde, para captar tráficos de barcos, cuando ella era concejala de Turismo. En este sentido, yo creo que es bueno para la ciudad y se utiliza una Estación Marítima que tienes parada o con bajo rendimiento. Ahora bien, el crucero es una cosa más, pero lo bueno es tener terminales de sosa, por ejemplo, porque las fábricas tienen que mandar las mercancías por el puerto y entonces sí rentabilizas. El Puerto de Santander yo creo que está ahora mismo bien gestionado. Hay un tándem tanto político como técnico, sobre todo el tándem técnico, muy bueno.
El Puerto de Santander creo que está ahora mismo bien gestionado. Hay un tándem tanto político como técnico muy bueno.
La cosa creo que va por buen camino. De hecho, Santander sube. No vale especializarse en un solo tráfico, es decir, tráfico de coches. Los tráficos de coches tienen un problema, que ocupan muchísima superficie. Yo he llegado a tener 25.000 coches metidos dentro del puerto parados durante una huelga de transportes. Ahora, por ejemplo, han decidido una cosa lógica: hacer un silo en altura con capacidad para 25.000 coches, pero en una zona relativamente pequeña, sin que ocupe tanta superficie.
¿Y se ha diversificado realmente? Porque es cierto que lo más conocido es el tráfico de coches, ¿no?
Sí, hay cinco niveles de tarifas portuarias en función del grado de elaboración del producto. Lo que pagan las mercancías va en función de su grado de elaboración. Por lo tanto, es interesante mover muchas mercancías elaboradas. Y los coches generan mucho dinero. Cuando se habla de toneladas, un puerto que ha movido 7 millones de toneladas no me dice nada, lo que hay que saber es de qué. Y tampoco vale decir que solamente coches porque da mucho dinero. No, hay que abrirse a todo porque un día los clientes fallan, por lo que sea, y hay que tener otras cosas. Para mí, uno de los mayores éxitos que tiene actualmente el Puerto de Santander es la terminal de contenedores, pues hace que tengas unos tráficos fijos y además llama a muchas otras empresas: transportistas, gente que embala mercancías para meter dentro de los contenedores... O sea, la actividad se aumenta. Hay un profesor en la Universidad, Pablo Coto Millán, que ya hace años que viene estudiando el impacto económico del puerto en la actividad regional y dice literalmente que, sin duda, es el motor económico de la comunidad. El puerto genera el 12% del empleo regional. Emplea de forma indirecta a mucha gente: los transportistas, los almaceneros, los prácticos, los amarradores, los consignatarios, toda la gente que trabaja alrededor y para el puerto.
¿Es optimista en términos medioambientales? ¿Cree que desde el puerto se está cuidando la conservación de la bahía?
Creo que nos hemos autolimitado todos y miramos la gestión portuaria con ojos medioambientales también, o sea, no nos desmandamos. No hay ahora mismo proyectos de dar bocados o provocar agresiones fuertes en la bahía. También es cierto que quizá si no hubiese esta presión medioambiental por parte vuestra, mía y demás esto se hubiese descontrolado. Aunque, un proyecto que a mí me ha dolido particularmente es el famoso muelle 9 que se ha inaugurado recientemente porque en la punta sur, o sureste, más bien, había una colonia de caballitos de mar. Los vi buceando. Cuando se ha hecho el testero (estructura portuaria de atraque) me imagino que habrá desaparecido. Ya no se ven. En el año 90 o 92 yo organicé una recogida de basuras del fondo del mar, que en aquel momento era una novedad, con grúas, y sacamos coches del fondo de la bahía. El mensaje entonces era que la bahía hay que cuidarla. Y creo que se ha logrado, que hemos avanzado mucho en ese sentido.
¿Cree que es compatible la gestión de un puerto como un motor económico y medioambientalmente sostenible?
Seguro, tiene que serlo. Son cosas opuestas, es decir, si yo tengo que garantizar un cuidado medioambiental, no solamente no voy a ganar dinero, sino que voy a perder dinero en ese trabajo. Sin embargo, creo que eso está asumido perfectamente. Hace 40 años, bah, ni se pensaba. Hoy en día eso se asume totalmente.
Y volviendo a esa diversificación de mercancías que comentaba, ¿el transporte de armas con destino cuestionable es necesario? Aquí hubo movilizaciones por el traslado de armamento para la guerra de Yemen.
Personalmente, soy un pacifista convencido, es decir, odio la guerra, odio la violencia. Pero el puerto no tiene limitaciones legales de conciencia: si hay que pasar armas, se pasan armas. O sea, el puerto no tiene conciencia. Si hay que pasar armas, se pasan armas salvo que esté prohibido. Claro que han pasado armas. Se llamaban mercancías peligrosas, pero no ahora, desde hace mucho tiempo atrás. Tenemos el caso del cabo Machichaco, de los explosivos. Aquí teníamos un cliente que estaba en Burgos, que fabricaba explosivos, y creo que en el arco de la bahía, en Pontejos, había una empresa que se encargaba de cargar municiones con explosivos y sí han estado entrando y saliendo. Otra cosa diferente es que por seguridad se cumpla o no se cumpla la normativa, es decir, la normativa cuando se manejan explosivos es muy rígida, pero el puerto no tiene conciencia.
Yo personalmente ponía el candado y no dejaba pasar armas, pero claro, si yo pongo el candado, viene el consignatario, el estibador y el candado me lo ponen a mí, pero en la cárcel
¿Y usted cree que debería tenerla, en el contexto actual que atravesamos?
Los dirigentes pueden tenerla, pero yo no. Yo no puedo negarme a un cliente portuario, no puedo decirle a nadie que porque lleva armas por aquí no pueden pasar. Si son legales, el puerto se ajusta totalmente a la legalidad. A mí, como dirigente del puerto, me dará rabia que pasen armas por el puerto, pero no tengo ningún argumento legal para impedirlo. O sea, el puerto es una estructura ahora del Ministerio de Transportes, antes de Fomento y Obras Públicas, y el puerto no tiene conciencia, como entidad. Sí puedo ser o muy permisivo o muy severo en cuanto a los controles de seguridad que se deben hacer, pero no me puedo salir de la ley. La ley marca que es legal, que es lícito hacer tráfico de estas mercancías por el puerto, así que me tengo que atener a ello. Yo personalmente ponía el candado y no dejaba pasar armas, pero claro, si yo pongo el candado, viene el consignatario, el estibador y el candado me lo ponen a mí, pero en la cárcel.
Siempre habla de la importancia de la bahía para el deporte, ¿existe una buena organización en esa parcela?
La bahía es un precioso campo de regatas para las embarcaciones menores, tipo 'Optimist', los barquitos pequeños que están aprendiendo, es el sitio ideal. El único problema es que, en bajamar, los páramos quedan totalmente inutilizados. Siendo yo director de servicios del Puerto llamé una vez a responsables de actividades lúdicas o de ocio para recordarles que los barcos grandes que pasan por la canal de navegación no tienen posibilidad ni de frenar ni de moverse, el barco va por su camino y no frena. Yo entonces les dije: 'Señores, vamos a tener cuidado. En todas nuestras actividades lúdicas, deportivas o lo que sea, respetemos la canal de navegación'. Esto lo dije un viernes. El domingo siguiente, yo salí con mi barco a pescar y a la vuelta, delante de mí, un barquito de vela iba haciendo zigzag en medio de la canal. Era el hijo de uno de los asistentes a la reunión. O sea, lo que había yo pregonado en aquella reunión, imagino, por lo que vi, que les había entrado por un oído y salido por otro. La bahía es un sitio estupendo, pero hay una palabra que tenemos que tener siempre presente en la vida, respeto, respeto a todos, y en la mar es todavía más importante. En la mar hay una norma no escrita que es, primero, cuando veas a alguien en peligro, ayúdale, lo primero ayuda sin pensar si lo que estaba haciendo estaba bien o mal y, segundo, respeta.
¿Qué opina de las motos de agua?
Yo creo que las motos de agua no respetan. No respetan nada, pero es que el problema es que ponen en peligro a la gente. A mí me alucina ver motos de agua en verano por El Puntal a todo meter hasta la arena, poniendo en peligro la seguridad.
Y, ¿no hay ninguna normativa al respecto?
Creo que depende de los ayuntamientos, o sea, la normativa, la pueden marcar los ayuntamientos, no Capitanía Marítima, que al final es la responsable total de la seguridad.
¿Existe un problema de comunicación? ¿Se podría solventar de alguna manera que cualquier usuario de la bahía fuera más consciente de lo que se puede y no se puede hacer?
Yo creo que todos los años Salvamento Marítimo publica una normativa, al comienzo de temporada, con las reglas principales. Pero hay una norma que se emplea muy poco, que es la norma del sentido común, o sea, la bahía la puedes pasar a nado, pero claro, tienes que decir, primero: ¿voy a tener fuerzas para atravesarla? Y segundo, según mi velocidad de nado, si veo que entra un barco por La Magdalena, ¿me va a dar tiempo a hacerlo con seguridad? Insisto, para mí la norma básica es el sentido común y evitar la imprudencia. De otro lado, la Guardia Civil del mar hace una buena labor, pero pienso que debería cambiar algo su orientación. A mí me han parado muchas veces para pedirme la documentación del barco y ves otra serie de actividades, en ese mismo momento, que son peligrosas, están prohibidas y que la Guardia Civil no se mete en ellas. O sea, creo que debería centrarse tanto en exigir que se cumpla la legalidad vigente como en la prevención.
La labor de concienciación, ¿se está haciendo bien con los jóvenes, a través de charlas en colegios, por ejemplo, cree que se está interiorizando el respeto por el entorno?
Se ha mejorado muchísimo, pero yo pediría no bajar la guardia y seguir insistiendo en esta línea. Trabajar con gente de mi edad no tiene ningún sentido porque ya no vamos a cambiar, pero trabajar con las nuevas generaciones, por supuesto que sí. La mar es un sitio muy peligroso. Y hay algo que me gustaría resaltar sobre la seguridad y es que el servicio que tenemos de Salvamento Marítimo actual en España es modélico, es una maravilla. Están permanentemente pendientes de los movimientos de cada embarcación y si no regresas a puerto a la hora prevista te contactan por radio o se desplazan a la zona para ver si todo está bien. La tarea de esta gente se conoce muy poco y es muy muy buena.
¿Cómo valora la entrada de una nueva empresa, Alsa, en el transporte de Somo-Pedreña-Santander? ¿Es positivo que haya más operadores?
Claro, claro, además, creo que lo va a hacer con un barco solar, o menos contaminante que los convencionales, que ya ha estado circulando otros veranos por la bahía para excursiones, etcétera. Así es que, que vayamos apostando por energías menos contaminantes siempre es bueno y también que haya competencia, en cuanto a precios, horarios y servicios adicionales, imagino. Todo lo que sean energías limpias, bienvenido sea.
Desde su experiencia de tantos años en el Puerto de Santander y respecto a la tragedia de El Bocal, ¿qué opina sobre el conflicto de competencias entre administraciones que parece una constante en el litoral de la ciudad? ¿Hay alguna solución?
En el caso concreto de El Bocal, tengo mi valoración personal, lo que yo entiendo. Si los jueces han adjudicado responsabilidad a un departamento o a una institución, los jueces saben mucho más que yo. Pero no dejo de tener mi resquemor dentro y pensar que, ante una situación de riesgo, te toque o no te toque, tienes que echar una mano. ¿Hay fuego? Yo no soy bombero, pero si han pedido ayuda, pues voy a ver cómo puedo ayudar...
¿Un poco relacionado con lo que mencionaba antes de la ley del mar?
Exacto. Primero ayudar. Si el aviso es de un coche mal aparcado, pues a lo mejor hubiesen mandado una dotación para ver el coche que está mal aparcado. Pero esto de 'no, eso no es mío, si se cae que se caiga…'. O sea, no. Voy a verlo y luego veremos a ver cómo se soluciona. Guardia Civil, Autoridad Portuaria, Salvamento Marítimo y Ayuntamiento, por ejemplo, ¿por qué no tienen una coordinación de actividades entre ellos? ¿Por qué no existe una coordinación y colaboración para saber qué equipos están disponibles en cada momento?
¿Se refiere a una especie de mesa de trabajo o comunicación permanente, no solo en caso de sucesos puntuales?
Sería muy aconsejable que, entre todas las entidades y las administraciones, haya diálogo y haya unión, tomar decisiones consensuadas. No vale que en Ribamontán al Mar el alcalde permita navegar a 27 nudos y en Santander el límite sea de 22. Lo lógico es todos a la misma velocidad. Y tener en cuenta también lo qué marca la legislación para cumplirla, no lo que a mí me parezca. La seguridad y cuidar el medio ambiente creo que tienen que ser los factores prioritarios. En definitiva, creo que medioambientalmente en el puerto vamos mejora, pero eso no significa, ni mucho menos, que haya que bajar la guardia, sino reforzarla. Siempre van apareciendo más cosas que nos obligan a seguir vigilantes continuamente.
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