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El "Contar" del Mio Cid

José Luis Gómez en Almagro

Desde algún lugar de las sombras del pasado surgen las voces de historias eternas que cada generación va mutando para adaptarlas a su propia forma de mirar el mundo. Mio Cid. Sombras de historia que el cantar convierte en presente. 

Con voz aquilatada por el tiempo y palabra antigua, José Luis Gómez trae de nuevo sobre el escenario la tradición de la poesía oral que se quedó inmóvil cuando pasó a ser letra impresa. En ese preciso momento se paró el tiempo y el poema murió, fijando el verso en un idioma que ya no existe. 

José Luis Gómez se traslada a ese momento clave en la historia del mundo en el que la poesía oral se transforma en escrita y como una voz del pasado llega para reclamar su valor. Mio Cid. Las hazañas del señor de los versos y de las llanuras castellanas se torna en voz eterna, cadenciosa, hipnótica, el gesto acompaña al verbo y los sonidos arropan el verso recuperando el sentido original de unas palabras que nacieron cantadas. 

Habitando entre las sombras que pueblan este negro escenario y tras un gran cajón negro que oculta los secretos de la música, la pianista y actriz Helena Fernández añade el color al verso sobrio e hipnótico, dotando a la puesta en escena de un halo casi mágico.  

Elvira y Sol, los infantes de Carrión, Jimena o Alvar Fañez Minaya forman parte de este séquito de sombras eternas que caminan siempre al paso de estos "versos anisosilábicos de asonancia monorrima"del que hablan los eruditos. 

Justo ahí, en los interludios entre los tres cantos en los que se divide el Cantar, encontramos lo más afortunado y lo más discordante de esta versión bañada en pureza del Mio Cid. Entre lo inolvidable, el monólogo de Segismundo recitado en alemán por José Luis Gómez recordando los viejos tiempos de formación en Alemania. Calderón por encima de Calderón. Magistral. Entre lo menos afortunado, tratar de explicar lo que se está viendo sobre el escenario. 

La interpretación de Mio Cid que hace José Luis Gómez no necesita explicaciones, ni apelaciones a la erudición, ni clases magistrales que rompan esa ensoñación casi mágica que producen los versos anónimos del Mio Cid en su voz y en palabras dichas en un idioma que la mente consciente ha olvidado, pero que permanecen vivas en algún lugar de la memoria colectiva. Grand iantar le fazen al buen Canpeador. Tannen las campanas en San Pero a clamor.

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