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Cuando el magnate americano Randolf Hearst se llevó de Toledo “el techo más importante de España”

Claustro del convento Madre de Dios, hoy sede de la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo

Carmen Bachiller


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En 1931, el tratante de arte Arthur Byne escribía una carta a William Randolf Hearst, el ‘Ciudadano Kane’ que Orson Welles retrató en su famosa película. En ella adjuntaba, según escribió, “cuatro fotografías del que considero el techo más importante de España”. Se refería al techo del refectorio del toledano convento Madre de Dios que había sido fundado por los Reyes Católicos en el siglo XV

“El techo está ahora en Madrid, guardado en mi almacén, por lo cual no hay peligro de intervención gubernamental”, continuaba la misiva. “Por su inmenso tamaño es difícil tener fotografías que lo comprendan”. Este ‘agente’ le pedía al millonario una suma de 22.000 dólares. Se desmontó y se envió a San Francisco, sin que se conozca su paradero definitivo. Así lo relata la publicación ‘Patrimonio cultural en la Universidad de Castilla-La Mancha’, en una edición del Servicio de Publicaciones de la Institución académica, en un texto del arquitecto Diego Peris.

El documental 'Los Cielos Españoles', de José Manuel Herráiz e Isabel Soria (2019) también refleja el interés de los ricos americanos por el patrimonio de la vieja Europa. Y terminaron llevándoselo.

“¿Qué no habría en esta ciudad y en España para que, a pesar de todo lo que ha salido fuera, y tras tremendos episodios en nuestra historia, sigamos teniendo lo que tenemos?”, se pregunta la catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Palma Martínez-Burgos.

El convento Madre de Dios es hoy sede de la UCLM y ha conservado otros tesoros artísticos. Por ejemplo, los restos de época romana que datan de los siglos I y II después de Cristo, con varios tramos de canalizaciones y estructuras que se han identificado como cisternas o un pozo de más de cinco metros de profundidad.

Otro de sus elementos más significativos es la portada mudéjar en una de sus fachadas (hoy es una de las entradas a la universidad). “Este convento también conserva las habituales construcciones de los siglos XV y XVII, pero las monjas dominicas se llevaron sus pertenencias cuando salieron del inmueble y ese patrimonio está en otro convento, en Santo Domingo El Real”, explica la catedrática de Historia del Arte, Palma Martínez-Burgos. “Hoy tienen uno de los archivos conventuales mejor conservado y gestionado”.

Buena parte del patrimonio cultural de Toledo resulta un auténtico desconocido. Incluso a ojos de los propios habitantes de la ciudad. No está oculto, pero pocos saben de su existencia. Basta con echar una ojeada al inventario del patrimonio mueble e inmueble del campus universitario en la ciudad.

Pasamos ante el monumental edificio de San Pedro Mártir, en pleno Casco Histórico y unido estructuralmente al convento de Madre de Dios. En sí mismo fue una ciudad conventual en el siglo XVI. “Tenía sus propias calles, tres claustros y unidades espaciales diseñadas para el estudio y el recogimiento religioso”.

Estuvo ocupado por la orden dominica. “Era junto con la franciscana una orden mendicante e intelectual, sometida al control de la Inquisición para detectar posibles herejías”. En su diseño participaron importantes arquitectos como Alonso de Covarrubias, Juan Bautista Monegro o Nicolás de Vergara el Viejo, entre otros. Hasta el diseño de su reja se atribuye al hijo de El Greco, Jorge Manuel“.

En el siglo XIX fue museo provincial y se quedó a las puertas de convertirse en ‘panteón de hombres ilustres’. “La idea no cristalizó, pero quedó la memoria escrita y visual de quienes construyeron la historia de la ciudad”.

Hoy es también una de las sedes de la Universidad de Castilla-La Mancha. “Es un auténtico descubrimiento”, asegura Palma Martínez-Burgos. “Se pueden encontrar desde retablos barrocos, lápidas y sepulcros… En definitiva, el rastro que dejó la desamortización”. 

La experta en Arte sugiere mirar, pero sobre todo “hay que leer el edificio”. Un recorrido por sus estancias permite conocer su crecimiento y los cambios (también artísticos) experimentados con el paso del tiempo. 

Una restauración en los cimientos puso al descubierto restos de pinturas romanas. “Tras un retablo, en 2010, apareció una obra auténtica de Juan Bautista Maíno, su ‘San Jacinto de Polonia’. Hay que recordar que, con la desamortización, todo lo bueno que había en Toledo se lo llevaron a Madrid al Museo de la Trinidad que fue el germen del Prado, pero se dejaron uno. Hoy es propiedad de la universidad y está depositado en el Museo de Santa Cruz de Toledo”. 

La catedrática cree que todavía pueden quedar sorpresas escondidas. “Es como una metáfora. En Toledo cada vez que se hace una obra en el Casco Histórico aparece parte de su historia. A esta ciudad hay que leerla como si fueran ‘Las Troyas’ del mundo antiguo”. 

La mujer de piedra que inspiró a Bécquer

En el edificio de San Pedro Mártir también se encuentra el sepulcro de María de Orozco. De estilo gótico flamígero, dicen que es “la mujer de piedra que inspiró a Bécquer’ en algunos de sus versos. Vivió en el siglo XIV y fue la suegra del marqués de Santillana. ”Es curioso que fuera conocida como ‘La Malograda’ cuando sobrevivió a tres maridos“, bromea la catedrática. Junto a ella está la sepultura de un inquisidor, Domingo Soto. ”Bécquer también se inspiró en la escultura de mármol de los primeros condes de Fuensalida para escribir su leyenda del beso. Es un espacio este lleno de sugerencias“. 

El edificio alberga otras joyas como el retablo mayor de Juan Bautista Monegro, las pinturas al fresco de Juan Bautista Maíno, un órgano que “es el segundo mejor después del que tiene la catedral” o la sillería de coro de Giraldo de Merlo. “Tenemos la suerte de que está completa. No se arrancaron piezas para llevarlas a otros museos. Es una pieza excepcional de madera noble, aunque hasta ahora la universidad no ha podido afrontar el enorme gasto que requiere la restauración que necesita”.

Lorenzana, edificio declarado Bien de Interés Cultural

Cerca de allí encontramos el edificio del cardenal Lorenzana, declarado Bien de Interés Cultural (BIC). La Universidad en Toledo nació en 1485 a iniciativa del maestrescuela de la catedral primada, Francisco Álvarez de Toledo y pasó por varias sedes, incluido San Pedro Mártir.

Lorenzana encargó, ya en el siglo XVIII, un nuevo edificio para la antigua universidad. Optó por un solar había sido ocupado por la Inquisición. Se inauguró en 1800 y actualmente es otra de las sedes de la UCLM. 

“Desde fuera no llama la atención, pero tiene un patio jónico increíble. Hay quien lo situaría en Centroeuropa porque nadie puede imaginar que ese Neoclasicismo puro, radical, geométrico y racional esté en una ciudad tan ilógica, irracional y tan poco geométrica como Toledo que se caracteriza por ser laberíntica”. Para Palma Martínez-Burgos es “una de las grandes aportaciones de los distintos estilos que van encajando. El roce hace el cariño y ocurre lo mismo con los edificios”. 

“Se impulsó un estilo que intentaba frenar los excesos barrocos. Lo hizo el arquitecto Ignacio Haan. Si hubiera trabajado en Madrid estaría en las primeras páginas del mundo de la Arquitectura, pero en Toledo somos víctimas de la historia de la periferia madrileña”, dice la catedrática destacando sobre todo su patio y su salón de actos. 

Otra de las joyas arquitectónicas de la universidad es el antiguo Palacio del rey don Pedro, sede de la Escuela de Traductores de Toledo. “Hay toda una secuencia de intervenciones arquitectónicas medieval asentada sobre restos musulmanes. Es una lección de arqueología constante”.

La ciudad industrial en la fábrica de armas

Fuera del Casco Histórico de Toledo nos desplazamos hasta la antigua fábrica de armas de Toledo que conecta con la época del cardenal Lorenzana. Carlos III encarga su diseño dentro de la política de creación de las Reales Fábricas. Aquí se forjaban las armas blancas, las famosas espadas toledanas ya en tiempos preindustriales. 

Francesco Sabatini terminó las obras en 1780, aunque el conjunto ha sufrido modificaciones con el paso del tiempo. Fue ciudad industrial (y tecnológica) hasta bien entrado el siglo XX y en 1999 comenzó allí la actividad universitaria. 

Merece la pena visitar sus edificios, el patio interior del edificio Sabatini, su extenso paseo entre árboles o elementos singulares como la iglesia, la biblioteca o la rehabilitada Torre del Agua, a cargo de la artista Cristina Iglesias. “Muestra cómo se utilizaba la fuerza del agua como fuente de energía en la fabricación de las armas”. 

Los objetos que custodia la universidad y que cabrían en cualquier exposición

Al margen de los edificios, pinturas, esculturas, vidrieras o restos arqueológicos diseminados por lo que hoy son los distintos campus de la UCLM, la Institución académica custodia numerosos objetos. Muchos de ellos son inventos, la tecnología de siglos pasados, que pocas veces pueden contemplarse más allá de las fotografías como un aritmómetro de Thomas (1874), colecciones de frascos para transportar el mercurio extraído en Almadén (siglos XVIII y XIX), ollas de los hornos de Xabeca para cocer el mercurio (siglos XII-XIV) y hasta objetos masónicos.

Después desde una colección de vinilos y CD (más de 65.000 en total) con música y documentos fonográficos entre los años 50 y 90 del siglo XX procedentes de las antiguas emisoras de Radio Popular, pasando por un proyector cinematográfico DAEX del año 1950, una ‘linterna mágica’ (proyector) del año 1900 o un aparato portátil de rayos X que data de los años entre 1910 y 1930.

Todos estos objetos hoy no son visitables. No están expuestos, pero sí se puede disfrutar de los edificios y de algunas de sus obras de arte en las instalaciones de la UCLM. “Quizá no parezcan accesibles, pero se trata de lugares públicos”, recuerda Palma Martínez-Burgos que recomienda “dejarse llevar por el edificio y dejarse envolver. Hay que saber mirar. Sin prejuicios, ni discurso previo” y considera “un reto” dar a conocer su riqueza cultural y patrimonial. 

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