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"La contaminación provocada por las macrogranjas, a largo plazo, puede ser un grave problema de salud pública"

Jesús Martínez-Moratalla es un neumólogo albaceteño que se ha ocupado de difundir las consecuencias en la salud de la instalación de macrogranjas de cerdos

"El problema no es la crianza del cerdo en sí misma, sino en enfoque industrial con el que se lleva a cao", explica

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EFE

Está jubilado ya, pero Jesús Martínez-Moratalla ha sido neumólogo en el Hospital de Albacete. Su vinculación a la localidad de Alpera le ha llevado a participar en las charlas que promueven las plataformas contrarias a la instalación de las conocidas como macrogranjas en la provincia de Albacete mostrando cuales son los efectos que puede tener para la salud el vivir cerca de estas instalaciones. "El problema no es la crianza del cerdo en sí misma, sino en enfoque industrial con el que se lleva a cabo, implicando la imposibilidad de gestionar los miles y miles de metros cúbicos anuales", dice el neumólogo.

Martínez-Moratalla explica que los problemas para la salud vienen de la contaminación. "En la tierra, en el agua y en el aire aparecen sustancias que son dañinas para los seres vivos, tanto las plantas como animales y como los seres humanos”, añade el neumólogo. Esa contaminación y, por consiguiente, el daño al ser humano, depende de hasta cinco factores: el producto contaminante del que se trate; la concentración del mismo; la distancia del individuo al foco que emite la contaminación; la idiosincrasia del individuo; y el tiempo de exposición. Y es que, dice, no es lo mismo pasar cerca del lugar de vez en cuando, o con el coche, que el caso de las macrogranjas que son “una contaminación a largo plazo”.

Y es que los purines son las heces y orina de los cerdos mezclados con restos de pienso, secreciones y restos de piel y pelo de los animales, arrastrado por agua. La materia orgánica se descompone y se fracciona, convirtiéndose en material particulado. Se trata de pequeñas partículas cuyo diámetro en inferior a 2,5 micras. Éste fermenta y se mezcla con líquidos y gases convirtiéndose todo en “un auténtico aerosol respirable”. La puerta de entrada de este aerosol al organismo es el aparato respiratorio produciendo distintos tipos de patología que van desde inflamación de la vía aérea, deterioro de función pulmonar, alveolitis, fibrosis pulmonar, hasta cáncer.

El material particulado llega al alvéolo, en ocasiones consigue pasar a la sangre, pudiendo afectar a otros órganos o aparatos, y está empezando a relacionarse con otras patologías: vascular (trombosis), cardiaca (infartos), enfermedades neurodegenerativas (Parkinson y Alzheimer), nacimientos prematuros y pérdida de calidad del esperma. En definitiva, dice: "La contaminación provocada por las macrogranjas a largo plazo, puede ser un grave problema de salud pública".

Son algunas de las cuestiones que el doctor Martínez-Moratalla explica en las charlas a las que se ha unido "por corresponsabilidad". Todo comenzó tras asistir, como oyente, a una reunión informativa en Ayora, Valencia, a raíz del proyecto que está en estudio y que comprende también término municipal de Alpera, en Albacete. Allí, dice, “me di cuenta de que todo el mundo hablaba de la contaminación al terreno, a los acuíferos, y de los efectos en la salud pero nadie especificaba”. Desde entonces acompaña a las plataformas.

El informe de la doctora Prado

Pero no es el único facultativo que ha decidido mostrar los perjuicios para la salud que pueden traer consigo estas instalaciones. También la doctora Ángela Prado Mira, Médico Intensivista del Hospital General de Albacete, recoge en un documento algunos de estos riesgos.

Entre estos está la ‘resistencia a los antibióticos’. Se explica en el informe que “para acelerar la ganancia de peso en los animales y prevenir enfermedades, muchas granjas de cría intensiva suministran antibióticos a los animales”. Explica que si se administran antibióticos “de forma indiscriminada” a los animales destinados al consumo humano, estos animales desarrollarán cepas comensales resistentes a los antibióticos, “que posteriormente podrían pasar al ser humano a través de los diferentes productos alimentarios”. O lo que es lo mismo, el animal se vuelve resistente a los antibióticos de uso común, “y cuando el ser humano consume la carne, por diferentes mecanismos, estas bacterias multirresistentes podrían causar enfermedad en el individuo”.

A la resistencia a los antibióticos, la doctora Ángela Prado suma también la ‘zoonosis’. Dice en el informe que los cerdos son considerados potenciales reservorios para las nuevas enfermedades humanas y han sido implicados en la reciente aparición de la pandemia de gripe H1N1 entre otros. La intensivista del Hospital de Albacete también menciona la exposición de los trabajadores de estas instalaciones a la inhalación de partículas y gases “como el amonio y el sulfuro de hidrógeno, a concentraciones que pueden resultar peligrosas”.

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