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El otoño y sus cambios: meteorología, personas, fauna y paisaje

Colaboradores del Blog ECOlógica se unen en este reportaje especial sobre la estación más particular, diversa y variada del año

Hablamos de la berrea de los ciervos, las migraciones de aves, los cambios de ánimo en los humanos, el clima variado y un paisaje en transformación

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El otoño será cálido después del verano con más tormentas del siglo XXI

EFE

Las hojas sobre el suelo, el petricor (olor a tierra mojada) y los paseos con chaqueta bajo el cielo nublado. Esto es lo que evoca esta estación a la gran mayoría de las personas, y lo cierto es que se trata de una transición entre el verano y el invierno caracterizada, sobre todo, por los cambios de tiempo. 

Las horas de sol son cada vez menores y el anticiclón se retira bastantes más veces que en verano dejando las borrascas pasar sobre nosotros. Podríamos decir que esto es lo normal, aunque en los últimos años, incluso en 2018, el otoño es más bien una prolongación del verano, que continúa con la tendencia de cielos despejados y temperaturas por encima de los 30ºC como estamos viviendo. Además no olvidemos el cambio de hora -que se producirá la madrugada del 27 al 28 de octubre, cuando a las 3.00 de la mañana serán las 2.00- y que a todos nos meterá en el horario de invierno, con sus consecuencias. 

Debido a los cambios de tiempo, y también a amplitudes térmicas mayores en las que el cuerpo está sometido al frío de las mañanas y al calor de las tardes, es también cuando se produce el mayor número de resfriados, una realidad con la que tienen que batallar especialmente los más pequeños que están en edad escolar, así como los más mayores. 

Entre los cambios más significativos que afectan al ser humano durante esta estación de transición está también el llamado Trastorno Afectivo Estacional (TAE), más conocido como astenia otoñal. Sutiles alteraciones en nuestro estado de ánimo, energía y calidad de nuestro descanso que, influidos por la disminución de horas de luz y el descenso térmico, hacen que nuestros niveles de serotonina estén disminuyendo de forma progresiva. Llegando a alcanzar en ciertos casos breves depresiones, por la asimilación del fin del verano y la vuelta a la rutina. 

Astronomía y fauna

Época de cambios pero también de novedades astronómicas que llenan de riqueza a esta estación. Aparece la Luna de la Cosecha, una de las lunas llenas más curiosas del año, pues tan intensa es su luz que antiguamente la aprovechaban los agricultores para recolectar las últimas cosechas. 

Además, aumenta el número de auroras boreales, dejando unas noches espectaculares en las zonas del norte. También hay lluvias de estrellas: las primeras será las Dracónidas, y se disfrutarán entre el 6 y 10 de octubre, donde la noche del 8 se alcanzará una mayor intensidad. Las Leónidas se dejarán ver entre el 15 y el 21 de noviembre, más intensas durante las noches del 17 y 18; y las Gemínidas ocurrirán entre el 7 y el 17 de diciembre, disfrutando de su máximo apogeo las noches del 13 y 14. 

Todos estos cambios meteorológicos y climáticos provocan también cambios para muchas especies animales. Para algunas de ellas, incluso, se trata de la estación más importante de año, ya que los animales que hibernan experimentan durante el otoño una actividad frenética: hay que acumular grasa y energía para poder afrontar los largos meses de inactividad invernal durante los cuales no se ingiere ningún alimento. En la Cordillera Cantábrica el oso pardo, que ha pasado todo el verano alimentándose de frutos carnosos como las cerezas o los escaramujos, ahora en otoño varía claramente su alimentación, decantándose por los frutos secos que da el bosque: bellotas, hayucos y avellanas en su mayoría. También podrá consumir frutos carnosos de maduración más tardía como las manzanas. 

Berrea del ciervo / Diputación de Toledo

Berrea del ciervo / Diputación de Toledo

Al igual que para el ser humano -pues se ha demostrado que es la época en la que aumentan los niveles de testosterona y aumenta el número de compromisos-, para otras especies, el otoño es el tiempo del cortejo, de formar parejas o harenes y "encargar" la descendencia para que nazca ya en primavera, tras el duro invierno. Es el tiempo de la "berrea": en septiembre/octubre, los ronquidos de los machos del ciervo rojo llenan hasta tal punto los campos, que se ha convertido en un verdadero símbolo del otoño.

Los machos se retan entre sí y luchan para poder acaparar el mayor número posible de hembras a las que cubrir. Se ha convertido incluso en un importante recurso turístico que atrae cada vez a más visitantes. En ese sentido, los campos de Castilla-La Mancha son privilegiados, pues en Parques Nacionales como Cabañeros puede admirarse a la perfección este magnífico y sobrecogedor espectáculo natural. 

No sólo el ciervo entra en celo en otoño. Una especie emparentada con él, el gamo, que ha sido introducida en la Península Ibérica con fines cinegéticos desde tiempos antiguos, entra en celo un poco más tarde, en el mes de octubre. El cortejo del gamo se denomina "la ronca", para distinguirlo de la berrea de los ciervos. La estructura es la misma: los machos luchan entre sí para reunir su harén de hembras, pero el ronquido del macho del gamo es distinto del que emite el ciervo, y por eso se denominan de forma diferente. Castilla-La Mancha, una vez más, es un buen lugar para contemplar la ronca del gamo. 

Las aves y sus formaciones aéreas

No podemos olvidar las migraciones otoñales de las aves que pasan el verano en el norte de Europa, y que al llegar su crudo invierno vienen a distintas zonas de la Península donde el invierno es más bonancible, y donde existen humedales y comida en abundancia. ¿Quién no ha sentido que el otoño ha llegado al contemplar las perfectas formaciones aéreas de las grandes grullas comunes? Entre septiembre y noviembre llegan escalonadamente a Extremadura, Andalucía, Aragón y Castilla – La Mancha donde, de nuevo, se convierten en una atracción turística que lleva visitantes e ingresos a nuestro mundo rural. 

La flora también cambia durante esta estación: los árboles de hoja caduca comienzan a perder su cobertura, dotando de una variedad cromática singular al paisaje. Las tonalidades amarillas, rojizas y ocres comienzan a dominar todo aquello que vemos, especialmente en los valles, ya que ahí suelen concentrarse la mayor parte de la vegetación que pierde la hoja. 

Barranco del Río Dulce, en Guadalajara

Barranco del Río Dulce, en Guadalajara JCCM

Un buen caso es el barranco del Río Dulce, cerca de Sigüenza, en Guadalajara. Si se acude a Pelegrina, punto de partida de rutas para recorrer este magnífico espacio natural protegido, se podrá ver un profundo valle dominado por la vegetación ripícola, término usado para la vegetación de ribera, destacando el chopo. 

Sin embargo, el mejor ejemplo del reflejo del otoño en el paisaje se encuentra más al oeste en la provincia de Guadalajara. En el corazón de la Sierra de Ayllón, en el término municipal de Cantalojas, se localiza uno de los hayedos más meridionales de Europa: el Hayedo de Tejera Negra. Este espacio protegido se distribuye en zonas altas, de hasta 1.900 metros, en una zona que presenta unas condiciones climáticas, frías y húmedas, adecuadas para la supervivencia de una especie tan norteña como es el haya. En otoño, el haya cambia radicalmente el paisaje, ya que las tonalidades amarillentas y ocre tiñen sus hojas, dando lugar a un espectáculo visual único. 

Los productos de temporada y el olor a leña de nuestros pueblos, ponen el sabor a esta estación del año en la que cambia todo el escenario.

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