Una conversación para recuperar Benidorm
Benidorm es una historia de éxito. Orgull de poble. Orgullo de ciudad. Siempre con proyección de futuro. Ha sido capaz de transformarse, crecer, atraer visitantes y construir entre todos una identidad turística reconocida en el mundo. Pero nuestra ciudad, el nostre poble, es algo más. Gobernar Benidorm obliga a hacerse otras preguntas. ¿Cómo viven tus vecinos? ¿Qué oportunidades tienen nuestros jóvenes? ¿Cuál es el modelo de ciudad que queremos dejar a los que vendrán? Benidorm es la herencia que nos han legado nuestros padres y abuelos. Y un valor que tenemos que conservar para nuestros hijos y nietos. Aquí vivimos. Aquí hemos crecido. Aquí están nuestros recuerdos. Y es aquí donde queremos seguir escribiendo nuestra historia. Es nuestro sitio.
Tenemos un buen modelo turístico. Debemos renovarlo y mejorarlo. Cierto. Pero nadie lo pone en duda. El déficit de Benidorm está ahora en el día a día. ¿Por qué hemos expulsado a una generación de jóvenes y de trabajadores por la falta de vivienda? ¿Por qué Benidorm está más sucia y en peores condiciones de mantenimiento que nunca? ¿Por qué los servicios públicos para nuestros vecinos son cada vez peores? ¿Por qué se pierde tanto tiempo con la movilidad en nuestro pueblo? ¿Por qué hay barrios de primera y de segunda? ¿Por qué el Ayuntamiento de Benidorm no alza la voz para exigir un trato justo a la Generalitat en las infraestructuras educativas y sanitarias?
Detrás de cada una de estas preguntas hay una historia humana. Y no podemos mirar hacia otro lado. Recuperar Benidorm para sus vecinos. Esa es la conversación que nuestro pueblo necesita abrir con urgencia. Un gran reto: conseguir que nuestro reconocimiento turístico se traduzca también en una ciudad mejor para los que viven aquí. Si nuestros vecinos viven bien, aún recibiremos mejor a los que nos visitan.
La vivienda debe ser prioritaria. Benidorm es nuestro pueblo. Nuestra casa. No podemos resignarnos a que el tejido social se diluya y tenga que marcharse porque no encuentra una casa en su propia ciudad. En su barrio. En su calle. ¿Cómo podemos aceptar que alguien tenga que irse del lugar en el que ha crecido porque no puede pagar un alquiler o comprar una casa? Debemos movilizar casas vacías, impulsar vivienda protegida, limitar precios y pisos turísticos, colaborar con otras administraciones para liquidar a los fondos “buitre” y actuar con transparencia. Objetivos, plazos y resultados. Hechos. Quiero barrios con vecinos y también comercios urbanos que potencien la proximidad con medidas urgentes para construir un modelo de emprendedores locales.
Lo mismo sucede con la limpieza y el mantenimiento de los servicios. No valen sólo los anuncios de inversión que luego, por cierto, desde que gobierna el PP se quedan en papel mojado. Cuidamos Benidorm cuando una calle está limpia y tiene papeleras suficientes. Cuando una acera se encuentra en condiciones para los peatones. Cuando las instalaciones deportivas o culturales están en perfecto uso. Cuando un parque satisface las necesidades de sus vecinos. O cuando la queja de un ciudadano obtiene una respuesta rápida y eficiente. La gestión municipal son los detalles diarios. Los vecinos deben poder saber lo que se ha hecho, lo pendiente y que alguien responda cuando algo no funciona. Quiero una ciudad que funcione mejor pero también que cuide a su gente.
La movilidad es otro gran objetivo. El tiempo es lo más importante que tenemos en esta vida. Desplazarse no debería ser una dificultad. Ni a pie, ni en bicicleta, ni en coche ni, por supuesto, en un transporte público convertido en una opción cómoda, moderna, fiable y accesible. La gratuidad del billete para los empadronados puede abrir una oportunidad, pero debe ir acompañada de más frecuencias, nuevas conexiones, mejor información y un servicio adaptado a las necesidades reales de la población. Quince minutos como máximo de distancia desde tu casa para cumplir con todas tus obligaciones del día.
Tenemos que cuidar más la trama urbana. Calles más agradables, más sombra y arbolado para combatir la emergencia climática, itinerarios accesibles y lugares en los que poder compartir la vida. Barrios conectados, con actividad y zonas culturales, deportivas y servicios de proximidad para todas las franjas de edad. Quiero un Benidorm en el que encontrarnos sea fácil. Barrios con vida. Plazas que inviten a quedarse. Y calles que permitan disfrutar de una conversación con los demás.
Pero también tenemos que volver a ganar nuestra posición tanto en la Comunitat Valenciana como en España. Benidorm debe tener de nuevo influencia y voz en las decisiones de la Generalitat y del Gobierno de España. Tenemos que ejercer un papel decisivo que ahora hemos perdido para, por ejemplo, exigir un trato justo que nos permita culminar de forma inaplazable un mapa de mejoras en nuestros centros educativos y un paquete de actuaciones sanitarias como extender los horarios de apertura de los centros de salud o un segundo hospital comarcal, para el cual me comprometo a liderar la búsqueda del suelo que permita impulsarlo.
Y la cuestión clave. Antonio Pérez y su gobierno del PP van a dejar un gobierno en ruina con un agujero de 570 millones como consecuencia de la sentencia más grave contra un municipio por mala gestión urbanística. ¿Cómo vamos a financiar el futuro de Benidorm? Hablemos con rigor de las cuentas municipales y de las prioridades presupuestarias. Los vecinos tienen derecho a conocer las decisiones que pueden condicionar el futuro de nuestro pueblo. Por eso, una de las primeras medidas del cambio en Benidorm será auditar las cuentas municipales que deja el PP para ver el estado real de la caja pública.
Tenemos que analizar nuestro modelo fiscal para garantizar que sea más justo y progresivo. Evaluar la eficiencia y los costes de nuestro sistema de recaudación. Y garantizar la sostenibilidad de Benidorm con la contribución del turismo a la financiación de nuestros servicios públicos como ocurre en toda Europa. Un plan que reportaría a nuestro pueblo ingresos por más de 25 millones sin afectar más a los bolsillos de los vecinos. Decisiones responsables para proteger a los que viven en la ciudad. Nuestros vecinos no deben pagar más. Todo lo contrario. Tienen que pagar lo justo y recibir mejores servicios.
Mi gobierno municipal siempre tendrá una libreta abierta para apuntar las inquietudes de los vecinos. Cada vecino debe sentir que su voz importa. Y esa participación no puede limitarse a escuchar opiniones antes de las elecciones. Escuchar va a ser mi manera de gobernar. Benidorm necesita un gobierno con ambición, ganas, ideas, capacidad y claridad. Un gobierno que abandone la inercia, la prepotencia y el agotamiento. Aspiro a atender a mis vecinos y a que recuperen la confianza en que las decisiones municipales mejoran la vida cotidiana.
El éxito de Benidorm y la calidad de vida de nuestros vecinos tiene que ir de la mano. Una ciudad competitiva también debe ser habitable. Cada vez que uno de nuestros vecinos nota que tiene menos oportunidades o que, directamente, se tiene que marchar fuera para vivir perdemos un poquito de nuestra alma. No podemos únicamente contar el número de personas que nos visitan. Cada día nos tenemos que preguntar si nuestros jóvenes pueden quedarse en su casa, si las familias pueden vivir cerca de su trabajo, si los barrios están atendidos o si los servicios públicos están a la altura de nuestra población.
Mucha gente hizo grande Benidorm con su trabajo, su sacrificio y su capacidad para creer en un futuro mejor. Honremos esa herencia. Esa es nuestra conversación. Recuperar Benidorm. No somos sólo un gran destino turístico. Som poble. Somos ciudad. Una oportunidad para todos nuestros vecinos y no un privilegio para unos cuantos.
Ese es mi compromiso.
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