Reventar Benicalap
Un año lleva el PP valenciano aplazando el congreso en el que tienen que renovar a los dirigentes y dar voz a la militancia. “Ya vendrá lo interno”, ha dicho la alcaldesa de València, María José Catalá, sobre un asunto que para el funcionamiento de los partidos políticos es de suma importancia porque es el indicativo de su salud democrática. Pero ella, tan acostumbrada a los dedazos internos, prefiere aplazar el cónclave que dar la oportunidad a la militancia de pronunciarse. ¿Quién sabe, igual espera la intervención digital de la dirección nacional para definir qué candidata será en 2027?
De momento, lo que sí sabemos es qué alcaldesa es. Tres años después de su investidura, València no tiene nada que celebrar. Igual piensa que puede tratar a los vecinos y vecinas con el mismo desprecio que a su militancia. Por eso, niega la participación en los desarrollos urbanísticos clave como el PAI del Grao, donde ha cambiado vivienda pública y el gran delta verde por especulación, coches y asfalto. Igual que con el Corredor Verde. Más de 40.000 personas exigen que las vías del tren sean sustituidas por un jardín, pero ella les da la espalda. Porque tres carriles de tráfico, por mucho que intenten manipular, se parecen más a una autovía gris que a un pulmón verde.
Ya sabemos qué piensa su concejal estrella sobre la participación ciudadana. «Las asociaciones de vecinos son unos señores que se han reunido y han decidido que son asociaciones de vecinos», soltó José Marí Olano en un pleno para cuestionarlas. Pero no hizo más que verbalizar lo que piensa María José Catalá. Al menos él fue sincero.
Ella ha desmantelado las reuniones interconcejalías que se celebraban en barrios como Orriols y la Malva-rosa con nocturnidad y alevosía. Por no hablar de las Juntas de Distrito, donde los grupos de trabajo han dejado de funcionar para vaciar de contenido unos órganos que deberían servir para fomentar la participación vecinal.
La vimos anteponer la defensa de Carlos Mazón a las víctimas de la dana en la comisión de investigación del Congreso, donde compareció cargada de mentiras. El plan de inundaciones establece que tenía que vigilar aguas arriba, nada le impedía enviar efectivos a ayudar a los municipios afectados, no evacuó de manera preventiva Pinedo ni estuvo a la altura de la catástrofe. Fue la primera en salir a aplaudir a Mazón y a día de hoy sigue negando a las víctimas el reconocimiento de su ciudad.
Este es el talante de una persona que gobierna con Vox y que lo primero que hizo al tomar posesión fue retirar la bandera arcoíris del balcón municipal. Y no vale parapetarse tras cuestiones administrativas, podría haberla dejado, pero prefirió retirarla. Por eso, no es de extrañar que nos salten las alarmas cuando vemos que las obras de la calle Colón comienzan, prácticamente, la misma semana que tendrá lugar la celebración del Orgullo. Otra manifestación que la alcaldesa pretende deslucir cuando no boicotear. Como intentó con la del 8M a cuenta de un castillo de fuegos artificiales o las de los profesores dejando que el tráfico circulase para entorpecer la marcha.
No puede engañar a todo el mundo todo el tiempo y su tiempo se agota. A finales de marzo dijo: “Va a ser muy difícil abrir un solo apartamento más”. Pues es tan fácil como que Atitlan, tal y como reveló en este diario el periodista Carlos Navarro, ya tiene la licencia para que las torres del Nou Mestalla alberguen un hotel de 245 habitaciones y 650 apartamentos turísticos en Benicalap. Los vecinos y vecinas que llevan años sufriendo la paralización de las obras verán antes las más de 1000 plazas hoteleras que la construcción del más que esperado polideportivo.
Lo que describo en este artículo es una realidad clara. Catalá no solo evita la participación dentro de su partido, sino también en la ciudad; prioriza intereses privados frente al interés general y gobierna desde la confrontación con los movimientos vecinales y sociales. Se ha propuesto convertir València en un tablero de Monopoly donde todo está en venta y sobre el que planean los fondos buitre. La pregunta ya no es qué ciudad quiere construir, porque eso hace tiempo que lo sabemos. La cuestión es qué barrio será el siguiente en pagar las consecuencias. Todas las señales apuntan a que ahora quiere reventar Benicalap.
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