Moho en casa: por qué es peligroso y cómo eliminarlo de una vez por todas
Entras en el baño de casa y siempre huele a humedad. Las juntas de las baldosas están negras y en las esquinas del dormitorio empiezan a aparecer manchas negras. Es el moho, una amenaza silenciosa y persistente que se instala en nuestros hogares aprovechando la más mínima oportunidad y que puede incluso afectar a nuestra salud si no lo combatimos.
El moho es una colonia de hongos microscópicos que liberan esporas al aire y prosperan en ambientes húmedos y con poca ventilación. En realidad, es una forma de vida oportunista. Sus esporas se encuentran en cualquier parte y solo necesita el entorno adecuado, con una temperatura templada, humedad y materiales orgánicos de los que alimentarse para crecer y prosperar.
Estos materiales orgánicos no siempre son comida. Pueden ser también el papel, madera, yeso o incluso el polvo. Una fuga de agua tras una tubería, la condensación en ventanas mal aisladas o la humedad residual tras una filtración, incluso aunque se haya reparado, son invitaciones para que se formen las colonias de moho. Una vez el moho se arraiga, empiezan los problemas.
Dónde crece el moho en casa
El moho tiene sus rincones predilectos. El cuarto de baño es, sin duda, el lugar ideal. La ducha caliente genera vapor que se condensa en paredes, techos y cortinas, ofreciendo la humedad constante que el moho necesita. Sigue la cocina, donde la cocción de alimentos también genera vapor. En estos dos espacios, las juntas de los azulejos y el hueco que queda detrás de ellos son perfectos para el moho.
Las habitaciones poco ventiladas con mobiliario pegado a paredes frías del exterior favorecen la condensación, de nuevo generando el ambiente húmedo que tanto le gusta al moho. Los sótanos, buhardillas y garajes son también zonas de alto riesgo por el mismo motivo: poca circulación de aire y, en muchos casos, problemas de filtración de humedad o capilaridad desde el suelo. Los sistemas de aire acondicionado o calefacción pueden convertirse en un foco de dispersión del moho si no se mantienen limpios, ya que las esporas circulan por los conductos.
Cómo puede afectar el moho a la salud
Convivir con el moho puede tener consecuencias directas para la salud. Para muchas personas, la exposición provoca reacciones alérgicas con estornudos, picor de ojos, goteo nasal, irritación de garganta y erupciones cutáneas. Las vías respiratorias como el asma también pueden verse afectadas o exacerbadas con mohos comunes como el Aspergillus.
Algunos tipos de moho, en determinadas condiciones, producen micotoxinas, compuestos tóxicos que pueden afectar al sistema nervioso o ser carcinógenos. La exposición prolongada a un ambiente con moho puede generar síntomas inespecíficos en algunas personas, como fatiga crónica, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse e irritabilidad, un conjunto de molestias a veces difíciles de diagnosticar y que varias revisiones científicas sostienen que no tienen una evidencia sólida.
Cómo eliminar el moho de forma segura y eficaz
Ante un pequeño brote superficial de moho (menos de un metro cuadrado), podemos actuar nosotros mismos usando protección adecuada, como guantes, una mascarilla y gafas. Para superficies duras y no porosas como azulejos, vidrio o metal, una solución de lejía doméstica diluida (una parte de lejía por diez de agua) es efectiva para eliminarlo.
Sin embargo, la lejía no penetra en materiales porosos y su vapor puede ser irritante para los ojos y las mucosas. Una alternativa eficaz y menos agresiva es el vinagre blanco sin diluir, que resulta eficaz contra la mayoría de las especies de moho, según algunos estudios. Se aplica, se deja actuar una hora y luego se aclara con agua.
Para superficies porosas como la madera, el yeso de las paredes o el pladur, la situación es más compleja. Si el moho ha penetrado, es muy difícil erradicarlo por completo. A menudo, no queda más remedio que sustituir el material afectado. En los casos de infestación de más de un metro cuadrado, o si hay sospecha de moho en el sistema de ventilación, es aconsejable recurrir a profesionales, que cuentan con los biocidas específicos para combatirlo.
La estrategia más inteligente contra el moho es no darle la oportunidad de aparecer. Un factor decisivo es el control de la humedad ambiental. Se recomienda mantener la humedad relativa en el interior del hogar por debajo del 60%, idealmente entre el 30% y el 50%. Para conseguirlo, podemos usar deshumidificadores en zonas húmedas como sótanos, y más importante aún, ventiladores extractores en baños y cocinas, dejándolos funcionar al menos 20 minutos tras la ducha o después de cocinar.
La ventilación cruzada diaria de la vivienda, incluso en invierno, renueva el aire cargado de humedad y esporas. También hay que arreglar inmediatamente cualquier fuga de agua o filtración en techos y paredes. A la hora de colocar el mobiliario, conviene dejar siempre un espacio de aire entre los muebles y las paredes exteriores frías para evitar la condensación. En climas muy húmedos, podemos aplicar pinturas especiales antihumedad y antimoho para baños y cocinas.
El moho es una forma de vida, pero no una con la que queramos convivir en casa. Combatirlo cuando ya ha aparecido es engorroso y eliminarlo muy difícil, por lo que conviene prevenirlo con hábitos de vida que mantengan un ambiente seco, aireado y saludable en casa.
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