Así se hace el pan bao casero: una forma diferente de acompañar tus comidas con harina al vapor

Pan bao

Adrián Roque

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Hay recetas que parecen sacadas de una cocina profesional, de esas que uno imagina imposibles sin un curso previo o una abuela experta en fermentaciones. El pan bao casero es una de ellas. Tiene ese aire delicado, blanquísimo, casi perfecto, que intimida. Pero lo cierto es que preparar pan bao casero en casa no es una hazaña reservada a chefs: es una cuestión de paciencia y seguir bien los tiempos.

Este bollo, también conocido como gua bao al vapor, nació en la región china de Fujian y hoy forma parte del recetario habitual de países como Taiwán, Singapur o Malasia. Se le llama “hoja de loto” por su forma ovalada antes de doblarse. En su versión más clásica se rellena con panceta de cerdo, col encurtida, cilantro y maní picado. Pero su neutralidad lo convierte en un comodín perfecto para reinterpretaciones más personales.

Receta de pan bao: masa sencilla, resultado sorprendente

La receta de pan bao no tiene misterio oculto. Harina de trigo común —no hace falta harina de fuerza—, levadura, azúcar, un poco de sal, agua y aceite. Nada exótico. Todo se mezcla en un bol hasta integrar y después se amasa: quince minutos a mano o unos diez con gancho amasador si tienes batidora. El objetivo es claro: una masa lisa, elástica y suave.

Aquí entra en juego el primer reposo. Una hora de fermentación a temperatura ambiente, cubierta con film o un paño húmedo. Si hace frío, el truco infalible es meterla en el horno apagado con la luz encendida. Esa primera fermentación es la que dará volumen y textura a este pan al vapor tan característico.

Después llega el momento más entretenido: dividir la masa. Lo ideal es porciones de unos 50 gramos. Cada una se aplana ligeramente, se pliegan los bordes hacia el centro y se sella formando una bola. Luego, con rodillo, se estira en una sola dirección hasta obtener un óvalo de unos cinco milímetros de grosor. Se pincela solo la mitad con aceite vegetal y se dobla. Ese pequeño gesto con aceite es el que permitirá abrir el gua bao al vapor después de la cocción sin que se pegue.

Una segunda fermentación de treinta minutos, ya formados y cubiertos, hará que la masa termine de relajarse. Si sigues este proceso con calma, entenderás que aprender cómo hacer pan bao no es complicado, solo requiere método.

Cómo hacer pan bao: la clave está en el vapor

La cocción marca la diferencia. Este no es un bollo de horno convencional. El secreto del pan al vapor está, precisamente, en el vapor. Lo tradicional es usar una vaporera de bambú, pero cualquier sistema que permita cocción indirecta funciona: una vaporera metálica o incluso un colador colocado sobre una olla con agua hirviendo bien tapada.

Cuando el agua esté en ebullición y el vapor circule con fuerza, se colocan los baos —con el papel vegetal debajo— dejando algo de espacio entre ellos. En doce minutos estarán listos. Blancos, inflados, suaves al tacto. Al sacarlos, conviene hacerlo con cuidado para no quemarse con el vapor acumulado.

Si no tienes vaporera, se pueden hornear, pero el resultado cambia. No tendrán ese tono níveo ni la textura húmeda característica del gua bao al vapor, aunque seguirán siendo deliciosos. Aun así, si quieres dominar de verdad cómo hacer pan bao, merece la pena probar la técnica original.

Una vez cocidos, llega la parte divertida: el relleno. Como base fresca funcionan muy bien rodajas finas de pepino y tiras de zanahoria. A partir de ahí, puedes ir hacia lo clásico —panceta de cerdo con encurtidos— o hacia opciones más contemporáneas como pulled pork con salsa barbacoa, pollo desmenuzado o incluso versiones vegetarianas.

El encanto del pan bao casero está en su versatilidad. Su sabor neutro permite jugar sin miedo. Y esa textura suave, casi algodonosa, convierte cualquier relleno en algo más envolvente.

Preparar en casa esta receta de pan bao no es solo una cuestión culinaria, es también una forma diferente de acompañar tus comidas. Frente al pan tradicional horneado, el pan al vapor aporta ligereza, elasticidad y una estética que transforma la mesa. Si alguna vez has pensado que era complicado, ahora ya sabes que no. Solo hay que atreverse, respetar fermentaciones y dejar que el vapor haga su magia.

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