El teatro que murió junto a Lorca y las actrices llamadas a darle vida
El día en que los sublevados segaron la vida de Federico García Lorca en Víznar (Granada), aquel 18 de agosto de 1936, también murió todo un porvenir que ya había empezado a tomar forma y cuyo destino eran las tablas de los teatros. El sueño de la vida, El poema del café cantante, Los sueños de mi prima Aurelia y Los títeres de cachiporra son cuatro títulos de obras teatrales que el también poeta pergeñaba en el momento de su asesinato. Al mismo tiempo, Margarita Xirgu, Carmen Díaz, María Fernanda Ladrón de Guevara y Encarnación López, conocida como La Argentinita, eran las actrices llamadas a representar estas creaciones inacabadas.
Estos artefactos teatrales del granadino, convertido en los años 1935 y 1936 en un gran dramaturgo, “podían acabar en manos de cualquier compañía teatral de la época tras el éxito de Bodas de sangre y Yerma, porque todas querían trabajar con él”, explica el investigador Andrew A. Anderson. Este profesor emérito de Literatura Española de la Universidad de Virginia acaba de publicar Lorca y las actrices de sus últimos proyectos teatrales (Residencia de Estudiantes, 2026). El experto incide en que lo que más le ha llamado la atención de su investigación es que Lorca multiplicó sus proyectos durante los últimos meses de su vida: “Su imaginación estaba en plena ebullición e iba en distintas direcciones”.
Anderson, que se expresa en un castellano bastante pulcro al otro lado del teléfono, halló numerosos proyectos que ocupaban la mano y la mente de un Lorca a punto de perecer por las balas de la intolerancia. “En algunos casos, se trataba tan solo de un título, de una idea apuntada en una hoja de papel. En otros, eran proyectos con cierta sustancia”, introduce el también doctor por la Universidad de Oxford. Entre todos los proyectos que nunca concluyeron sobresale la mal llamada comedia sin título, apunta el hispanista, aunque sí que lo tenía: El sueño de la vida. Esta obra estaba pensada para la archiconocida Margarita Xirgu, la actriz que estrenó o repuso más obras de Lorca. “Ella iba a representar La casa de Bernarda Alba en otoño de 1936, pero el estallido de la Guerra Civil lo desbarató”, recuerda el investigador.
En el caso de El sueño de la vida, Xirgu iba a encarnar al personaje Titania. “Es una obra muy moderna, metateatral y muy experimental”, cataloga el especialista en la obra lorquiana. Desde luego, no era la primera vez que la actriz barcelonesa que poco después tomaría el camino del exilio ante el triunfo de las fuerzas golpistas en España trabajaba junto a Lorca. Mariana Pineda, La zapatera prodigiosa, Yerma y la reposición de Bodas de sangre en Barcelona en 1935 son apenas varios ejemplos en los que Xirgu jugó el papel más destacado que podía jugar como actriz protagonista. “Su relación era muy estrecha, de admiración, respeto y cariño mutuos”, destaca el también comisario de la exposición Lorca y el archivo. Memoria en movimiento, que se puede visitar de forma gratuita en la Residencia de Estudiantes hasta el 26 de julio.
Las otras obras por terminar
Anderson, asimismo, ha ubicado algunos “proyectos algo más fantasmales”, tal y como los denomina. Se trata, por ejemplo, de Los títeres de cachiporra, una obra temprana concebida en torno a 1922, pero que en 1935 quería adaptar. La idea era realizar una versión musicalizada de la misma, para lo que ya trabajaba con un joven y moderno compositor hispanofilipino, Federico Elizalde. Lorca quería que fuera Carmen Díaz quien se encargara de la representación. Fue el mismo dramaturgo quien finalmente cambió de opinión y acabó esbozando como obra final una suerte de ballet con texto, música y baile que llevaría a cabo La Argentinita, Encarnación López Júver.
Le sigue El poema del café cantante, donde Lorca desenfunda su creatividad en torno a un desafío de baile entre dos bailaoras. Esta vez sí, sería Carmen Díaz la actriz elegida para desarrollar la trama sobre los escenarios. El guion evoca el ambiente “de esos cafés famosos de Málaga y Sevilla, de principios de siglo XX”, tal y como explica Anderson.
Algunas personas se sorprendieron al enterarse de que el poeta y dramaturgo granadino se interesaba por Díaz como intérprete, quien se estaba especializando en el género de la comedia flamenca. Pensaban que era una actriz bastante convencional, que trabajaba mucho con autores como los hermanos Álvarez Quintero, y que no daba la talla para sus creaciones.
Ante dicho extremo, Anderson se decanta por subrayar que “Lorca consiguió adecuar la actriz a la obra y la obra a la actriz”. No queda rastro alguno del manuscrito de El poema del café cantante, y Díaz, que la escuchó de la voz de su creador tras desplazarse este hasta Zaragoza, nunca la llegó a representar.
Para María Fernanda Ladrón de Guevara, Lorca reservaba Los sueños de mi prima Aurelia, libreto cuya trama se localiza en la vega de Granada. “Parece que era una prima auténtica suya. También aparece un niño, que es la propia versión de Lorca de pequeño, y escenifican la vida de provincias, donde la gente se divertía leyendo novelas de folletones”, describe el profesor emérito de la Universidad de Virginia.

En cuanto a los grandes temas que aborda el escritor en estas obras, Anderson incide en cómo van cambiando a lo largo de sus creaciones. Si en La casa de Bernarda Alba Lorca toca algunos de los grandes temas de todos los tiempos, en el caso de El sueño de la vida la narrativa se centra en una reflexión sobre el mismo teatro, su naturaleza y la ilusión teatral. “Al mismo tiempo, es una obra radicalmente social y política, donde hay una manifestación en las calles y una carga militar contra los manifestantes, que se refugian en el mismo teatro donde sucede la obra”, agrega.
Sin ánimo de querer adelantar el final de la obra, pues el autor tan solo dejó escrito el primer acto, llega un momento en que un espectador de clase alta, vestido con smoking, saca un revólver y dispara contra un obrero sentado en una de las butacas de arriba, en los asientos más baratos. “Y ahí vemos una variación enorme entre la evocación melancólica y nostálgica, incluso cariñosa, que hace de un periodo pasado, como puede llegar a suceder en Los sueños de mi prima Aurelia, con esta forma tan radical de presentar una creación teatral en la que se rompe con la cuarta pared”, apunta el estudioso.
Las mujeres, al frente del teatro español
Anderson incide en cómo España se situó a la vanguardia del teatro durante el periodo de entreguerras en lo que a actividad profesional se refiere. “El teatro era muy importante, existían muchísimas compañías teatrales, y muchas de ellas tenían como jefe a una actriz, ya fuera Xirgu, Díaz o Ladrón de Guevara, cuando eran los hombres quienes dominaban la inmensa mayoría de áreas de la vida social”, abunda el experto sobre un fenómeno que ya había comenzado con María Guerrero.
En el caso concreto de Xirgu, la actriz representó también obras de los hermanos Álvarez Quintero y de Jacinto Benavente. “Estaba junto a los consagrados de la época, pero la distinguía el querer trabajar junto a los autores más noveles. Tenía ganas de hacer cosas distintas”, profundiza Anderson. Xirgu, asimismo, estrenó la primera obra de Alejandro Casona, La sirena varada.
De las demás la distinguía su actitud abierta y receptiva. Tal fue su distinción, que Anderson asegura que se convirtió en la primera persona en nombrar un director de escena en su compañía cuando en aquel tiempo eran las primeras actrices o actores los que dirigían los ensayos. Así lo concluye el propio experto: “Ya había trabado una importante relación con Cipriano Rivas Cherif. Le terminó contratando. Así se creó el puesto de director de escena, algo no visto hasta el momento. Es una innovación muy importante que luego se implementará universalmente”.
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