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Nacen los premios teatrales Talía bajo las críticas de centralismo y falta de paridad

Algunos actores antes de la lectura de nominados a los Premios Talía

Pablo Caruana Húder

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A finales de enero de este año, la presidenta de la Academia de las Artes Escénicas, Cayetana Guillén Cuervo, anunció el nacimiento de los premios Talía, presentados como 'los Goya del teatro', que intentan buscar su hueco en un panorama de reconocimientos donde ya existen los premios Max, promovidos por la Sgae. El anuncio de los finalistas hace un mes retrató una instantánea desequilibrada en términos de paridad y territorialidad de los nominados que ha motivado críticas en el sector. Unas críticas que amenazan con ensombrecer el nacimiento de unos galardones que llegan con el apoyo de grandes nombres de la profesión y con un fuerte respaldo institucional y empresarial.

Guillem Clua, director y Premio Nacional de Literatura Dramática, una de las voces críticas, se pregunta si no habría sido más coherente denominarlos “premios Cibeles”, en referencia al peso de las propuestas madrileñas, una queja que también ha recibido comentarios en redes y artículos de revistas especializadas, que los han tildado de “los premios de Madrid”. La gala tendrá lugar el 27 de marzo en el Teatro Español de Madrid, retransmitida por La2 de RTVE, producida por El Terrat y dirigida por el bailarín Antonio Najarro y el director y guionista Juan Luis Iborra tras la renuncia de Antonio Banderas a la dirección, como se anunció en un primer momento. “Se le juntó mucho trabajo. Era mucho agobio y estrés. Lo dirigirá otro año”, afirma Cayetana Guillén Cuervo a este periódico.

En la gala se entregarán 28 premios que abarcan las disciplinas escénicas de lírica, danza, teatro musical, circo y teatro. Eliminando los premios no mixtos, la presencia de las mujeres en las nominaciones representa solo el 16,6%. Por otro lado, del análisis del origen de las compañías nominadas se desprende que las compañías arraigadas en Madrid suponen un 68%. Del resto, el 20% son espectáculos andaluces, con 15 nominaciones, todas pertenecientes a las disciplinas de danza, lírica y teatro musical (el musical dirigido por Antonio Bandera, Company, cuenta él solo con cinco nominaciones). Catalunya, la segunda comunidad autónoma más importante en España en cuanto a oferta y producción escénica, está presente con apenas un 8%. Finalmente, Valencia que reúne dos nominaciones, supone un 2,66% e Illes Balears, con una nominación, el 1,40%. Ningún proyecto escénico de ninguna otra comunidad autónoma salvo estas cuatro han merecido presencia alguna.

Los datos anteriores contemplan todas las categorías pero el recuento de la principal, la teatral, arroja un número aún más arrollador: el 95% de las compañías son de Madrid (34 de 36 nominaciones). El resto, los otros dos finalistas, son catalanas.

Corregir en el futuro

La presidenta de la Academia de las Artes Escénicas defiende los premios con entusiasmo. “La gala va a ser un homenaje a la excelencia de lo que es el hecho artístico encima del escenario”, afirma Cayetana Guillén Cuervo. A la pregunta de si el mencionado reparto territorial de las nominaciones resulta acorde a unos premios que buscan la relevancia nacional, Guillén Cuervo explica que es “justificable”: “Un tanto por ciento muy importante de los estrenos de teatro tienen lugar en Madrid”. Al respecto del 95% de los espectáculos de teatro madrileños en el listado de finalistas, la también actriz aclara que los grupos de trabajo han tenido total libertad: “Sus propuestas son estas. Si percibimos que hay fallos, se tendrán que corregir en las siguientes ediciones”, afirma sobre estos jurados que son secretos hasta después de la entrega de los premios pero en los que la presidenta asegura que se respetó una diversidad territorial entre sus miembros. “Si se percibe que se ha centralizado mucho, el año que viene lo tomaremos en cuenta. Uno de los objetivos de la Academia es la descentralización, y ese foco aseguro que es vital en mi presidencia”, indica.

“El santo grial de estos premios es que no hay que competir, no hay que presentarse, es la propia Academia quien los elige a través de unos grupos de trabajo formados por especialistas y académicos. Tienen un aura de premio nacional”, afirma Guillén Cuervo quien confirma a este periódico que la gala de estos premios, durante los tres primeros años, se realizará en Madrid para que “se asienten”.

Al respecto de la falta de proporción entre hombres y mujeres nominadas, Guillén Cuervo advierte que como presidenta tiene “mucho miedo a valorar esto y que caiga como un jarro de agua fría”. “Preferiría no hacer una valoración que defina a toda la Academia porque sería injusto. En los grupos de trabajo no se ha dirigido absolutamente nada. Y a partir de lo que pase este año se irá corrigiendo y se pondrán las soluciones pertinentes para la siguiente edición”, insiste.

Los premios han nacido con el apoyo institucional del Ministerio de Cultura, del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. También con unos importantes patrocinadores entre los que se encuentran CaixaBank, ONCE (que prepara un cupón conmemorativo sobre los premios) Renfe e Iberia. En representación del Gobierno, a la gala asistirán el ministro de Cultura Miquel Iceta, la vicepresidenta primera Nadia Calviño, el alcalde de Madrid José Luis Martínez Almeida y su delegada de Cultura Andrea Levy o la Consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz. Además, han confirmado su presencia nombres de la escena como José Sacristán, Nacho Cano, Maribel Verdú, María Adánez o Nacho Duato. Entre los nominados asistirán actores de la talla de Blanca Portillo, Aitana Sánchez-Gijón, Javier Gutiérrez, Carmelo Gómez o Carlos Hipólito.

“Y además hay una cosa muy bonita, hemos sacado los premios a la calle”, explica Cayetana Guillén Cuervo. “La plaza de Santa Ana [frente al Teatro Español] va a ser una fiesta desde las cinco de la tarde. La fiesta de las artes escénicas. Va a haber una alfombra roja desde el Hotel ME Reina Victoria [en el lado opuesto de la plaza] hasta la puerta del Teatro Español”, afirma.

Salvador Sunyer es director del festival Temporada Alta (Girona), uno de los más importantes del país y también se muestra crítico con el centralismo de los Talía. “¿Seguro de que esto no es un premio solo de Madrid?”, afirma con cierta ironía después de estudiar el listado de nominados: “Geográficamente es un despropósito”. Sunyer, director también de la productora catalana Bito, cree que la lista de finalistas “no es una foto del teatro que se ha realizado en España el último año”. “Quizá la idea sea buena para promocionar las artes escénicas, pero lo tienen que corregir de arriba abajo. No refleja el teatro de este país, ni por geografía ni por estética. No hay prácticamente nada del teatro más contemporáneo que no sea de texto”, afirma y añade que “estéticamente solo responde a un tipo de escena”. Echa en falta propuestas como la de Angélica Liddell, “que nadie negará que tiene una calidad como autora dramática” o La Veronal, una compañía que está en Aviñón y es de Valencia, “la compañía con mucha diferencia más internacional de este momento junto con el flamenco”. “Ese teatro también son compañías, también son empresas privadas y no son teatro público”, añade. “No están haciendo un favor al teatro en general de este país, quizá a algún tipo de teatro o algún sector sí, pero no al teatro en general, esto seguro”, concluye, crítico, Salvador Sunyer.

Los Talía desafían a los Max

En el ámbito de las artes escénicas, aparte de premios sectoriales, los únicos galardones que existen son los premios Max, organizados desde su nacimiento en 1998 por la Sociedad General de Autores y Editores, pero que solo premian los trabajos de autores socios de la entidad. Curiosamente, la Academia eligió la fecha del 26 de enero para anunciar la creación de sus premios, un día después de la comunicación de candidaturas (los prefinalistas) de los Max.

El nacimiento de los Premios Talía no puede entenderse sin la relación en los últimos años de la Academia con los Max. En 2016, estos galardones fueron votados por los académicos, una votación con la que nadie quedó contento. “Aquello fue un desastre, éramos poquísimos y aun así muchos se pegaron y se intentó manipular desde muchos ámbitos”, recuerda un académico, que prefiere mantener el anonimato, a elDiario.es. Por entonces, tan solo había 300 académicos. Hoy, siete años después, la Academia cuenta con 732.

Ya en 2018, bajo la junta directiva anterior a la de Cayetana Guillén Cuervo, presidida por el director de la productora teatral Pentación, Jesús Cimarro, se intentó un nuevo acercamiento entre ambas instituciones, según fuentes conocedoras de las negociaciones. Cimarro llegó a elaborar un plan con la junta directiva de la SGAE para que los Max se transfirieran a la Academia en un periodo de cinco años y durante los tres primeros años fueran sufragados totalmente por la SGAE. Cuando el plan, apoyado por la antigua Junta, llegó al patronato de la Fundación SGAE, que había sido renovado en unas nuevas elecciones y que era el organismo que tenía que ratificarlo, esta se negó por unanimidad. La Fundación SGAE en 2019 propuso un proyecto a la Academia de colaboración conjunta donde el reparto del gasto fuese al 50% y en el que se revisasen las bases para abrir el abanico y valorar el poder incluir en los premios a miembros que no fueran de la SGAE. Una propuesta que ya no tuvo respuesta de la Academia. Los Talía ya estaban gestándose.

El académico, autor, director y crítico teatral Carlos Gil Zamora conoce bien las cocinas y los pasillos de la Academia de las Artes Escénica. Afirma que “los premios han sido una obsesión” para la Academia desde la presidencia de Jesús Cimarro. Considera que los desequilibrios en los finalistas tienen más que ver con la gestión de la presidencia anterior, y no con Guillén Cuervo, cuyo paso al frente le pareció “sorprendente” pero que cree que es una “buena estrategia”, ya que se trata de una “persona querida, televisiva y muy representativa que puede impulsarla muy bien”. Gil Zamora señala la influencia en el diseño de los premios del vicepresidente de la Academia, Eduardo Galán, un hombre muy próximo a Pentación, la empresa del anterior presidente y cuyo logo aparece entre los colaboradores de los premios y cuenta con una nominación, al Premio a Mejor Productora Privada de Espectáculo Escénico. Se trata esta de una tipología de premio inusitada en este tipo de certámenes que cuando destacan la producción escénica siempre lo hacen en relación a una obra en concreto. Académicos confesaban a este periódico que no saben bien lo que tienen que votar en esta sección, si la labor de las productoras nominadas este año, la labor de una obra en concreto o a la trayectoria general de la productora.

Carlos Gil Zamora señala con extrañeza una de las categorías, la del Premio a la Mejor Producción de Artes Escénicas de Nueva York de Autoría Hispana Contemporánea. Un premio apoyado por la AECID (dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores) y otorgado por la propia junta de la Academia al igual que los premios especiales tales como el Premio de Honor otorgado a Lola Herrera o el Premio al Reconocimiento del Público otorgado al musical El rey león. Pero, al contrario que esos premios, el premio “de Nueva York” se ha presentado en el listado de finalistas con tres nominados a pesar de ser un premio que no se votará y lo otorgará la propia dirección. Los montajes nominados son de Caridad Svich, Rosalba Rolón y el mencionado vicepresidente de la Academia, Eduardo Galán. Carlos Gil considera que esta selección es “aleatoria”. En general, a Gil le parece que los premios están “tomados” por “parte de las empresas que están en la Gran Vía y no pueden estar en los Premios Max. Algo muy peligroso para el resto de la profesión dada su potencia económica. No hay nada que hacer si se les deja entrar de esta manera”.

La dificultad de verlo todo y el voto responsable

Esta semana los académicos están realizando las votaciones. Un sistema que se asemeja a los premios Goya, aunque con una diferencia: la accesibilidad para poder ver los trabajos que se han de votar. En los Goya la Academia de Cine pone a disposición de los académicos una plataforma para poder visionar todos los trabajos finalistas. La Academia de Artes Escénicas ha montado un sistema de votación secreta a través de una plataforma digital pero no ha dado la posibilidad a los académicos de solicitar ver los vídeos de las obras.

Varios de ellos han confirmado a este periódico este extremo, afirmando que de este modo es más difícil la votación. La organización confía en que los académicos voten tan solo lo que hayan visto. Guillem Clua, uno de los directores con mayor proyección del panorama estatal, afirma que, incluso, ver las obras en vídeo no es una solución. “La diferencia del que vota habiendo visto una función con el que ha visto un vídeo es abismal, no pueden valer lo mismo”, explica.

“Vaya por delante que es encomiable el esfuerzo por promocionar las artes escénicas. No tengo ninguna crítica a la iniciativa”, afirma Clua. “El conflicto es su aspiración de ser unos premios nacionales. Me parece absurdo que el teatro, al ser un arte eminentemente de carácter local, tenga unos premios en los que puede votar gente que, por imposibilidad física, no ha podido ver los espectáculos. No veo problema en tener unos premios de Madrid, Barcelona o Valencia, como existen los premios Tony en Nueva York o los premios Oliver en Londres. A nadie se le ha ocurrido hacer unos premios de teatro de Estados Unidos o de Inglaterra”, indica.

Coincidiendo con Sunyer, para Clua estos son “los premios de Madrid”, ya que han intentado “hacer unos premios nacionales” pero “les salen esas cifras”. “No creo que hay mala intención. Creo que se explica por el síndrome de capitalidad tan presente también en otros ámbitos y por el cual Madrid acaba siendo toda España. Es verdad que Madrid tiene una vida cultural incomparable, pero de ahí a que no exista nada fuera de la M-30 hay una gran distancia”, añade Clua, un dramaturgo nacido en Barcelona y que mereció el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2020.

Preocupan más las ayudas que los premios

Este periódico ha hablado con varias asociaciones de empresas teatrales, varias de ellas han declinado hacer declaraciones. Dicen que deberían reunirse para poder dar una respuesta colegiada y que están preocupadas en otros temas más urgentes como recibir el dinero que les otorgó el año pasado el Ministerio de Cultura a través de las ayudas europeas Next Generation, ayudas destinadas para la modernización de las estructuras de gestión artística que todavía no han recibido. “El Ministerio está colapsado”, afirman.

Jacobo Pallarés, codirector de la sala Espacio Inestable de Valencia y presidente de la Red de Teatros Alternativos dice observar “una deficiencia importante en el listado de nominados que no representan la enorme variedad de estilos y de territorios de las artes escénicas estatales”. Aunque, como muchos de los interlocutores contactados, también afirma que “siempre nos parecerá bien la creación de cualquier evento en el que se visibilicen las artes escénicas”. La productora catalana Focus, interesada en participar en este reportaje, finalmente no ha podido atender la llamada de este periódico.

Sin reconocimiento para el teatro infantil

A su vez, Pilar López, de la compañía vasca Teatro Paraíso, académica y presidenta de Eskena, asociación de empresas de artes escénicas de Euskadi, pone el énfasis en que los premios son una gran plataforma para dar visibilidad al trabajo de todos y que en la Academia hay algunos miembros “como Ana Belén o la propia Cayetana Guillén Cuervo que tienen un poder de tracción y atracción de la opinión pública muy importante. Y eso los académicos lo tenemos claro. Tenemos que echar a andar utilizando nuestras mejores bazas”, afirma.

“Es cierto que ya hay gente en Eskena o en la Red Nacional de Teatros que tienen las uñas levantadas. Pero solo con la generosidad de los que formamos parte de la Academia podremos avanzar”, afirma esta ya veterana profesional, dedicada al teatro para la infancia, un tipo de teatro que no tiene ningún reconocimiento en los premios Talía. “Quizá se debe a que académicos como yo no hemos podido estar tan presentes como debiéramos”, opina. “No he estado ahí para tirarles de las orejas. En la medida que avancemos habrá que escuchar mucho y construir. No se trata de escurrir el bulto, es evidente que hay errores como el de la territorialidad, pero hemos llegado hasta aquí pactando. Estos premios son fruto de un pacto, es un acuerdo base, un punto de partida que habrá que ir trabajando”.

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