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La asociación valenciana que busca “empoderar” a las favelas de Cape Town

La organización Meraki Bay trabaja en Sudáfrica impulsando proyectos locales en una comunidad llamada Hangberg, donde viven cerca de 15 mil personas en un poblado de favelas

Meraki Bay

En medio de Cape Town (Sudáfrica) se encuentra una comunidad llamada Hangberg donde cerca de 15 mil de personas viven en las favelas de un poblado que contrasta con rascacielos y edificios de la ciudad que lo rodea. En octubre de 2017, los valencianos Ignacio Alonso (Rocafort) y Carlos Andrés (València) sintieron que eran muchos los proyectos que podrían llevarse a cabo en ese entorno y empezaron a preguntar a las personas de la comunidad qué necesidades detectaban. Tras meses de observación y colaboración con la comunidad local, decidieron volcarse en el poblado y fundar la asociación Meraki Bay para iniciar proyectos de cooperación en terreno.

La ONG valenciana centra su trabajo en tres vertientes: el emprendimiento, el empoderamiento de la mujer y la atención a la infancia. El primero de sus focos, según sus fundadores, consiste en incentivar la creación de pequeños negocios para revitalizar económicamente la zona, romper con el estigma de “sitio peligroso” de las favelas y “empoderar” a la comunidad. Por ejemplo, compran cafeteras para poder ir a tomarte un café o han puesto en marcha un huerto urbano donde, los agricultores que trabajen la tierra, puedan vender los cultivos en cestas de mimbre ecológicas. “Hemos desarrollado proyectos centrados en emprendimiento y tratamos de crear pequeños negocios para que esas personas tengan un ingreso”, explican Carlos y Ignacio, de Meraki Bay, desde Cape Town.

El segundo de sus focos, puesto en marcha por una de las voluntarias que acudió a Cape Town a colaborar en el proyecto, es trabajar el empoderamiento de las mujeres y de las niñas de las favelas. “Dentro de la comunidad había mujeres que se reunían para coser y pensamos que eso también podía ser una fuente de ingresos y ahora han empezado a vender lo que cosen en mercados locales”, cuenta Ignacio.

Meraki Bay

Ambos son conscientes de que la primera reacción de las personas locales podía ser de rechazo. “Al principio la reacción fue negativa porque podían pensar ‘¿por qué un blanquito viene a decirme lo que tengo que hacer”, cuentan. Por eso, uno de los propósitos de Meraki Bay desde el principio fue priorizar el trabajo con la comunidad local y contar siempre con coordinadores sudafricanos en los proyectos. “La finalidad es dejarlo en manos de los locales para que lo desarrollen”, aseguran. La ONG se encarga de pagar sueldos mediante la colaboración de socios y también a través de la búsqueda de financiación con otras empresas locales para tratar de paliar la desigualdad social y la falta de oportunidades de las personas que nacen en las favelas.

El tercero de sus ejes está relacionado con la infancia. Han creado el primer “grupo juvenil” del poblado, a modo “scout”, donde los más pequeños pueden ir después de la escuela a seguir formándose. “Este grupo es muy importante porque actualmente hay cuatro personas locales de forma permanente que hacen de monitores”, argumentan. En el grupo trabajan temas tan dispares como el bullyng, la importancia de la higiene bucal, la igualdad de género o simplemente van a ver una película al cine. Según Ignacio y Carlos, muchos de los niños de las favelas que acuden a la ONG viven con sus abuelas o con sus tías por problemas familiares y encuentran en este espacio un lugar para divertirse.

Este tercer foco dedicado a la infancia es “sin duda” el que más horas ocupa a los voluntarios de la ONG valenciana. En el grupo tratan de transmitirles motivaciones y mostrarles que “hay algo más que la vida de las favelas”, ya que conviven en poblado con una alta tasa de desempleo juvenil.

El último de sus proyectos es poner en marcha un equipo de fútbol en el lugar. “La Fundació Valenciana Per la Solidaritat tuvo el detalle de donarnos material deportivo, balones, equipación, botas de fútbol...”, explica Ignacio. También sueñan con poder hacer el proceso inverso y que sean los niños los que viajen hasta València.

A lo largo de los meses de trabajo, la ONG se ha nutrido de voluntarios de diferentes puntos de Europa y América Latina que han sido “fundamentales” para desarrollar el proyecto. No obstante, a partir de marzo, la ONG quiere dejar de contar con voluntarios para que únicamente sean trabajadores locales los que se hagan cargo de los proyectos. Sobre el futuro, Meraki Bay quiere poner en marcha un proyecto de reciclaje para crear un acopio en las favelas, y también quieren trabajar para mejorar la nutrición de los niños. “Una voluntaria nutricionista hizo un análisis a los niños del grupo y determinó que 1 de cada 2 niños están por debajo de la talla y el peso que deberían tener”, apunta Ignacio.

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