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Sols necessitem la ciència per millorar la indústria valenciana?

Atenent a les dades, alguna cosa està passant en l'economia valenciana. 2018 torna a ser un any en que el nombre d'empreses creix lleugerament respecte a l'any precedent. En anys anteriors, des de l'inici de la crisi el 2007, els tancaments empresarials havien fet diluir-se bona part del teixit productiu valencià. Al 2015 fou el primer any en que es va remuntar per primera vegada l’enfonsada, i ja any rere any l’aparició d’empreses ha estat un fet de l’ordre de 15 empreses diàries. En 7 anys de crisi desaparegueren 45.000 empreses valencianes; front a açò, des del 2015 han aparegut la meitat aproximadament. Tot aquest canvi respon a alguna estratègia? Serà que la crisi i la revifada posterior ha servint per alguna cosa més que per a tancar i obrir empreses?

M'agradaria pensar que els mals hàbits adquirits abans de la crisi estan descartats per sempre. L'especulació, i de manera destacada l'especulació immobiliària, no pot tornar a ser l'espill on es mira tota una comunitat. La reconversió que vam patir al passar de ser industrials i convertir-nos en promotors immobiliaris va ser el motiu de la gran crisi valenciana, el gran enfonsament per a l'economia i la societat en general. Les il·lusions es van anar diluint en la mesura que, ni revertint aquells pisos que havíem comprat amb crèdits, no podíem pagar els deutes que teníem; els joves van marxar no sé a quins països perquè aquí, en el seu, mai anaven a trobar feina; els avis, amb unes pensions escasses, s'han convertit en els autèntics salva-famílies, donant de menjar ara, novament, als seus fills, però també als seus néts. L'avarícia de la construcció ho va desfer quasi tot.

I què pot passar ara i en el futur? Podem pensar en la possibilitat que aparega una societat amb una imatge nova, ara respectada, on la corrupció, el malbaratament i l'especulació no estiguen per damunt d'aquella imatge del “ben fer” que es tenia fa 25-30 anys?

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Vilamarxant no es un pueblo para la barbarie

Yo tenía ocho años cuando llegamos a Vilamarxant. De eso hace mucho tiempo, tal vez demasiado tiempo. Mis padres habían comprado el horno de la replaça. La infancia siempre fue para mí y para mi hermano un espacio troceado, un rato en un sitio y otro rato en otro sitio distinto. En ese pueblo del Camp de Túria aprendí la lengua que para mí era tan rara como la que hablaban los marcianos. La tía Àngela, que tenía una tienda en la esquina, me dio la primera lección de valenciano. Yo me cagaba en déu cada vez que perdía en algún juego y ella me aclaró que deu (diez) es una cosa y déu (Dios) otra muy distinta. Eso me ayudó, de paso, a abrir las vocales, que para quienes vienen del castellano resulta casi imposible. También aprendí que la amistad es algo que empieza pronto y no se acaba nunca. Bastantes de mis mejores amigos vienen de aquellos años, cuando la vida aún tardaría mucho tiempo en ir en serio, como decía el poeta Gil de Biedma. La infancia eran los partidos de fútbol en un campo metido en la montaña. Los domingos con mis ídolos Solor y los hermanos Moliner, con Tomás llenando la portería como podía o lo dejaban, con Toni Blanes que iba para figura y se quedó en el camino porque se murió muy joven, cuando empezaba a vivir en el fútbol y en la vida, con Eusebio y José Luis Faus poniendo más garra que clase en unas delanteras que se comían las piedras como si fueran golosinas de bautizo. Y aquel seminarista que se llamaba Vila y cuando se ponía a hacer fútbol de verdad ni el Messi de ahora podría quitárnoslo de la memoria. En Vilamarxant quise tener pronto dieciocho años para no perderme las películas prohibidas y una vez mi padre habló con el tío Sàfer para que me dejara entrar con él a ver Con él llegó el escándalo, la película de Robert Mitchum que era como un peligro para las conciencias de entonces.

Nos fuimos del pueblo al cabo de unos años y regresamos cuando un grupo de jóvenes nos daban un ejemplo de compromiso contra la dictadura franquista. Serían detenidos y desde entonces los tengo siempre en eso de la amistad insobornable, y que no me los toquen a la hora de rendir gratitud a quienes fueron detenidos por luchar contra la barbarie, contra esa barbarie que en este país es como si no hubiera desaparecido nunca del todo. Desde ese regreso ya viví muchos años en ese pueblo, al que vuelvo menos de lo que me gustaría. Los años últimos del franquismo y primeros de la democracia intentamos seguir la brecha abierta por aquellos jóvenes y descubrimos que la democracia tampoco iba a ser algo fácil. Pero ahí anduvimos mucha gente, dejándonos la piel y lo que hiciera falta para que las cosas fueran poco a poco distintas y mejores que las de antes. ¡Cuánta de aquella gente guardo en la memoria! La infancia, la adolescencia, esa primera madurez que a lo mejor, al final, es algo que no acaba de llegar nunca en su entera plenitud.

El tiempo ha ido pasando, pero lo que se sella a edad temprana, como aquella amistad que antes les contaba, es muy difícil que se vaya y menos para siempre. Por eso me entra una rabia y una tristeza infinitas cuando leo que de nuevo, en Vilamarxant, la barbarie ha hecho acto de presencia. Y digo de nuevo porque no es la primera vez que esa barbarie remueve las entrañas de un pueblo que sería el más tranquilo del mundo si no fuera por esos desalmados que disfrutan enfangando la convivencia entre el vecindario. En Vilamarxant casi siempre gobernaron las derechas, y desde las elecciones de 2015 gobiernan en coalición el Partido Socialista, Compromís y dos ediles de Ciudadanos que fueron expulsados del partido por sumarse al equipo de gobierno. Ya a finales del año pasado hubo ataques contra miembros de ese equipo de gobierno. Pintura en las fachadas de sus casas, decenas de ruedas pinchadas en sus coches, incluso algún motor de esos coches peligrosamente saboteado.

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Flaubert i el supermercat

Se m'escapa amb quina finalitat els empresaris celebren els seus congressos, més enllà del que suposa l'acte social i el consegüent impacte mediàtic-mercantil. Vivim en un món d'aparences i de mercaderies, el que ve a ser el mateix. Al 21 congrés de l'empresa familiar, celebrat a València fa uns dies, el reeixit propietari d'una cadena de supermercats animava els empresaris a sortir de l'armari, millorar la seva imatge, i donar la cara per guanyar prestigi davant la societat. L'expressió "sortir de l'armari" és seua. Argumentava que els empresaris han de convèncer els ciutadans que la seua funció és crear riquesa perquè "com més empresaris hi ha, més rica és una societat».

Els que ja van sortir de l'armari des que va començar la crisi allà pel 2008 són els banquers, el poder financer. Ara tothom coneix ben bé els seus mètodes, els seus valors i els seus objectius. Després de l'escàndol que ha generat l'impost als actes jurídics documentats de les hipoteques, la descarada permuta entre els bancs i el poder judicial, s'ha esfumat definitivament davant els ulls de la ciutadania qualsevol vestigi d'armari on amagar-se. El cop de mà de la banca i la reacció còmplice del Tribunal Suprem han tret de l'armari els vincles entre política, poder financer i poder judicial. L'enorme transcendència pública del succés ha revelat que més enllà de la retòrica de la tècnica jurídica hi ha profundes complicitats. L'aritmètica comptable que transmet aquest relat és senzilla: la riquesa que creen els empresaris, la gestionen els banquers i la protegeix el poder judicial.

Sona tot a cambalache. Com el del vell tango de Enrique Santos, aquell que va popularitzar Carlos Gardel durant la profunda crisi dels anys de la Gran Depressió. Diu el tango: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! … los inmorales nos han igualao... Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.”

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Flaubert y el supermercado

Se me escapa con qué finalidad los empresarios celebran sus congresos, más allá de lo que supone el acto social y el consiguiente impacto mediático-mercantil. Vivimos en un mundo de apariencias y de mercancías, lo que viene a ser lo mismo. En el 21 congreso de la empresa familiar, celebrado en Valencia hace unos días, el exitoso propietario de una cadena de supermercados animaba a los empresarios a salir del armario, lavar su imagen, y dar la cara para ganar prestigio ante la sociedad. La expresión “salir del armario” es suya. Argumentaba que los empresarios deben convencer a los ciudadanos de que su función es crear riqueza porque “cuantos más empresarios hay, más rica es una sociedad".

Los que ya salieron del armario desde que comenzó la crisis allá por el 2008 son los banqueros, el poder financiero. Ahora todo el mundo conoce bien sus métodos, sus valores y sus objetivos. Tras el escándalo que ha generado el impuesto a los actos jurídicos documentados de las hipotecas, el descarado cambalache entre los bancos y el poder judicial ha esfumado definitivamente ante los ojos de la ciudadanía cualquier vestigio de armario donde esconderse. El golpe de mano de la banca y la reacción cómplice del Tribunal Supremo han sacado del armario los vínculos entre política, poder financiero y poder judicial. La enorme trascendencia pública del suceso ha desvelado que tras la retórica de la técnica jurídica hay profundas complicidades. La aritmética contable que transmite este relato es sencilla: la riqueza que crean los empresarios, la gestionan los banqueros y la protege el poder judicial.

Suena todo a cambalache. Como el del viejo tango de Enrique Santos, aquél que popularizó Carlos Gardel durante la profunda crisis de los años de la Gran Depresión. Dice el tango: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! … los inmorales nos han igualao... Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón”.

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Cervesa i banalització del canvi climàtic

Les darreres setmanes ha estat molt comentada, una notícia sobre les conseqüències que tindria la reducció de la producció mundial de civada, que es preveu com a conseqüència del canvi climàtic, sobre la producció i el preu de la cervesa. La notícia ha estat amplament difosa per diaris i noticiaris de ràdio i televisió i ha tingut gran ressò a les xarxes socials. Vista però, des d’una perspectiva global, sembla que la part més significativa d’esta previsió, ha quedat eclipsada pel sensacionalisme de la notícia i ha passat totalment desapercebuda.

La fabricació de cervesa consumeix, aproximadament, el 17 % de la producció mundial de civada. La major part de la producció d’aquest cereal, el 67 %, se destina a l’alimentació d’animals de granja; i el 16 % restant, se destina al consum humà i a la sembra. És cert que tal com preveu l’IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), cal esperar una caiguda important en la producció de civada els propers anys. A més, la civada de millor qualitat, que és la que se destina a la producció de cervesa, serà la que més es veurà afectada pel canvi climàtic. Molt probablement, tot plegat impactarà significativament sobre la producció de cervesa. Però aquest fet no ens pot amagar que molt més important que això, serà l’impacte que tindrà esta caiguda en la producció de civada, sobre la producció de carn, ous, llet, formatges, iogurts, etc., destinats a l’alimentació humana.

A més, en l’alimentació mundial, el blat, l’arròs i la dacsa són quantitativa i qualitativament, molt més importants que la civada; perquè són els tres cereals fonamentals en l’alimentació de la humanitat. Sobre ells alerta molt seriosament l’IPCC, en el seu darrer informe del passat 6 d’octubre. Segons els models que fan servir els experts, els propers anys es preveuen caigudes importants en la producció d’aquests tres cereals fonamentals; i també de la resta. Especialment als països en vies de desenvolupament del sud-est asiàtic, l’Àfrica subsahariana i l’Amèrica Central i del Sud. Això pot desencadenar una gran crisi alimentaria i obligar a milions de persones a marxar del lloc on viuen, donant lloc a un nou allau de refugiats ambientals. De fet, no falten els experts que indiquen que el canvi climàtic és la causa profunda de la caravana de migrants, que ara mateix recorre Mèxic en direcció al nord.   

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En tiempos de desolación, no hacer mudanzas; ¿o sí? (1)

Con la erosión del Estado de Bienestar viene ocurriendo lo mismo que en el cuento de la rana y el agua caliente: desde los años 70 el problema ha ido evolucionando de modo tan sutil que, para cuando nos hemos dado cuenta ya estábamos fritos (2). La diferencia en el caso del Bienestar es que con la globalización y la crisis del 2008, el batacazo ha sido tan violento que ha reventado las costuras de un Sistema que ya venía mostrando sus limitaciones.

Ciñéndonos a nuestro país, todo este largo proceso ha ocurrido delante de las narices de una clase política de todos los colores, que no ha sabido, querido o podido, defender los intereses de la mayoría frente a la voracidad insaciable de un capitalismo sin fronteras, y a la que la crisis del 2008 pilló durmiendo. Esa larga siesta es el motivo por el que muchos, políticos, y ciudadanos, sigan soñando hoy con una alternancia que dudo mucho que volvamos a ver. En el tiempo transcurrido desde el inicio del siglo XXI, y especialmente en los últimos diez años con la inestimable contribución de internet, las tensiones generadas por el incremento de la desigualdad han aflorado en movimientos de diversos grupos sociales que, al no sentirse representados en las instituciones, exigen otros cauces aparte del voto periódico, por los que hacer llegar sus reclamaciones y defender sus derechos. De ahí dificultad de gestionar una sociedad como la actual, tan informada, compleja, politizada y organizada, y con un entrecruzamiento de posiciones como, a modo de ejemplo, expresan la coincidencia de históricos comunistas con Salvini sobre el modo de afrontar la inmigración (3), o las propuestas fiscales en patrimonio, sucesiones y renta (4) de los liberales británicos que, a fuer de radicales, dudo que pudieran ser asumidas por muchos de los españoles que presumen de socialistas.

Por este motivo, siendo comprensible la preocupación por la gobernabilidad ante un potencial aumento de la conflictividad, no veo probable una vuelta al viejo bipartidismo imperfecto en las próximas elecciones, locales, autonómicas, europeas, y también nacionales; y mucho menos aconsejable la adopción de futuros cambios legislativos, como el de primar la lista más votada con un plus de escaños para forzar esa situación, máxime cuando no son de prever grandes diferencias de voto entre las distintas opciones en liza.

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El feminismo debe ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad

Cuando Carmen Alborch recibió la Máxima Distinción de la Generalitat el pasado 9 d'Octubre declaró, en la que fue su última intervención pública, que el “feminismo debería ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad”. Y apostillaba, “ahí lo dejo”, dejándonos, sin duda, un reto a las mujeres que hemos compartido lucha feminista y queremos seguir trabajando por un mundo más justo, honrando su legado.

Añadía, que esto debía ser así porque “el feminismo ha mejorado la calidad de vida de todos los ciudadanos”. Y la reivindicación y la lucha feminista aspiran a conseguir “una sociedad mejor y más igualitaria”, ya que ha permitido que "se escuchen más voces diferentes" y la apertura de "más espacios" para las mujeres y para los hombres.

2018 ha vivido una eclosión en el movimiento de defensa de los derechos de las mujeres y su efecto contagio ha favorecido una conciencia colectiva entre mujeres (y también hombres) que consideran los objetivos de la lucha feminista inaplazables. Se dice que 2018 es el año de las mujeres, quizá debemos ir más lejos y señalar que es el año del feminismo.

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El rumbo del País Valenciano: ¿hacia dónde vamos?

El 24 de mayo de 2015 todo el país vio a Rita Barberá pronunciar su famoso “qué hostia” ante la pérdida del ayuntamiento de València, la Generalitat y de la mayoría de alcaldías del País Valenciano. La reacción de la exalcaldesa es un símbolo de una época que empezó a llegar a su fin. Comenzaba el derrumbe de lo que había sido uno de los gobiernos más indecentes de toda España. Los valencianos y valencianas le habíamos puesto fin a una época de saqueo, mentiras, corrupción y destrucción de nuestra identidad. El 11 de junio se firmó el Pacte del Botànic y el 16 de junio Ximo Puig fue investido President de la Generalitat gracias a un acuerdo de Gobierno que pretendía "acabar con la situación de emergencia social y poner los cimientos de un nuevo País Valenciano". Así se inauguraba una nueva época en una Comunitat Valenciana que aparecía como brújula del cambio que podía alcanzar a toda España.

El País Valenciano ha sido vanguardia de España en distintos momentos de la historia, ensayando proyectos que más tarde se podrían ampliar a todo el estado. Ha sido vanguardia en la construcción del peor modelo de ladrillazo, sol y playa: un modelo basado en la corrupción, el clientelismo y las políticas excluyentes. Y hoy, de nuevo, es vanguardia en la construcción de un gobierno progresista, sólido y plural. El Gobierno Valenciano, con el impulso de Podem, ha sido el primer gobierno en luchar por la sanidad pública universal; ha sido pionero en el Pacte Valencià contra la Violència Masclista; a propuesta de Podem se ha liderado la lucha contra la pobreza energética y por el derecho a la vivienda digna, incluso teniendo en contra a un gobierno central que no reconocía las leyes valencianas como leyes legítimas. Hoy, el nuevo gobierno de Pedro Sánchez sigue los pasos del gobierno a la valenciana del que Podemos hablaba en 2016.

A pesar del orgullo que sentimos por todas las ventajas que tiene el Botànic y todos los logros que Podem ha impulsado, debemos reconocer que queda mucho por hacer. Hemos conseguido echar el freno a las políticas depredadoras del Partido Popular pero no hemos conseguido consolidar las políticas de progreso hasta convertirlas en irreversibles.

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El péndulo

Hacerse mayor permite hacer un acopio de datos considerable y usarlos a bote pronto sin tener que recurrir a ninguna wikipedia. Con un conocido de mi quinta recordábamos lo pesimistas que estaban los del PP valenciano durante la década de los años 80. No daban pie con bola. En aquella década, la derecha repetía hasta la saciedad que el País Valencià era republicano y de izquierdas y que nada se podía hacer con ese pedazo de territorio incorregible y con su pertinaz voto socialista. Con los años en foros parecidos íbamos escuchando lamentos de signo contrario: los valencianos no tenemos remedio, esto es un feudo popular, son imbatibles, no hay solución de futuro, clamaban los izquierdistas y los nacionalistas, ante las descomunales cosechas de votos de los Zaplana, Camps y compañía. Éramos de derechas de toda la vida o lo parecía. Toda una letanía de desdichas que se prolongó un largo cuarto de siglo hasta las últimas elecciones municipales y autonómicas, en que renegamos a lo grande de ese estigma autoimpuesto.

La existencia cotidiana siempre tiene dos caras, como los antiguos discos de vinilo. A veces pensamos que nuestra sociedad mejora a la generación anterior y otras veces rumiamos, en plan pesimistas, que jamás viviremos como nuestros padres. Creemos en el progreso un día y al levantarnos el siguiente, y desayunarnos unos indicadores económicos indigestos, pensamos que esto no tiene solución: la desigualdad creciente genera malestar, fabrica pobres de solemnidad y tritura nuestros derechos sociales. La ley del péndulo gobierna nuestra existencia. Ahora mismo, en plena perspectiva negativa, nos vemos cercados por el Mal, agobiados ante tanto reaccionario suelto, ante el alto predicamento que tienen consignas intolerantes y excluyentes. ¡Estamos angustiados y con razón!

Queda, sin embargo, un resquicio al optimismo. Cuanto antes toquen techo estas deplorables doctrinas autoritarias, que en algunos lugares de Europa ya campan a sus anchas, antes se les verá el plumero i la vacuidad. En los EEUU se acaba de vislumbrar un poco de contestación por parte de mujeres y urbanitas cultos. La crispación generalizada en muchos rincones del mundo ofrece altos rendimientos entre el electorado descontento con sus vidas. El miedo siempre lo gestiona mejor un gobierno que pase olímpicamente de las políticas solidarias. Basta apelar a que un migrante se va a comer la merienda de tu hijo para postrarse de inmediato ante ideologías ultras o reaccionarias, aunque eso suponga que te vayas a hundir con lo puesto. Solo faltaba poner en peligro el trabajo precario y la vivienda devaluada en un barrio periférico. ¡Pobres ingenuos! Muchos políticos malhablados y prepotentes son especialmente hábiles hoy día a la hora de la lisonja, la alabanza y la palmadita al hombro; pero también son unos artistas mediáticos a la hora de inyectar simultáneamente odio, rabia y rencor a mansalva.

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Un gobierno abierto para una ciudadanía activa

¿Cómo conocer el impacto que tienen las decisiones de los políticos en nuestra vida cotidiana? Antes de dedicarme a la gestión pública siempre me había hecho esta pregunta para responder a otras del tipo: ¿cuánto dinero de mis impuestos sirve para construir la escuela de mi barrio?, ¿y para mejorar las instalaciones deportivas?, ¿y si se destinase más presupuesto a la atención primaria de salud?...

En los últimos años, hemos asistido a un incremento de la implicación de las valencianas y valencianos en la política y un creciente interés por aquello que hacen los gestores públicos. Una cultura participativa y una sociedad civil organizada son manifestaciones de cohesión social y de igualdad, por lo que el acceso a la información pública de la ciudadanía y su participación en la construcción de políticas públicas son muestras de salud democrática.

Siempre me ha interesado cómo podemos hacer que más personas puedan tener una participación activa en los asuntos públicos. Porque una ciudadanía activa, madura y bien informada requiere la participación tanto en el diseño de las políticas públicas como en la actividad de la Administración, y de esta manera puede exigir la responsabilidad a sus gobernantes. El empoderamiento de la ciudadanía fortalece la democracia y colabora en la mejora de su vida, que es la finalidad de todo buen gobierno.

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