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Panorama innovador europeo en la Comunitat Valenciana

Según los resultados de participación española en el Programa Horizonte 2020 en el periodo 2014-2018 publicados el pasado mes de mayo por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, el Estado alcanzó 3.638,1 millones de euros en cuanto a subvención captada, representando el 10% a nivel de la Unión Europea y situándose en la cuarta posición a nivel comunitario. La Comunitat Valenciana es, a su vez, la cuarta comunidad autónoma, con 322,6 millones de euros, lo que representa el 8,9% del retorno alcanzado por España, y se sitúa por detrás de Cataluña (1.080,3 millones de euros), la Comunidad de Madrid (892,2 millones de euros) y el País Vasco (531,7 millones de euros). Cabe señalar que en el anterior VII Programa Marco de I+D, la Comunitat Valenciana absorbió solamente el 6,6%, lo que implica una mejora sustancial, en términos relativos, de casi el 35% (considerando que se mantiene el porcentaje de participación actual).

En este contexto, la Comisión Europea acaba de publicar el Regional Innovation Scoreboard 2019, según el cual, la Comunitat Valenciana es una región innovadora con calificación “moderada” y obtiene una puntuación de 72,5 en el Índice de Innovación Regional, la quinta a nivel estatal –no se ha tenido en cuenta en este análisis a las ciudades autónomas–, por detrás del País Vasco (83,6), Cataluña (81,2), la Comunidad Foral de Navarra (79) y la Comunidad de Madrid (77,5). Desde el primer IIR, el de la Comunitat Valenciana ha sido el cuarto que más ha crecido (11,2%), por detrás de la Región de Murcia (16,3%), Cantabria (15,4%) y el País Vasco (11,8%). Además, únicamente Cataluña y el País Vasco obtienen la calificación de “moderada +”, siendo el resto de comunidades autónomas españolas “moderada -” o “modesta +”. A nivel europeo, la región más innovadora, según este índice, es la suiza Zurich (167,6), y la menos innovadora, en el puesto 239, la rumana Suroeste-Oltenia (15). La Comunitat Valenciana ocupa el puesto 158.

De acuerdo con el IIR 2019, la calificación de “moderada” que subyace del índice agregado parece lógica teniendo en cuenta el cuarto puesto y el porcentaje de retorno del programa respecto al total estatal. Por delante estarían Cataluña y el País Vasco, “moderadas +”, con unos sectores productivos punteros, empresas de mayor tamaño medio y gran apoyo financiero, y la Comunidad de Madrid, “moderada”, pero que probablemente goce del efecto de capitalidad, además de una potente actividad económica al igual que en las dos anteriores comunidades. Además, son muy diversas las posibles razones que explican los resultados moderados de la Comunitat Valenciana en Horizonte 2020: aunque no su análisis no es objetivo de este artículo, posiblemente podríamos destacar menores niveles de renta, menor tamaño medio de las empresas con gran concentración de micropyme, insuficiente acceso a financiación, concentración geográfica y sectorial, variable implicación en asuntos y proyectos europeos, etc.

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Yo de mayor quiero seguir vivo

Osmar, 15 años, nueve meses viviendo en Francia. Su sueño es poder ir al instituto y, después, hacerse pastelero. Su miedo: que lo expulsen y lo devuelvan a su país antes de haberlo conseguido. Se remueve inquieto en la silla ante la mirada de sus posibles compañeros de clase.

Es uno de los pocos adolescentes refugiados afortunados que opta a una beca para poder estudiar gracias a financiación privada. Y uno entre los miles de menores no acompañados que vagan por Europa sorteando a las autoridades policiales.

Cuatro jóvenes miran desde las ventanas

Cuatro jóvenes miran desde las ventanas Pablo Tosco / Oxfam Intermón

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Memoria histórica a todo color

Este 28 junio se cumplirá medio siglo de los disturbios de Stonewall, que dieron comienzo al movimiento por los derechos y la libertad afectivo sexual y de género tal cual lo conocemos ahora, a la lucha LGTB. En España, no fue hasta 10 años después que se despenalizó lo que el sistema represor franquista consideraba “homosexualidad” pero que hacía referencia a todas aquellas expresiones y formas de sentir y ser que no correspondían con el rígido patrón nacional-católico del régimen. Su víctima más conocida posiblemente sea el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, pero hay miles de historias anónimas más, de asesinatos, exilios y silencios.

Este año, la Federación Española LGTB ha elegido como lema del Orgullo “Mayores sin armarios: ¡Historia, lucha y memoria!”. Como juventud, es nuestro deber conocer y reivindicar las batallas de aquellas y aquellos que nos precedieron y consiguieron que heredáramos un mundo más justo y libre. No podemos permitir que la sociedad caiga en el olvido.

Otro Orgullo más, la Universitat de València ha colgado en sus edificios más emblemáticos la bandera arco iris. La de rectorado cae hasta casi la altura del suelo y la misma noche después de ser colocada fue cortada. Al día siguiente hubo quejas respecto a una performance teatral para celebrar la aprobación del protocolo trans, intentando paralizar la actuación y descolgar la bandera. Todo esto por parte de alumnado (joven) de la misma institución.

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Mètode, 100 números

No sé si la societat valenciana és realment conscient de la importància que una revista com Mètode haja pogut arribar -quasi un miracle, en veritat- al número 100. Del luxe que és una publicació d’aquestes característiques. De la seua qualitat i enorme prestigi, dins i fora del nostre territori. Del fet que es publique a València de la mà de la Universitat, amb un bon equip darrere i dirigida per una persona tan valuosa com Martí Domínguez, biòleg, periodista, escriptor i professor de la mateixa Universitat.

Al Centre Cultural La Nau, a l’antiga seu de la Universitat de València, on tantes generacions hi han estudiat -jo mateix, ja a les acaballes, he passat per aquelles aules fosques i venerables, on situaren la Facultat d’Econòmiques durant un parell de cursos- se’n pot veure aquests dies una exposició commemorativa. Val la pena visitar-la per tal de fer-se una idea ràpida, i escaient, de l’evolució i creixement d’aquesta revista. S’hi mostren amb bona traça expositiva les cent cobertes dels números apareguts fins ara. Uns quants panells expliquen la història de la revista, el sentit del projecte i el mètode de treball de la redacció, així com la programació prevista i els continguts dels pròxims números, alguns tan suggeridors com el que proposa un dossier sobre “Ciència i nazisme”. Les cobertes, sovint obra d’artistes valencians, tenen força i són una bona incitació visual. En conjunt, un panorama gràfic vistós i estimulant.

Al llarg de cent lliuraments, Mètode ha tractat multitud de temes relacionats amb la ciència, la cultura i el naturalisme en el sentit ampli del terme. Ha experimentat una evolució ascendent, ha anat a més, ha guanyat densitat, volum, obertura. La imaginació temàtica hi és una constant.

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¡Silencio.... se graba!

El otro día invité a comer a un amigo muy versado en temas de las altas finanzas. Sabe un montón de todo eso, al margen de que sea o no periodista, que sí lo es. Mi huésped gastronómico, agradecido, me ofreció una suculenta ración de escándalos referidos a grandes corporaciones y empresas que operan impunemente en la bolsa española. Según este entendido, el Banco de Santander, por culpa de un asiento contable poco satisfactorio, decidió despedir salvajemente a casi 4.000 trabajadores (luego redujo sibilinamente su número) y además resolvió cerrar una cuarta parte sus oficinas en España. Mi amigo dice que ese sacrificio laboral se recompensa con subidas en su cotización. A los llamados mercados el juego sucio les mola. No les tembló el pulso; nosotros, por el contrario, sí tenemos miramientos a la hora de apiadarnos de los bancos para rescatarlos con dinero público.  

Antes de acabarse la cerveza, mi socio ya me había puesto al corriente de los trapicheos de OHL, una constructora implicada en numerosos asuntos turbios. Uno de los últimos, y ya van demasiados, los presuntos chanchullos bajo mano en la contratación de las obras de la Ciudad de la Justicia de Madrid, un proyecto presupuestado en más de 500 millones de euros de partida que luego se quedó en casi nada. Desde enero, las acciones de esa empresa en el parqué (¡vaya nombrecito!) han subido un 50 por ciento. A sus accionistas, al parecer, les encantan los sobornos generalizados y turbios que ahora investiga la Audiencia Nacional. 

Ambos nos ponemos manos a la obra. El arroz que preparamos no es muy ortodoxo que digamos, lleva de todo; no somos unos talibanes culinarios. Este periodista listo, que llega justo a final de mes, me cuenta de ACS y sus cohechos a gran escala para colaborar, por ejemplo, en la construcción de un lucrativo oleoducto en Irak junto a unos empresarios australianos. La globalización del pelotazo es un hecho. Esa multinacional española, que opera en medio mundo, ha subido también en lo que llevamos de año su valor bursátil en un 15 por ciento.

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Pedagogia del nacionalisme espanyol: la bresquilla

Per la meua experiència, les joves generacions –que no han estudiat la carrera d'Història- no saben que el nacionalisme espanyol és el més irracional, agressiu i essencialista (siguen de dretes, d'esquerres o talosses). Per aquest motiu molts han votat el PP, Ciudadanos o Vox embolicats en la roji-gualda per a salvar la pàtria davant el desafiament català. Per això potser els vindria bé llegir un dels llibres de Joan Fuster més irònics, sarcàstics i divertits: Contra Unamuno y los demás (edició en valencià Contra Unamuno i tots els altres). En aquest llibre Fuster desemmascara la font i la impostura en què es basa l'espanyolisme i els seus principals ideòlegs. Val la pena avui dia rellegir-lo, tant per l'encert del seu diagnòstic, com per l’excel·lent prosa i avaluació del tema, i per una sorna que deixa indignats els nacionalistes espanyols. Val a dir que Fuster –al contrari del que li atribueix la nostra derechona– sempre va manifestar ser antinacionalista i en molts assajos i aforismes va insistir en això (una altra qüestió és la seua reivindicació i defensa de l'autèntica història, cultura i llengua del País Valencià, sense essencialismes sinó com a projecte històric de convivència). La gran paradoxa és que el nacionalisme espanyol acuse les nacions històriques perifèriques de nacionalistes: davant la gran diferència d'històries, paisatges, gastronomies, climes, tradicions, cultures, llengües… que posseeixen i ofereixen les diferents nacions de la pell de brau respecte a Castella, la intel·lectualitat espanyola de les generacions del 1898 i del 1914 va fer una impostura historiogràfica delirant per a justificar que existeix una essència espanyola que comprén tota la pell de brau. I, per tant, no hi ha un altre remei perquè isca aquest gaspatxo que acudir a crear un nacionalisme essencialista. És a dir, calia dilucidar la preexistència d'un caràcter nacional, d'una introspecció i intrahistòria –sense cap base materialista i pletòrica de biaixos- que fonamentara una raça espanyola, una cosa nuclear i invariable en el temps, la seua naturalesa, la seua unió i el seu Ser permanent: “allò espanyol” (d'ací el seu irracionalisme perquè les nacions no són ens immutables sinó construccions dels humans al llarg de la història). Ells –gran paradoxa- diuen que el nacionalisme es lleva viatjant, i és viatjant quan un cau en el compte que, si comparem les característiques abans esmentades de les diferents nacions i regions d'aquesta pell de brau que anomenem Espanya, són molt diferents: què té a veure el País Valencià amb Euskadi, amb Galícia, amb Castella, etc.? Abans del llibre de Joan Fuster que he citat, el professor de Filosofia –que no filòsof- Julián Marías va donar amb la fórmula màgica per a explicar on estava l'essència de  l'‘españolía’ en el seu llibre del 1962 Los españoles:

“Yo diría que la estructura personal del español se parece a la de los melocotones. Es esta una fruta delicada que se corrompe fácilmente; pero tiene un grueso y duro hueso central, a prueba de todo, inquebrantable e incorruptible. El español puede corromperse, desmoralizarse, envilecerse, pero sabe que tiene siempre, como un hueso, un núcleo sano e intacto. Sabe que un día, cuando llegue la hora, echará mano de este último núcleo y se portará como un hombre, se jugará la vida limpiamente. En algunos países el hombre se corrompe hasta la raíz, y cuando lo ve así y lo encuentra irremediable, no lo puede soportar y se pega un tiro. En España no ocurre así, y a última hora cada uno se siente tranquilo y no desesperado, porque al llevarse la mano al pecho siente la dureza intacta de ese centro como una moneda de oro que siempre se puede gastar. Esto es admirable y me parece una de las grandes virtudes de esta vieja raza”. (Sí: posseeix l’espanyol una genètica pròpia).

Jo li he donat voltes a l'esperpèntica metàfora i no sé si pensar que Marías anticipava que sent nacionalista espanyol un se sap impune davant la corrupció… Joan Fuster no va vacil·lar: “Julián Marías és una colossal proposició al riure”. Marías va insistir en el seu essencialisme publicant en 1966 Consideración de Cataluña –que és per a ell només una regió- recolzat en la seua tesi de la continuïtat ininterrompuda de la Història d'Espanya. Allí percep com a lectures deformades de la història nacional la qüestió dels particularismes que no han deixat de fomentar interpretacions del passat divergents de la concepció unitària d'Espanya, sobretot a Catalunya. Fuster va afirmar: “Marías es va passejar per Catalunya sense assabentar-se de res (…) Ja van ben posats els seguidors carpetovetònics amb mentors així”. El llibre de Marías va rebre els elogis del ministre franquista Fernández de la Mora. En el fons Marías era un llepaciris pedant, arbitrari i sequaç que en la seua Historia de la Filosofia dedica tres línies a Marx i s'estén en nombroses pàgines amb el metafísic xarraire Zubiri o amb sants catòlics. Però a més va tindre la calma d'afirmar, entre altres fal·làcies, que: “se habla ahora de nacionalismo español, algo inexistente. El nacionalismo es exclusivista, negativo, hostil, reductor; la visión que los españoles han tenido de su país ha sido lo contrario”. I què, si no exclusivisme i hostilitat, ha sigut la Castella que amb Felip V i el Decret de Nova Planta de 1707 va abolir els furs i va prohibir les llengües no castellanes, etc. No obstant això, Marías sentencia que va haver-hi miopia també en els liberals espanyols per no van impoar ni impulsar més i més la llengua castellana per a vertebrar la realitat espanyola. Davant uns menyspreus i unes manipulacions imperials com aquestes, Joan Fuster, en el seu llibre Contra Unamuno y los demás ni tan sols cita ja Julián Marías. Naturalment, el País Valencià ni està ni se l’espera per als historiadors nacionalistes. No obstant això, després de Joan Fuster hi ha centenars de llibres d'historiadors seriosos que han investigat amb rigor, fonts primàries i documentació, des de moltes perspectives, la història estricta dels valencians, molt diferent, és clar, a la dels gallecs o bascos o castellans. Però l‘ou de la serp’ de l'agressiu i depredador nacionalisme espanyol està en els autors que Fuster critica en Contra Unamuno i los demás. Vox, Ciutadans i el PP beuen embriacs aquell vinagre encara.

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Pedagogía del nacionalismo español: el melocotón

Por mi experiencia, las jóvenes generaciones –que no han estudiado la carrera de Historia- no saben que el nacionalismo español es el más irracional, agresivo y  esencialista (sean de derechas, de izquierdas o zoquetes). De ahí que muchos hayan votado al PP, a Ciudadanos o a Vox envueltos en la rojigualda para salvar la patria ante el desafío catalán. Por ello quizás les vendría bien leer uno de los libros de Joan Fuster más irónicos, sarcásticos y divertidos: Contra Unamuno y los demás (edición en valenciano Contra Unamuno i tots els altres). En él Fuster desenmascara la fuente e impostura en que se basan el españolismo y sus principales ideólogos. Vale la pena hoy día releerlo, tanto por el acierto de su diagnóstico como por su excelente prosa y evaluación del tema, y por una sorna que deja indignados a los nacionalistas españoles. Valga decir que Fuster –al contrario de lo que le achaca nuestra derechona- siempre manifestó ser antinacionalista y en muchos ensayos y aforismos insistió en ello (otra cuestión es su reivindicación y defensa de la auténtica historia, cultura y lengua del País Valencià, sin esencialismos sino como proyecto histórico de convivencia). La gran paradoja es que el nacionalismo español acuse a las naciones históricas periféricas de nacionalistas: ante la gran diferencia de historias, paisajes, gastronomías, climas, tradiciones, culturas, lenguas… que poseen y ofrecen las diferentes naciones de la piel de toro con respecto a Castilla, la intelectualidad española de la generaciones de 1898 y de 1914 hizo una impostura historiográfica delirante para justificar que existe una esencia española que comprende toda la piel de toro. Y, por tanto, no hay otro remedio para que salga este gazpacho que acudir a crear un nacionalismo esencialista. Es decir, había que dilucidar la preexistencia de un carácter nacional, de una introspección e intrahistoria –sin base materialista alguna y pletórica de sesgos- que fundamentara una raza española, algo nuclear e invariable en el tiempo, su naturaleza, su unión y su Ser permanente: “lo español” (de ahí su irracionalismo pues las naciones no son entes inmutables sino construcciones de los humanos a lo largo de la historia). Ellos –gran paradoja- dicen que el nacionalismo se quita viajando, y es viajando cuando uno cae en la cuenta de que si comparamos  las antes citadas  características de  las distintas naciones y regiones de esta piel de toro que llamamos España, son muy diferentes: ¿qué tiene que ver el País Valencià con Euskadi, con Galicia, con Castilla, etc..?  Antes del libro de Joan Fuster que he citado, el profesor de Filosofía –que no filósofo- Julián Marías dio con la fórmula mágica para explicar dónde estaba la esencia de la ‘españolía’ en su libro de 1962 Los españoles:

“Yo diría que la estructura personal del español se parece a la de los melocotones. Es esta una fruta delicada que se corrompe fácilmente; pero tiene un grueso y duro hueso central, a prueba de todo, inquebrantable e incorruptible. El español puede corromperse, desmoralizarse, envilecerse, pero sabe que tiene siempre, como un hueso, un núcleo sano e intacto. Sabe que un día, cuando llegue la hora, echará mano de este último núcleo y se portará como un hombre, se jugará la vida limpiamente. En algunos países el hombre se corrompe hasta la raíz, y cuando lo ve así y lo encuentra irremediable, no lo puede soportar y se pega un tiro. En España no ocurre así, y a última hora cada uno se siente tranquilo y no desesperado, porque al llevarse la mano al pecho siente la dureza intacta de ese centro como una moneda de oro que siempre se puede gastar. Esto es admirable y me parece una de las grandes virtudes de esta vieja raza”. (Sí: posee el español una genética propia).

Yo le he dado vueltas a la esperpéntica metáfora y no sé si pensar que Marías anticipaba que siendo  nacionalista español uno se sabe impune ante la corrupción… Joan Fuster no le dio rodeos: “Julián Marías es una colosal proposición a la risa”. Marías insistió en su esencialismo publicando en 1966 Consideración de Cataluña –que es para él solo una región- asentado en su tesis de la continuidad ininterrumpida de la Historia de España. Allí percibe como lecturas deformadas de la historia nacional la cuestión de los particularismos que no han dejado de fomentar interpretaciones del pasado divergentes de la concepción unitaria de España, sobre todo en Cataluña. Fuster afirmó: “Marías se paseó por Cataluña sin enterarse de nada (…) Ya van arregladas las mesnadas carpetovetónicas con mentores así”. El libro de Marías recibió los elogios del ministro franquista Fernández de la Mora. En el fondo Marías era un meapilas pedante, arbitrario y secuaz que en su ‘Historia de la Filosofía’ dedica tres líneas a Marx y se extiende en numerosas páginas con el metafísico palabrero Zubiri o con santos católicos. Pero además tuvo el cuajo de afirmar, entre otras falacias, que: “se habla ahora de nacionalismo español, algo inexistente. El nacionalismo es exclusivista, negativo, hostil, reductor; la visión que los españoles han tenido de su país ha sido lo contrario”. ¿Y qué, sino exclusivismo y hostilidad, ha sido la Castilla que con Felipe V y el Decreto de Nueva Planta de 1707 abolió los fueros y prohibió las lenguas no castellanas, etc, etc..? Sin embargo, Marías sentencia que hubo miopía también en los liberales españoles por no haber  impulsado e impuesto más y más la lengua castellana para vertebrar la realidad española. Ante semejantes desprecios y  manipulaciones imperiales, Joan Fuster, en su libro Contra Unamuno y los demás ni cita ya a Julián Marías. Naturalmente, el País Valencià ni está ni se le espera para los historiadores nacionalistas. No obstante, tras Joan Fuster existen cientos de libros de historiadores serios que han investigado con rigor, fuentes primarias y documentación, desde muchas perspectivas, la historia estricta de los valencianos, muy diferente, claro, a la de los gallegos o vascos o castellanos. Pero el ‘huevo de la serpiente’ del agresivo y depredador nacionalismo español está en los autores que Fuster critica en Contra Unamuno y los demás. Vox, Ciudadanos y el PP beben embriagados ese vinagre todavía.

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Qualsevol temps passat fou distint

Un esport molt practicat per gent d’una certa edat -i no cal, per cert, que siguen persones decididament provectes- és afirmar que “abans”, “en la seua època”, “en el seu temps”, les coses eres millors, la gent més compromesa i combativa, més competent, més estudiosa, menys frívola.

És una constant. Ha passat tota la vida. I com a mínim, per a evitar el ridícul, s’hauria de saber... Ja entre els antics grecs hi havia gent gran que deien que els joves d’aleshores eren més inconscients i frívols, lleugers i insubstancials, que els de la seua època. És una tradició que es reprodueix sense parar-hi esment, per gent poc avisada i generalment per a satisfacció pròpia. Un gènere arquetípic de lament melangiós que podríem dir-ne el vituperi del temps present i la idealització del temps passat. És evident que en aquesta auto-celebració -personal o generacional- hi batega, sobretot, la nostàlgia d’un temps que ja no tornarà.

És dur acceptar la caducitat. Però també és reconfortant i molt positiu, aporta serenitat, perquè els autoenganys sempre fan mal.

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Ya no quedan refugiados

Refugiados llegando a Lesbos

Este lunes se ha cumplido un año desde la llegada del barco de rescate Aquarius al puerto de Valencia. En él había 634 personas a bordo rescatados de una muerte segura en el mar Mediterráneo. Tras su llegada, 371 de ellas presentaron una solicitud en España de protección internacional. Hoy precisamente se celebra el día Mundial de las personas refugiadas.

Desde ese momento tan simbólico hasta ahora parece que ya todo está solucionado. El foco informativo se ha desplazado hacia otros temas y esto es asumido por mucha gente como que el problema ya está resuelto o no es tan importante como lo era antes. Ya no hay guerra en Siria ni botes tratando de alcanzar Europa desde costas africanas. No llegaron 57.000 migrantes a España en 2018.

Según datos del ACNUR, a 30 de junio de 2017 ya había más de 70 millones de personas desplazadas de manera forzosa en el mundo. Esto supuso un aumento del 9% (1,9 millones de personas refugiadas y 4,6 millones de desplazadas internas) en el primer semestre de 2017 con respecto al año anterior.

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¿Derecho al olvido o a borrar la historia?

La normativa sobre protección de datos suele ejercer un efecto fatal sobre sus aplicadores. Verán, es una suerte de agujero negro del Derecho que ejerce una atracción inevitable sobre todo lo que lo rodea. Y a veces tenemos un problema serio cuando quien aplica la norma se sitúa justo más allá del horizonte de sucesos, cuando pierde toda perspectiva. En ese enfoque, el experto, sea un delegado de protección de datos, sea el regulador, o sea el opinador aplica dos reglas muy básicas:

1.-Si hay datos, y esos datos se han tratado: se aplica la normativa.

2.-No hay más normativa aplicable que el Reglamento General de Protección de Datos.

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