Ajuste duro para reconvertir Iberia en 'low cost'

Los sindicatos han anunciado seis jornadas de huelga en Iberia antes de las Navidades. EFE

¿Quiere IAG desmantelar Iberia en favor de British Airways? Esa es la pregunta que se formulan los trabajadores y muchos viajeros de Iberia, incluso algunos miembros del Gobierno. En la mayoría de los casos la contestación es afirmativa ante el severo plan de ajuste que la empresa ha presentado con la propuesta de extinción de contratos para el 25% de la plantilla. La medida ha provocado la convocatoria por los sindicatos de la aerolínea de un duro calendario de paros que afectará a la operación de salida de vacaciones de Navidad.

Pero, es posible responder de modo negativo a esta cuestión. Ese no es el objetivo. Al menos no lo será en los próximos meses. Lo que no quiere decir que su alternativa sea mejor para el futuro de la aerolínea de bandera ni para el negocio turístico español.

IAG no quiere fagocitar a Iberia, sino que persigue reducir drásticamente, antes del 31 de enero, los costes de operación de la aerolínea española utilizando a fondo los resortes que le facilita la reforma laboral del PP. En un plazo de 70 días, planea reconvertir al grupo en una oferta aérea de bajos costes. Precios baratos, con tripulaciones baratas, en un servicio barato, que exige aeropuertos baratos. Lo que al fin termina condicionando el componente de calidad y el precio del conjunto del negocio aeronáutico nacional, que tanta importancia tiene para una de las primeras industrias del país: el turismo.

IAG, con su plan de reconversión no eliminará Iberia, sino que, en primer lugar, busca minimizar su presencia en tráfico desde España hacia Europa y viceversa. Este protagonismo lo reserva a Vueling, compañía sobre la que ha tomado una posición accionarial dominante. La 'low cost' catalana se transforma en una pieza clave de su estrategia y adquiere una dimensión de transportista continental, para dar la réplica a los líderes de la aviación de bajo coste, Ryanair e EasyJet.

Los vuelos domésticos serán operados por Iberia Express, la controvertida filial para el tráfico de corto radio que, con tripulaciones baratas contratadas al margen de la plantilla de la matriz, comenzó a volar en marzo pasado.

El único espacio que se reserva para la marca tradicional de Iberia se limita a una actividad recortada y con incierto futuro entre los aeropuertos de Latinoamérica y Madrid. Con vuelos económicos, su componente fundamental será étnico (a base de emigrantes en ambos sentidos) y turístico. Y esta última operación es la que, a la larga, beneficiará a British Airways, al dejar la oferta para viajeros de negocios de Iberia reducida a la mínima expresión

Estrategia lanzada

El plan de reconversión de Iberia ya está lanzado. Y su objetivo no es otro que el que la dirección de la empresa apunta de manera oficial: bajar drásticamente los costes de operación de la aerolínea española. Para ello ha planteado a la autoridad laboral un ERE con 4.500 despidos con una indemnización del mínimo legal, a 20 días con una anualidad como máximo. Igualmente persigue el descuelgue posterior de los convenios colectivos en vigor para conseguir una rebaja salarial de entre el 25 y el 35% para los 15.000 trabajadores que se mantengan.

¿Quiere esto decir que IAG no contempla entre sus planes la desaparición de la marca Iberia en beneficio de British Airways, tal como aseguraron ayer los sindicatos con representación en la compañía al anunciar la convocatoria de seis días de huelga en fechas próximas a la operación de salida de vacaciones de Navidad?

La toma de posiciones del holding hispano británico propietario de Iberia y British en el accionariado de Vueling y el empeño por mantener con vida la operación de la low cost Iberia Express, tras el laudo fallido con los pilotos, desmienten la tesis del total desmantelamiento de la marca de la aerolínea de bandera.

IAG y su consejero delegado, Willie Walsh, han diseñado para los próximos 70 días una estrategia muy precisa, cuyo principal fin es proceder a una drástica reestructuración del esquema de negocio de Iberia al menor precio posible, con el componente principal de la reducción de costes. Su diseño denota un perfecto conocimiento de la atormentada reciente historia de los conflictos en los aeropuertos españoles.

El plan de restructuración ha sido planteado desde el primer momento con total crudeza. No se trata de una propuesta de máximos que después irá matizándose o mejorándose a medida que avancen unas negociaciones en las que ninguna de las partes cree. Se ha hecho a sabiendas de que el plan cuenta con el rechazo de todos y cada uno de los colectivos laborales y que el proceso provocará, como así ha ocurrido, la convocatoria de un calendario tupido de paros que provocará una fuerte distorsión en plena campaña de desplazamientos de Navidad.

Como en anteriores conflictos en los aeropuertos, y seguramente como consecuencia del mal recuerdo que todos ellos han dejado en la conciencia de los vapuleados viajeros nacionales, será fácil convertir a los huelguistas en los malos de esta película. Los portavoces de la compañía, las patronales del sector turístico, e incluso la ministra de Fomento ya se han encargado de recordar, aun antes de que se oficialice la protesta, que el país no está para huelgas y que la campaña navideña se resentirá ante la convocatoria. El caos aeroportuario en Navidad hará el resto.

El final de la historia está escrito. El día 31 de enero la tramitación del ERE quedará visto para sentencia y como el acuerdo entre las partes se habrá demostrado inviable, 4.500 trabajadores de Iberia pasarán a engrosar las filas del paro con la indemnización más raquítica posible. Posteriormente llegará la rebaja salarial para una plantilla diezmada y traumatizada. IAG se habrá ahorrado más de 20 millones de euros en la reestructuración.

La historia de los controladores y de los pilotos volverá a repetirse una vez más, ahora teniendo como protagonistas al conjunto de la plantilla de la compañía de bandera. En esta partida de póker las cartas están marcadas y parece que ninguno de los jugadores (trabajadores, viajeros, AENA, incluso el Gobierno), se puede apartar del destino que el guión le ha asignado de antemano. Aunque solo uno, en este caso el consejero delegado de IAG, tiene posibilidades de salir ganando.

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