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Sobre este blog

Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las 'preferentes vascas' y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter. En este blog publica una columna de opinión los sábados.

Anasagasti, el fútbol megalodón y otras cosas del montón

Iñaki Anasagasti

Arranca la Liga sin Cristiano Ronaldo, con el VAR y el nacimiento del Tomás Roncero del fútbol vasco: Iñaki Anasagasti. Sí, el exsenador del PNV, político jubilado y reconvertido ahora en tertuliano polemista, ha sido el protagonista de la trifulca insustancial -o quizás no tanto- de la semana en El Oasis Vasco.

Todo empezó con un post de Anasagasti en su blog en el que, dolido porque Mikel Oyarzabal no había querido fichar por el Athletic de Bilbao, tildaba de mercenario al jugador de la Real Sociedad: “Si un día le llama el Real Madrizzz y los ñoñostiarras dejarán caer su baba madridista. Un mercenario menos”. Con su habitual uso heterodoxo de la gramática española, este expolítico abertzale con escasa motivación para conjugar el nor-nori-nork criticaba la decisión de Oyarzabal y censuraba una posible carrera madridista del jugador de la Real, cuando precisamente la carrera política de Anasagasti se ha nutrido de la existencia de una ciudad llamada Madrid y de los siempre agradecidos Presupuestos Generales del Estado.

A los comentarios forofos de Anasagasti -luego los políticos piden calma a las aficiones- respondió el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia (también del PNV), acusando al exsenador de dejarse llevar por la “rabia y el rencor” y alabando la decisión de Oyarzabal de no aceptar la “oferta millonaria mareante” del Athletic. Como decía el otro día en Twitter, estos del PNV que se meten con el Athletic no saben lo que hacen. Por menos echaron al único lehendakari no soso de la historia de Euskadi. En todo caso, ¿los políticos no tienen otras cosa mejor que hacer que zurrarse en público por el fútbol?

Esta polemiquilla veraniega no debiera salir de la pura anécdota, más si cabe, como recordaba Ander Izagirre, cuando la pluma de Anasagasti ha dejado relatos surrealistas de terror como el del día que fue a ver ‘El Lobo de Wall Street’ y salió escandalizado, cual crítico cinematográfico de L’Osservatore Romano, porque en la película no se drogan con txikitos y se fornica mucho: “Allí ponía ‘No recomendada a menores de 16 años’. No sé quién hace estas valoraciones pero debe de ser alguien vinculado con el negocio de la droga o esto no se entiende. Pésima película para adolescentes y la juventud. Asquerosa”. Glorioso.

Pero las palabras de Anasagasti llegan en un verano en el que se está hablando con profusión sobre el fútbol megalodón, el llamado fútbol moderno en el que clubes multimillonarios arrasan con las canteras de otros equipos menos multimillonarios. Ese fútbol del negocio por delante del deporte. El de los Florentinos y jeques. Un debate que en Euskadi ha tenido su aquel tras la salida al Chelsea del portero del Athletic Kepa Arrizabalaga. Pero es difícil de comprender que haya quien se indigne de la marcha de Kepa al Chelsea por una millonada y se indigne también de que Oyarzábal no quiera fichar por el Athletic por una millonada. Y la respuesta que me daban el otro día en las redes sociales es contundente: el fútbol profesional es cuestión de pasta. Y esto no va por un club en concreto -no pretendo ni mucho menos apuntarme al antibilbainismo provinciano tan de moda- sino por todos los que juegan en la liga de fútbol.

Porque, efectivamente, todo el fútbol profesional es pasta. Creemos que nuestro club favorito guarda las esencias ancestrales del fútbol, que es diferente a los demás, que no se mueve por dinero sino por sentimientos, pero los clubes, cada uno en la medida de sus posibilidades, son megalodones. Algunos se pueden permitir comer orcas marinas y otros se tienen que conformar con pezqueñines no gracias, hay que dejarlos crecer. Pero todos son depredadores. Y es verdad que la liga de fútbol está amañada a favor de los grandes por el reparto desequilibrado de los derechos audiovisuales, pero la contribución a este espíritu mercantilista del fútbol moderno es generalizada.

Un fútbol moderno que no sería posible sin la visión complaciente de los aficionados que disculpamos con bulas papales las tropelías de nuestros equipos mientras mandamos a la hoguera a nuestros adversarios por hacer exactamente lo mismo. Por poner un ejemplo, la indignación con los políticos corruptos se toma una tregua cuando esa corrupción va dirigida a mejorar las expectativas de nuestros clubes en el fútbol megalodón: favores fiscales, ayudas económicas consideradas irregulares por los tribunales de cuentas, campos de fútbol nuevos o reformados a gusto del consumidor, etcétera. De esto tenemos mucho en Euskadi y da igual al club al que se mire.

En fin, empieza la Liga y es lo que hay. Y, pese a todos los alegatos contra el fútbol moderno, el fútbol sigue siendo fútbol y volveremos a vibrar con nuestros equipos. Afortunadamente, eso todavía no se lo han cargado. Suerte para todos.

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Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las 'preferentes vascas' y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter. En este blog publica una columna de opinión los sábados.

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Publicado el
17 de agosto de 2018 - 17:43 h

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